Monday, April 22, 2019

La fundadora


Un aciago día de julio del año 1561, el cruel cabecilla de una banda de conquistadores españoles declarados en rebeldía frente al Rey ordenó que se atara a doña Ana de Rojas al rollo de la plaza mayor de la ciudad de La Asunción en la isla Margarita, en las Indias, y se le diera muerte delante de todos.

El cabecilla pasó a la historia con el nombre de "el Tirano" Aguirre, un asesino de rasgos psicópatas nacido en Gipuzkoa, quien, tras dar muerte a su jefe Pedro de Ursúa durante la fallida búsqueda de la mítica ciudad de El Dorado, inició una huida hacia ninguna parte en la que dejó un siniestro rastro de muerte y destrucción. A su furia no escapó la Margarita, donde durante cuarenta interminables días sometió a la desguarnecida y próspera población de indios y colonos españoles a todo tipo de vejaciones.

Pedro de Ursúa
Doña Ana de Rojas era una dama principal de la isla. Se cree que pudo haber nacido hacia el año 1515 en Santo Domingo, a donde habría llegado su padre, procedente de España, acompañando al almirante Cristóbal Colón. Era aún muy joven cuando fue llevada a la isla de Cubagua por sus parientes masculinos, movidos por la ambición de hacerse con la explotación de los ricos ostrales perlíferos, y quienes de paso se entregaron a la quimérica misión de intentar levantar allí, en medio de un páramo sin agua y sin vegetación, una ciudad, a la que llamaron Nueva Cadiz.

Reconstrucción de lo que pudo ser Nueva Cadiz en 1523

En ese inhóspito ambiente, doña Ana contrajo matrimonio -o quizás fuera obligada a casarse- con un hombre bastante mayor que ella, conocido como el capitán Diego Gómez, con quien tuvo ocho hijas y un único hijo varón. No se conservan retratos de ella, pero el religioso y literato sevillano Juan de Castellanos, que visitó Cubagua en 1541, la describió poéticamente en sus Elegías de varones ilustres de Indias como poseedora de una belleza que rivalizaba con la de la diosa Diana.

Juan de Castellanos

Tras el terremoto que asoló Cubagua el día de Navidad de 1541, doña Ana y su familia se establecieron en la cercana isla Margarita, donde veinte años más tarde encontraría la muerte según hemos relatado.

Las Rojas llegan a Caracas


La figura femenina de Ana de Rojas destaca por encima de la de los poderosos hombres de armas que hicieron la conquista de los territorios que los españoles del siglo XVI llamaban Tierra Firme. Probablemente sería justo decir que fue ella y no esos guerreros sedientos de sangre y de oro, la verdadera fundadora de lo que sería Venezuela. Para ello no necesitó armas ni ejércitos; le bastaron sus hijas y la leyenda que se construyó en torno a su muerte.

En esas tierras, a las que apenas viajaron mujeres españolas al inicio de la Conquista, las mujeres blancas eran codiciadas por aquellos que aspiraban a fundar linajes que perpetuaran su riqueza, influencia y poder en el Nuevo Mundo. Los mismos hombres que para obtener títulos sobre tierras e indios necesitaban acreditar servicios a la Corona, cosa que los descendientes de Ana de Rojas supieron hacer al crear un relato convincente acerca del heroísmo de su abuela al oponerse al "Tirano" Aguirre. Con estos mimbres, las Rojas dejaron la isla Margarita, casaron con los principales conquistadores de la provincia de Caracas y crearon un clan poderoso que perduró varias generaciones y del cual descienden las principales figuras de la historia de Venezuela.

El escritor venezolano Francisco Herrera Luque en su novela Los Amos del Valle hace una colorida recreación de la entrada de las tres hijas mayores de doña Ana de Rojas,nacidas en Cubagua, a la entonces recién fundada ciudad de Santiago de León de Caracas:

"Cuando [el capitán] Alonso Díaz Moreno llega a Caracas con intención de avecindarse en la ciudad, entra a caballo con su mujer doña Ana, hija de Ana de Rojas, y sus dos cuñadas. El [maestre de Campo] Garci González de Silva al verlas sonreír con jactancia remilgona, afirma retumbante: son el vivo retrato de su madre, doña Ana de Rojas, la hembra más grañida y hermosa que pariera la Margarita".


