Wednesday, June 15, 2016

Firmas

Un amigo me ha dado la idea de hacer un post con las firmas que he ido encontrado durante la investigación genealógica familiar. La idea me ha gustado porque entre libros sacramentales, padrones y demás documentos variopintos que consulta el investigador en fríos archivos de todo tipo, las firmas son posiblemente de los pocos recuerdos vivos que podemos encontrar de alguien que hace mucho que se ha ido.

Francisco de Verdes Montenegro, Corregidor de la Puebla de Sanabria
n. en San Juan de Sistallo el 05.02.1656 (8º abuelo)

Juan Diego Verdes Montenegro y Castro, Caballero del Hábito de Santiago,
del Consejo de S.M. y Contador Principal del Reino de Valencia
n. en San Juan de Sistallo en diciembre 1690 (7º abuelo)

Fernando Verdes Montenegro y Castro, Caballero del Hábito de Calatrava,
del Consejo de S.M. en el de Indias y su Ministro en el de Hacienda
n. en San Juan de Sistallo en abril 1682 (7º tío abuelo)

Friday, June 10, 2016

"La Reina": una polka-mazurka para piano




Fructuoso José Morelli nació en Madrid el 21 de enero de 1843, en la calle de San Vicente Ferrer, actual barrio de Malasaña.

En junio de 1863, con 20 años, ganó un segundo premio como interprete de trompa en los concursos convocados por el Conservatorio  Nacional de Música y Declamación de Madrid.

En marzo del año siguiente participó en la primera interpretación pública de una obra de Wagner en España: la Marcha de la ópera Tannhäuser (Acto II, escena IV. Freudig begrüßen wir die edle Halle). Fue como integrante de una orquesta formada por músicos procedentes del Teatro Real, el Teatro de la Zarzuela y el Real Conservatorio y dirigida por el propio Francisco Asenjo Barbieri dentro de una serie de conciertos organizados por la Sociedad de Socorros Mutuos. La histórica representación tuvo lugar  en el salón grande del Conservatorio de Música y Declamación de Madrid en el Teatro Real.

Sunday, May 29, 2016

El fundador

En San Xoán de Sistallo, obispado de Mondoñedo, a 2 de junio de 1710,
"In Dei Nomine amen. Sepan cuantos esta escritura de testamento vieren como, yo, Don Francisco Verdes Montenegro, vecino del Coto de San Pelayo dos Redos, feligresía de San Juan de Sistallo, Dueño de la Casa do Pazio, solar del apellido de Verdes, hijo legítimo de Don Bartolomé de Verdes y de Juana Montenegro, Señores que fueron de dicha Casa do Pazio, estando de partida a ejercer el oficio de Corregidor de la Villa de la Puebla de Sanabria fuera deste Reyno de Galicia, temiendo me llegue la Muerte […] dispongo que mi cuerpo sea enterrado en la Iglesia Parroquial deste dicho Lugar de San Juan de Sistallo en la sepultura que tengo en la capilla mayor della propia de mi Casa y sus descendientes".
Como administrador regio de la Puebla de Sanabria, en Zamora, Francisco Verdes Montenegro gozaría de amplios poderes en materia civil y judicial en la villa y en todos los pueblos de su territorio, desde presidir los ayuntamientos y asegurar el buen estado de las obras públicas hasta supervisar la hacienda local y administrar la justicia real. Un cargo sin duda apetecible en tiempos de paz, pero que entrañaba riesgos considerables en tiempos de guerra como aquellos. A mediados del año de 1710, cuando aceptó el nombramiento real, a propuesta del Conde-Duque de Benavente, en cuyos territorios se encontraba la Puebla de Sanabria, la Guerra de Sucesión entre los partidarios de Felipe V y los austracistas partidarios del Archiduque Carlos de Habsburgo llegaba al que muchos consideran un año decisivo. Mientras las tropas del Archiduque hacían importantes avances en Aragón y Madrid, sus aliados portugueses dirigían con codicia su mirada a plazas como la Puebla de Sanabria, próximas a la frontera con Portugal.

