Monday, August 13, 2018

La Margarita, Indias españolas, año 1700

Prólogo: en un lugar de las Indias



La isla Margarita o simplemente La Margarita, como se la conocía en los vastos territorios de la Monarquía española en América durante la época virreinal, fue testigo de algunos de los primeros asentamientos europeos en las Indias, más antiguos que los de Tierra Firme. Era parte de un Nuevo Mundo que en sus orígenes fue sobre todo antillano y en el que los centros de poder estaban en Puerto Rico, cuyo obispo ejerció jurisdicción eclesiástica sobre la isla hasta finales del siglo XVIII, y en Santo Domingo, de cuya Real Audiencia dependió política y administrativamente hasta 1739. En la época en que se inicia nuestro relato -principios del siglo XVIII- La Margarita permanecía más conectada con ese mundo que con la provincia de Venezuela, a la que entonces no pertenecía.

Era una tierra yerma y semi árida, sin ríos o corrientes permanentes de agua, sin yacimientos de oro ni recursos importantes una vez agotadas las pesquerías de perlas de Cubagua hacia 1535. Pero incluso en ese remoto rincón, la Monarquía española -que así llamaban los españoles de la época a su imperio- desplegó sus instituciones e implantó su jerarquizado sistema social. Éste encontraba fiel y perfecto reflejo en los libros parroquiales, donde se llevaba un cuidadoso registro de los nacimientos, matrimonios y defunciones de los habitantes de La Margarita: había un libro de “blancos y españoles” para los descendientes de los conquistadores y colonos originales y de los españoles venidos después; un libro de guaiqueríes, que era la denominación de la población indígena de la isla; y, finalmente, un libro de “esclavos, pardos y mestizos”. Para un ojo entrenado, el examen atento de estos libros es como abrir un portal temporal a La Margarita de entonces.

Portada del libro de matrimonios de blancos de 1713. Iglesia parroquial de Santa Ana del Norte

¿Cómo era la isla Margarita en la última década del siglo XVII y la primera mitad del XVIII?

Era una sociedad pobre en comparación con los grandes centros virreinales de las Indias, como lo atestigua la modestia de las construcciones que se han conservado de la época: la antigua iglesia matriz de la población de La Asunción; la iglesia parroquial de la villa de Santa Ana; o las fortificaciones de los puertos de Pampatar y Juangriego, que no resisten comparación con los impresionantes sistemas defensivos construidos por los españoles en Cartagena de Indias, La Habana o Puerto Rico. No había apenas suelos fértiles ni recursos hídricos que permitiesen una actividad agrícola importante, más allá de la de subsistencia, y las principales actividades económicas consistían en la pesca y el pastoreo.

Los habitantes de la isla se dividían en los de La Ciudad, termino con el que se hacía referencia a la localidad de La Asunción, y los del Valle, que eran los de la villa de Santa Ana y toda su comarca, conocida también como el Valle del Norte o la Banda Norte. Ésta se extendía hasta el poblado guaiquerí de Juangriego por el noroeste, hasta los valles de Pedro González y Paraguachí por el norte y noreste, y hasta a los valles de Tacarigua y San Juan Bautista, por el sureste y suroeste. Juangriego y su bahía también eran conocidos como El Puerto.

Plano de la isla Margarita por Juan Betín, 1660. Se puede ver (13) Santa Ana del Norte y (6) La Asunción.