Otro autor, Antonio Herrera-Vaillant, en un enciclopédico trabajo titulado La estirpe de las Rojas desgrana de manera prolija la poderosa influencia de estas mujeres -a las que se conocía como el clan de las Rojas- en el embrión de país que se gestaba en torno a la Caracas de finales del siglo XVI.  Eran tan poderosas que incluso algunos de sus descendientes prefirieron llevar el apellido Rojas en lugar del de sus progenitores masculinos. Pero de todos los datos que aporta el autor, hay uno especialmente curioso y llamativo: el 40% de los árboles de cacao plantados en la provincia de Venezuela entre 1683 y 1746 era propiedad de algún descendiente directo de doña Ana de Rojas.

Herrera-Vaillant también aporta una lista de venezolanos distinguidos de todas las épocas que descienden de Ana de Rojas; una relación que sin duda debe ir encabezada por el más famoso de todos: el Libertador Simón Bolívar. También descendía de la matriarca el primer representante de la aristocracia criolla en recibir un título de Castilla: don Juan Mijares de Solórzano, primer marqués de Mijares, cuyo abuelo, un bisoño alférez español procedente del lugar de Solórzano en Cantabria, tuvo claro al asentarse en Caracas que le interesaba desposar a una de las Rojas.


Algunos linajes que se originan en doña Ana de Rojas

El hermano que permaneció en la Margarita


En una época y en un lugar en los que una hembra española de alcurnia valía mucho más que un varón, la fama de las hermanas Rojas eclipsó la de su único hermano, el capitán Pedro Gómez de Rojas, nacido hacia 1541, probablemente antes del colapso de Nueva Cadiz de Cubagua. A diferencia de sus hermanas, permaneció en Margarita y allí tuvo al parecer un papel importante en la defensa de la isla, de la que fue además alcalde ordinario entre 1566 y 1576. Una bisnieta suya, Agustina de Arce y Rojas,  contrajo matrimonio con el licenciado Juan de Amundarain, nacido, según Herrera Vaillant, hacia el año 1600 en la villa de Ataun en Gipuzkoa. De Cristóbal de Amundarain y Arce, hijo de esta pareja, desciende el autor de estas líneas a través de su abuela paterna, Mercedes Rojas, natural de la isla Margarita.

Árbol genealógico de las hermanas Rojas, modernas descendientes de Ana de Rojas

Epílogo


Para concluir, se me ocurre proponerle al lector un pequeño ejercicio mental para intentar medir la importancia de nuestra biografiada. Imaginemos que en aquel aciago día de julio de 1561 el tristemente recordado "Tirano" Aguirre no sólo hubiese acabado con la vida de doña Ana de Rojas y de su marido Diego Gómez, sino también con la del resto de su familia; una hipótesis para nada descabellada teniendo en cuenta el estado mental del personaje. ¿Qué impacto habría tenido eso en la historia de Venezuela?

Quizás ni siquiera hubiese habido Venezuela. Seguramente los conquistadores del valle de Caracas habrían contraído matrimonio con otras mujeres, ¿pero estarían éstas tan bien situadas como las hermanas Rojas para tejer una red familiar tan influyente? El alférez Pedro Mijares probablemente no habría conseguido enlazar por matrimonio con la aristocracia criolla y tener por tanto acceso a los recursos que tres generaciones más tarde permitirían a un descendiente suyo sumarse a la nobleza titulada. No habría nacido Simón Bolívar ni Antonio José de Sucre ni otras figuras clave en la independencia y posterior historia del país. Una maravillosa pianista como fue Teresa Carreño no habría triunfado en Europa. Y usted, querido lector, no estaría leyendo esto por que quien lo escribe tampoco habría nacido ... y quizás tampoco el lector.

Algunos venezolanos notables descendientes de doña Ana de Rojas, según Antonio Herrera Vaillant

Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Carlos Soublette, Santiago Mariño, María Concepción Palacios y Blanco, Pedro Palacios (padre Sojo), José de Oviedo y Baños, Juan Mijares de Solórzano y Monasterios (primer marqués de Mijares), Martín Tovar y Tovar (pintor), Antonio Guzmán Blanco, Lino de Clemente, Augusto Mijares (historiador), Nicanor Bolet Peraza, Santiago Key Ayala, Teresa Carreño (pianista), Rufino Blanco Fombona, Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Centeno Vallenilla, Francisco Herrera Luque (psiquiatra y escritor), Raul Leoni, Leopoldo Aguerrevere, Gustavo Cisneros Rendiles, Federico Brandt, Rómulo Gallegos, Vicente Lecuna, Oscar Machado Zuloaga, Eugenio Mendoza Goiticoa, Guillermo Meneses, Miguel Otero Silva, Henrique Otero Vizcarrondo, Simón Planas, Luis Razetti Martínez, José Rafael Revenga, Fermín Toro, Francisco Tosta García, Nicomedes Zuloaga, Ricardo Zuloaga, Henrique Capriles.





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