La Puebla de Sanabria, Zamora
Don Francisco Verdes Montenegro era consciente de todo esto cuando supo que se le propondría para el cargo de Corregidor en la primavera del año 1710. A sus 54 años, viudo desde hacía 10 y siendo hidalgo de sangre notorio, con rentas y casa solar de su apellido en las localidades de San Juan de Sistallo y Santa María de Villapene, en Lugo, la idea de terminar tranquilamente sus días como líder de su comunidad, disfrutando de una envidiable posición social y lejos de los escenarios principales de la guerra debía ser tentadora. ¿Por qué acepto el cargo?

Don Francisco fue, junto con sus cinco hermanos, el primero en llevar el apellido Verdes Montenegro en la forma compuesta que luego se transmitió entre sus descendientes. Nació el 5 de febrero de 1656 en la feligresía de San Juan de Sistallo, en el actual municipio de Cospeito, Lugo. Su madre, Juana, fue hija del Capitán de Infantería Juan de Sanjurjo Montenegro, "hijosdalgo de sangre notorio con solar de su casa", natural de San Jorge de Rioaveso. Su padre, Bartolomé de Verdes, hidalgo de Villapene, le precedió como Señor de la Casa Do Pazio o Dopacio.

Saturday, May 21, 2016

Los Verdes Montenegro


El relato de hoy no es sobre una persona, sino sobre un linaje; concretamente sobre el linaje que ha inspirado este blog familiar: los Verdes Montenegro.

Los Verdes Montenegro tienen su solar original en las localidades de Santa María de Villapene y San Juan de Sistallo, en el actual municipio de Cospeito, Lugo. Es una comarca que hoy en día se conoce como Terra Cha, o Tierra Llana, y que es parte de una región, Terra do Miño, declarada por la Unesco como Reserva de la Biosfera. El doble apellido Verdes Montenegro se originó tras el enlace en 1643 de Bartolomé de Verdes, natural de Santa María de Villapene, y Juana de Sanjurjo Montenegro, nacida en el lugar de Villamartín, feligresía de San Jorge de Rioaveso. Juana era hija natural del Capitán de Infantería Juan de Sanjurjo Montenegro y de Antonia de Lastras, solteros, y descendía de María Vélez de Guevara, hija de los Condes de Oñate. Tanto los Verdes como los Sanjurjo Montenegro eran hidalgos de sangre notorios: hijos y nietos de hidalgos con casa solar de su apellido, reconocidos como tales en los padrones judiciales, poseedores de escudo de armas que exhibían en sus casas, con derecho a ser enterrados dentro de la iglesia y exentos del pago de pechos e impuestos.

Los expedientes de nobleza para ingresar en las órdenes de Santiago y Calatrava de algunos de los descendientes de esta pareja, consultados en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, proporcionan valiosa información -aunque de ardua lectura- para reconstruir la genealogía y circunstancias originales de este linaje en el siglo XVII. Esa información está basada en testimonios de testigos recabada directamente en la zona entre los años 1717 y 1745 por los Informantes juramentados del Consejo de Órdenes, quienes además, por orden regia, tenían poder para solicitar acceso a libros sacramentales, testamentos y padrones, de todo lo cual dan meticulosa cuenta por escrito con el celo propio de un documentalista moderno.


Wednesday, May 11, 2016

El que parte y reparte


Si de algo era consciente Doña Jesualda Sanz de la Llosa, Señora de los lugares de Señera, Benemejís y Ayacor en Xàtiva, era de la antigüedad de su linaje. También de lo efímero que es el poder en un mundo en el que la voluntad de los reyes y las guerras que libran entre ellos pueden decidir el auge o la caída de un Señor y de su Casa.

