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Monday, January 16, 2017

De profesión equitación

En el libro de nacimientos de la ciudad de Córdoba del año 1843, me encontré hace algunos años un registro de una niña a la que se puso por nombre María Emilia Araceli Magdalena de la Santísima Trinidad Hidalgo y Antrás. En él se dice de su padre, José María, que era “de profesión equitación”. A la vista de esa críptica anotación, me pregunté qué demonios podía significar. Quizás el padre de una niña con un nombre tan aristocrático era un señorito andaluz entre cuyas ociosas actividades lo más próximo a una profesión era montar a caballo. Estaba lejos de la verdad.

Según la revista Memorial de Caballería, de la Academia de Caballería (número 69, página 99, junio 2010), José Hidalgo y Terrón (1823-1898), junto con Francisco de Laiglesia y Darrac (1771-1852), fueron las dos figuras dominantes del panorama ecuestre español durante el siglo XIX. Ambos tenían en común el ser naturales de Andalucía, el haber sido oficiales del Arma de Caballería y el ser autores de importantes tratados sobre el arte ecuestre: Laiglesia y Darrac del libro titulado Elementos de equitación militar para el uso de la caballería española, publicado en 1819, e Hidalgo y Terrón de una obra posterior y también más moderna y ambiciosa. Publicada inicialmente en 1858 como Tratado de equitación y nociones de veterinaria, y retitulada en sus dos últimas ediciones ampliadas como Obra completa de equitación, la obra de Hidalgo y Terrón fue creciendo y madurando junto con su autor a lo largo de tres décadas.

Un andaluz emprendedor

Hidalgo y Terrón nació el 27 de febrero de 1823 en Granada y fue bautizado el 1 de marzo en la Real Colegiata de esa ciudad con los nombres de Josef María de la Santísima Trinidad Juan Leandro Mauricio.

Colegiata de los Santos Justo y Pastor, Granada
Fue un joven precoz en muchos aspectos. En 1841, con 17 años, contrajo matrimonio en Lucena con una joven tres años mayor, Dolores Antrás, descendiente de franceses. Unos años antes, con tan solo trece de edad, se había iniciado en la práctica y la enseñanza de la equitación "en todos los ramos que abraza" (según declararía más tarde) y continúo haciéndolo tras casarse, lo cual supuso cambios frecuentes de ciudad. En julio de 1843 nació su hija mayor, Mª Emilia, en Córdoba, y al año siguiente, en octubre de 1844, su primogénito, José, en Osuna, Sevilla. En 1847, con veinticuatro años, lo encontramos como profesor de equitación y director de la entonces recientemente constituida Sociedad de Equitación de Málaga. Pero quizás no debió permanecer mucho tiempo en el puesto, pues dos años después, en julio de 1849 nació su hijo Enrique, futuro militar, en Écija, Sevilla. A partir de 1854 recuperamos su rastro en Granada, donde el Ayuntamiento Constitucional le expide el título de picador del Escuadrón de Caballería de Milicia Nacional. Un año después, en junio de 1855, nació su hija Encarnación en esa ciudad.

Friday, March 18, 2016

El sargento Ángel Rodríguez


Sobre con la hoja de servicio del Sgto. Rodríguez
Acudí puntualmente a la cita en el Cuartel de Intxaurrondo en Donostia. Tras identificarme en la garita de entrada, un vehículo de la Guardia Civil conducido por un joven y amable guardia con acento gallego se acercó a recogerme. El guardia, que no se separaría de mi lado durante mi visita a las instalaciones, me condujo a lo largo de pasillos, salas y puestos de control hasta llegar al sitio indicado. Allí me esperaban un grupo de guardias civiles que al vernos entrar se pusieron de pie y comentaron entre sí "éste es el hombre". Una vez les hube mostrado mi identificación, uno de ellos se adelantó y de un modo casi solemne me hizo entrega de un sobre estampado con el sello confidencial. "Este es el expediente del Sargento D. Ángel Rodríguez", me dijo. Me estremecí ligeramente. Muchos años después de que la memoria del sargento se desvaneciese con la última persona que le conoció, yo, un descendiente suyo le recibía de vuelta a la vida al coger ese sobre que me entregaban hombres del Cuerpo al que perteneció.

Santa Cruz de las Ermitas
Ángel era gallego, como el guardia que me escoltó durante mi visita al cuartel de Intxaurrondo. Nació a principios de marzo de 1834 en el bonito pueblo de Santa Cruz de las Ermitas, en Orense, durante una madrugada que seguramente sería fría y lluviosa. Su madre, Sabina, tuvo un parto difícil. El padre, Manuel, temiendo por la vida del niño, le administró el bautismo de socorro y le dio el nombre del ángel de la Guarda, a quien nombró su abogado. Ángel sobrevivió, creció y se hizo labrador como su padre y sus abuelos.

Primera fotografía tomada a un guardia civil,
en Reinosa, Santander, hacia 1857.

Sin embargo, el chico parecía estar animado por ese impulso que, incluso antes de que la migración a la ciudad se convirtiese en un fenómeno generalizado, llevó de siempre a algunos jóvenes -los más aventureros, los más díscolos o los más ambiciosos- a abandonar la aldea de sus padres.

Con 20 años deja el pueblo para ingresar como quinto en el ejército. Estuvo un año destinado en Cantabria, pero en septiembre de 1855 decide incorporarse a la Guardia Civil, cuerpo que había sido creado por el Duque de Ahumada apenas 11 años antes. En su hoja de servicios se le describe como un joven de pelo y ojos negros, tez morena, nariz y estatura regular. Su primer destino fue Badajoz, pero en abril de 1862, con 28 años, sería enviado al puesto de Villanueva de la Vera, en Cáceres, donde conoce a una joven del lugar, Gregoria Sánchez, 5 años menor que él, con la que es autorizado a casarse dos años después.