Los Sanz de Xàtiva eran lo que en época de Jesualda se conocía como “caballeros de la Conquista”, grupo al que pertenecían también otras familias de la nobleza original del Reino de Valencia, como los Ferrer y los Escrivá, y al que sin embargo no pertenecían los Borja, cuyo ascenso social se produjo mucho después de que Don Jaime I, rey de Aragón tomara en 1238 y 1244 las ciudades de Valencia y Xàtiva de manos de sus últimos soberanos musulmanes. Jesualda, descendía de Pierres o Pedro Sanz, caballero del Rey Don Jaime, cuyo hermano Jaques estaba entre los Jueces Repartidores encargados de distribuir las casas y propiedades de la ciudad y el término de Xàtiva entre todos aquellos que habían participado en la cruzada. El cronista Martín de Viciana, en su célebre obra Crónica de la Ínclita y coronada ciudad de Valencia y de su reino, publicada en 1564, cien años antes de que naciera Jesualda, así lo decía:
“el Rey nombrò partidores de los heredamientos de Xativa entre los Cavalleros, y otros nuevos pobladores a Iaques Sans, y otros dos Cavalleros, segun parece por el libro del dicho repartimiento hecho entonces, el qual hasta hoy està guardado en el Archivo de Xativa. Otrosi, Berenguer Sans, y Pierres Sans, fueron en la pressa de Xativa, y a mi cargo, que el dicho Iaques, ni los otros de su Familia de aquella hecha, no fueron mal heredados, porque hasta hoy vemos, que los Cavalleros del Apellido de Sans en Xativa possehen todo lo bueno, y mejor della.”
Entre las baronías donadas a Pedro Sanz en 1244 por el rey Don Jaime se encontraba el lloc de Señera, que pasó a ser casa y solar ancestral de los Sanz de Xátiva.  Un siglo después, en 1358, un descendiente suyo, Don Pedro Sanz, Caballero, aparece también, en un documento que se conserva en el archivo de la Corona de Aragón, como titular de otros señoríos, concretamente de los llocs de Genovés, Lo Boy (Alboy), Torrella y Benemixis (Benemejís), además de Senyera (Señera).

En los dos siglos siguientes, este patrimonio se fue dispersando entre las varias ramas de los Sanz, que se habían diferenciado entre sí integrando en el nombre familiar común el de sus respectivos señoríos. Aparecen así los Sanz de Señera, los Sanz de la Llosa, los Sanz de Alboy, los Sanz de Benemejís, los Sanz de Vallés y los Sanz de Sorio; linajes de los que habló Viciana en 1564 en la obra citada y entre los cuales se había tejido una tupida red de alianzas matrimoniales. En ese período, los siglos XIV y XV, la dispersión del patrimonio vino acompañada para los Sanz de la pérdida de influencia política en la ciudad de Xàtiva, que en cambio presenció el ascenso imparable de los Borja. Así, a diferencia de otros miembros de la nobleza original de Xàtiva, los Sanz no tuvieron una presencia significativa en la conquista de Nápoles por Alfonso “El Magnánimo” entre 1434 y 1443, y el rey Fernando el Católico tuvo que dictar un Privilegio en julio de 1513 “rehabilitando” en cierta forma su condición de nobles. El Rey decretó que los caballeros de esta familia eran “nobles y de antigua nobleza por continua posesión” por haber participado en las conquistas de Valencia y de Mallorca. Asimismo, les ratificaba las armas que llevaban en su escudo: en la cabeza, cuatro palos de Gules sobre campo de oro, y en el pie un ala de Gules sobre campo de plata.

Escudo de armas de los descendientes
de Jaques y Perres Sanz

Sunday, March 20, 2016

El linaje femenino

Hoy quiero postear un relato de otro tipo; uno que no exige mucha narrativa, pues se cuenta por sí mismo. El relato se refiere al linaje matrilineal de la familia; es decir, la línea que comprende solamente a las madres y sus hijas.

Distribución del haplogrupo H3 en Europa. Fuente: Eupedia.
Desde el punto de vista de los estudios genéticos, la característica principal de un linaje matrilineal es que todas las mujeres de ese linaje comparten a lo largo de muchas generaciones un único ADN mitocondrial. En el caso de mi linaje materno, ese ADN viene caracterizado por el haplotipo o marcador genético mt-DNA H3. Lo sé porque mi ADN ha sido analizado como parte del proyecto Genographic, y aunque los varones no transmitimos el ADN mitocondrial, somos portadores del de nuestras madres. El haplotipo H3 se cree que pudo estar presente en las mujeres que habitaron el refugio climático Franco-Cantábrico durante la última glaciación, que terminó hace unos doce mil años. Esto no sólo explicaría su patrón de distribución en Europa occidental, a dónde se expandiría finalizado el período glaciar, sino su concentración relativamente elevada en zonas como el País Vasco. Se da la circunstancia de que en muestras de ADN del neolítico, de hace entre 4.000 y 5.000 años, el ADN masculino (el haplotipo del cromosoma Y) tiende a ser el R1B de los invasores indoeuropeos mientras que el femenino es persistentemente el H (sobre todo H1 y H3), lo cual sugiere que los invasores desplazaron genéticamente a los varones autóctonos pre-indoeuropeos tras mezclarse con sus mujeres.

Si cambiamos de perspectiva temporal y en lugar de hablar de miles de años nos concentrarnos en una cadena de unas pocas generaciones de madres e hijas relativamente próximas a nosotros, identificadas con nombres, fechas y lugares de nacimiento, entramos en el terreno de la genealogía tradicional. En otras palabras, podemos intentar hacer "un zoom" del linaje matrilineal extendido que típicamente analizan los genetistas a lo largo de miles de años para concentrarnos solo en el segmento final de ese linaje y construir un "árbol genealógico" de una sola rama; una rama femenina que comparte ADN mitocondrial. Desde este punto de vista, a través de la investigación genealógica (partidas de bautismo y matrimonio, principalmente) he trazado mi linaje matrilineal ascendente (y el de mis hermanos y primos que son hijos de hermanas de mi madre) hasta nueve generaciones atrás, con el resultado que muestro gráficamente abajo. La primera mujer con nombre y apellidos verificados que portó en mi familia el haplotipo mitocondrial H3 asociado a ese linaje nació en Lucena, Córdoba hacia el año 1700 y se llamaba Beatriz.

Friday, March 18, 2016

Wagner llega a Madrid

Calle de San Vicente Ferrer, Madrid
Era madrileño, nacido en la calle de San Vicente Alta (hoy San Vicente Ferrer) y bautizado el 23 de enero de 1843 en la madrileña iglesia de San Ildefonso. Pero su apellido delataba su sangre italiana. Su abuelo, Vincenzo Morelli, había venido de Roma hacia 1785 y se había casado con una madrileña llamada Rafaela Abad.

Quizás por eso el joven Fructuoso José Morelli, al que todos llamaban simplemente José, se sintió atraído por la música y no adoptó el oficio de encuadernador de su padre Manuel. De hecho, apenas le conoció, pues se enroló en el ejército y desapareció de la vida de su hijo cuando éste era aún un niño de muy corta edad. Su madre también le abandonó pronto para fundar un nuevo hogar lejos de Madrid, en San Roque, Cádiz, donde se casó con un Sargento de Carabineros y murió, aun joven, de sobreparto.

Sentó plaza en el ejército, con solo 13 años, y allí pasó su primera juventud hasta que, con 21 años, en julio de 1864, se dio de baja del Batallón Provincial nº 43 de Madrid, acuartelado en el convento de San Francisco. Curiosamente, y este es uno de los muchos enigmas con que nos encontramos al tratar de reconstruir su biografía, en junio del año anterior aparece entre los alumnos premiados del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid, y en marzo de 1864, antes de producirse su baja del ejército, entre los alumnos de ese mismo conservatorio que, junto con músicos de las orquestas del Teatro de la Zarzuela y el Teatro Real, interpretarían, por primera vez, la música de Wagner en Madrid. ¿Cómo podía estar a la vez el joven Morelli enrolado en el ejército y estudiando música en el Conservatorio? ¿Quién pagaba sus estudios? No lo sabemos.

El estreno de Wagner en Madrid tuvo lugar bajo la dirección del gran maestro Francisco Asenjo Barbieri y, para hacernos una idea de la relevancia de este evento, recordemos que en esa época prácticamente la única forma de disfrutar de la música era presencialmente y, por tanto, los asistentes que llenarion el salón grande del Conservatorio de Música en el Teatro Real aquel 13 de marzo de 1864 fueron los primeros madrileños en escuchar, seguramente boquiabiertos, los acordes de la Marcha Freudig begrüßen wir die edle Halle del Acto II de Tannhäuser ejecutados por, entre otros, un joven trompa de 21 años llamado Fructuoso José Morelli. 


El Teatro Real de Madrid, sede del Conservatorio en 1864

El sargento Ángel Rodríguez


Sobre con la hoja de servicio del Sgto. Rodríguez
Acudí puntualmente a la cita en el Cuartel de Intxaurrondo en Donostia. Tras identificarme en la garita de entrada, un vehículo de la Guardia Civil conducido por un joven y amable guardia con acento gallego se acercó a recogerme. El guardia, que no se separaría de mi lado durante mi visita a las instalaciones, me condujo a lo largo de pasillos, salas y puestos de control hasta llegar al sitio indicado. Allí me esperaban un grupo de guardias civiles que al vernos entrar se pusieron de pie y comentaron entre sí "éste es el hombre". Una vez les hube mostrado mi identificación, uno de ellos se adelantó y de un modo casi solemne me hizo entrega de un sobre estampado con el sello confidencial. "Este es el expediente del Sargento D. Ángel Rodríguez", me dijo. Me estremecí ligeramente. Muchos años después de que la memoria del sargento se desvaneciese con la última persona que le conoció, yo, un descendiente suyo le recibía de vuelta a la vida al coger ese sobre que me entregaban hombres del Cuerpo al que perteneció.

Santa Cruz de las Ermitas
Ángel era gallego, como el guardia que me escoltó durante mi visita al cuartel de Intxaurrondo. Nació a principios de marzo de 1834 en el bonito pueblo de Santa Cruz de las Ermitas, en Orense, durante una madrugada que seguramente sería fría y lluviosa. Su madre, Sabina, tuvo un parto difícil. El padre, Manuel, temiendo por la vida del niño, le administró el bautismo de socorro y le dio el nombre del ángel de la Guarda, a quien nombró su abogado. Ángel sobrevivió, creció y se hizo labrador como su padre y sus abuelos.

Primera fotografía tomada a un guardia civil,
en Reinosa, Santander, hacia 1857.

Sin embargo, el chico parecía estar animado por ese impulso que, incluso antes de que la migración a la ciudad se convirtiese en un fenómeno generalizado, llevó de siempre a algunos jóvenes -los más aventureros, los más díscolos o los más ambiciosos- a abandonar la aldea de sus padres.

Con 20 años deja el pueblo para ingresar como quinto en el ejército. Estuvo un año destinado en Cantabria, pero en septiembre de 1855 decide incorporarse a la Guardia Civil, cuerpo que había sido creado por el Duque de Ahumada apenas 11 años antes. En su hoja de servicios se le describe como un joven de pelo y ojos negros, tez morena, nariz y estatura regular. Su primer destino fue Badajoz, pero en abril de 1862, con 28 años, sería enviado al puesto de Villanueva de la Vera, en Cáceres, donde conoce a una joven del lugar, Gregoria Sánchez, 5 años menor que él, con la que es autorizado a casarse dos años después.

Saturday, March 12, 2016

Arrancados del altar

En octubre de 1730, ante el altar mayor de la iglesia del hoy desaparecido Convento de la Puridad de Valencia, se consumaba una alianza de riqueza y poder. El novio era Don Juan Diego Verdes Montenegro y Castro Basanta, de 41 años, caballero de la Orden de Santiago, miembro del Consejo de Su Majestad en el Tribunal de la Contaduría Mayor y Contador Principal del Reino y del ejercito de Valencia. Era hijo de Francisco Verdes Montenegro, Señor de Sistallo, y hermano de Fernando Verdes Montenegro, que había sido ministro de Hacienda del Rey Felipe V y era en ese momento miembro del Consejo de Indias. Don Juan Diego pertenecía, por tanto, a una hidalga familia gallega que comenzaba a forjar una dinastía política en la España de la época.

La novia, la joven Mariana de Tárrega y Sanz de la Llosa, de apenas 21 años, era, por parte de su abuela, Jesualda Sanz de la Llosa Sanz de Alboy y Sanz de Señera, la heredera de los señoríos de Benemejís y Señera en Xàtiva, que habían sido poseídos por los Sanz desde los tiempos de la reconquista de Valencia por el rey Don Jaime. Por parte de madre, Doña Mariana era nieta de Fausta de Malferit y de Jacinto Roca y Ferrer, marqueses de Malferit, uno de los principales títulos de la nobleza valenciana.

Antiguo emplazamiento del Convento de la Puridad en Valencia
De la importancia de la ceremonia matrimonial daría fe el rango de los asistentes. Fue presidida por el Doctor en Derecho Don Pedro Antonio de Arenaza y Garate, Oidor de Causas Pías y Matrimoniales, enviado especial del Ilustrísimo Arzobispo de Valencia, y actuaron como testigos tres miembros de la nobleza titulada de origen valenciano: Don Giner de Perellos, Marqués de Dos Aguas, Don Manuel Ferrer, Caballero del hábito de Santiago y Marqués de Sot, pariente de la novia, y Don Nicolas Castellví, Barón de Bicorp y Conde de Castellá.

Palacio de los Escrivá, adquirido por los Verdes Montenegro
Durante los siguientes 30 años todo parecía favorable a la perpetuación y engrandecimiento de esta poderosa alianza. En 1735 nacía el único hijo varón de Juan Diego y Mariana que sobreviviría a la infancia, y al que bautizaron en la iglesia de San Esteban con los nombres de Francisco de Paula Vicent Jochim Manuel Juseph Esteve Luys. Francisco de Paula recibió la preparación que correspondía al heredero de tan principal pareja. Así, en 1745, antes de cumplir los 10 años, probó nobleza para ingresar en la Orden de Santiago, como lo había hecho años atrás su padre.

Por su parte, Don Juan Diego, con una clara visión dinástica, no sólo emprendió vastas reformas en un palacio gótico próximo a la iglesia de San Esteban, adquirido a la familia Escrivá, sino que, tras convertirse en principal patrono y benefactor del Convento de San José, hizo de la capilla de Santa Teresa su panteón y el de sus descendientes. En dicha capilla, según las crónicas, “se construyó una nueva cubierta de cúpula de media naranja con lunetos y se instaló un zócalo de azulejos con el blasón de los Verdes-Montenegro”. El plan pareció alcanzar su clímax en 1762, cuando el Rey D. Carlos III concedió a Mariana el título de marquesa de Benemejís por los grandes servicios pecuniarios prestados al Estado. Se cimentaban así las bases de la dinastía.


Friday, March 11, 2016

Bernard y Juana

Iglesia de San Michel de Cazavet

En el mes de febrero del año 1726, tuvo lugar una peculiar doble ceremonia matrimonial en la pequeña iglesia de San Michel de Cazavet, situada en el extremo oriental de la Gascuña francesa, cerca de los Pirineos. Los hermanos Arnaud y Marie Antras desposaron a los hermanos Marie y André Bourdieu. Ambas parejas pronto tendrían descendencia. De Arnaud y Marie nacieron Martin, Pierre, Marguerite, André y, cuando Marie era ya una mujer de 42 años, el pequeño Bernard, que vino al mundo el 28 de enero de 1743 y fue bautizado ese mismo día.

A diferencia de sus primos, que, como todas las generaciones que les precedieron, se casaron, tuvieron hijos y murieron en Cazavet, los hijos de Arnaud y Marie abandonan pronto el pueblo y se pierde su rastro en los registros eclesiásticos. De todos menos del pequeño Bernard, de quien sabemos que en diciembre de 1784, siendo ya un hombre de 41 años, contrajo matrimonio en la localidad española de Lucena, Córdoba con una chica del lugar, Juana María Moreno.

Puente romano y ciudad de Córdoba
No sabemos por dónde anduvo Bernard durante los años trascurridos desde que dejó su pequeño rincón de los Pirineos franceses hasta llegar a Lucena. Lo cierto es que parece haber echado raíces en su nueva tierra. En 1786 tiene un hijo con Juana María, al que bautizaron como Gregorio, que pasados los años también contraería matrimonio con una chica del lugar, Josefa Lozano, hija de un oficial del regimiento de los Dragones de Lusitania. La nieta de ambos, María Emilia Araceli Magdalena Hidalgo y Antrás, nacida en la luminosa ciudad de Córdoba en 1843, se casó con el madrileño José Morelli, mi tatarabuelo, y murió en Madrid a las 7 de la tarde del 30 de agosto de 1897 en el Hospital de la Princesa.

Y así termina el viaje emprendido por el valiente Bernard Antras cuando decidió dejar la pequeña y remota localidad de Cazavet. O a lo mejor no ha terminado, sino que continúa aquí, esta noche, en mi casa de Donostia, mientras escribo esta historia.