Sunday, December 3, 2017

Caballeros de la Conquista

Un caballero aragonés de nombre Pierres Sanz, cuyo escudero portaba un estándarte con las armas de su casa, un ala de gules sobre campo de plata, cabalga al lado del Rey Jaime I de Aragón el Conquistador en su entrada a la ciudad de Xàtiva el día de Pentecostés del año del Señor de 1244. Tras un asedio de varios meses, la ciudad había sido finalmente tomada a los musulmanes. También acompañaban al Rey otros caballeros venidos de Aragón e incluso de más allá del mar, como es el caso de Bernard de Ferrers, hijo segundo de William, 4º conde de Derby y de su mujer Agnes de Kevelioc, hija de Hugo, 5º conde de Chester. Bernard, como segundón de una noble familia inglesa y deseoso de aventuras, había venido a buscar fortuna a estos reinos, pues había oído de sus luchas contra el Infiel. No sólo obtuvo la fama y la riqueza deseada, sino que mientras la línea de los condes de Derby se extinguia en Inglaterra, los descendientes de Bernard, al igual que los de Pierres Sanz y los de otros caballeros del rey Don Jaime, se multiplicarían en estas tierras, dando lugar a lo que en el Reino de Valencia se denominaría como los caballeros de la Conquista.

Escudo de armas de los Sanz
Los Sanz se encontraban entre los jueces repartidores de las tierras conquistadas a los moros entre los cristianos viejos que acompañaban al rey en su empresa, razón por la cual quedaron particularmente "bien heredados" en Xátiva, acumulando con el tiempo los señoríos de Señera, Alboy, Benemejís y Genovés. En las décadas siguientes se consolidaría su influencia y poder en la ciudad hasta el punto de que hacia finales del siglo, Ramón, nieto de Pierres Sanz, desposó a Blanca de Aragón, nieta del rey don Jaime, con lo cual -según dice la leyenda- se le permitió incorporar a sus armas las barras de la corona de Aragón.

Alfonso V el Magnánimo, rey de Aragón, por Pisanello
Un siglo y medio después, el 23 de febrero de 1443, un descendiente de otro de estos caballeros de la Conquista, Jaume de Malferit, natural de Xàtiva, cabalgaría junto a otro rey de Aragón, Alfonso V el Magnánimo, en su entrada triunfal en la recién conquistada ciudad de Nápoles. Acompañaba también al rey su capitán, Lluis Despuig, hijo de Bernat Despuig, que había sido en 1390 embajador del Rey Martín el Humano, tío abuelo del rey Alfonso. El momento quedaría reflejado en los bajorrelieves del arco triunfal de entrada del Castelnovo de Napóles. El rey, agradecido, dio a Jaume de Malferit el señorío de Aielo, en el partido de Xátiva, al que Jaume llevó muchas de las innovaciones culturales y tecnológicas de la Italia del Renacimiento.

Bajorrelieve de la Puerta de Aragón en el Castelnovo de Nápoles, fotografía de Carlo Raso

Saturday, November 18, 2017

Poyales del Hoyo, 1752

Iglesia de Nuestra Señora de Gracia
Fotografía de Juan Carlos Hernández Torres, con permiso de sus herederas

Por orden del Rey


En víspera de las celebraciones de Navidad de 1751, la pequeña villa de Poyales del Hoyo en Ávila se encontraba en estado de gran agitación. Corría de boca en boca el rumor de que pronto llegaría a la villa una delegación real que realizaría un censo de los habitantes y de sus bienes.

El rumor era cierto. Don Vicente Caballero y Llanes Enríquez de Guzmán, Caballero del hábito de Santiago y Corregidor e Intendente General de Hacienda, Guerra, Justicia y Policía de la ciudad de Toledo y su provincia -a la cual pertenecía Poyales en esa época- había emitido el 16 de septiembre un decreto en nombre del Rey por el que mandaba a todos los ayuntamientos, cabildos, concejos, corregidores, alcaldes mayores y ordinarios, ministros de justicia y demás personas de las ciudades, villas y demás lugares de la provincia a que tuviesen a Don Francisco del Castillo y Cabrera por su subdelegado para las diligencias de Única Contribución y obedeciesen sus autos y mandamientos. Éste, en uso de esos poderes, el 14 de diciembre de 1751 emitió desde Arenas un edicto por el que hacía saber a todos los vecinos, cabezas de casa y habitantes de la Villa del Hoyo que en el plazo de 15 días debían proceder a formar sus relaciones con indicación de nombres, apellidos, oficio, hijos, criados y bienes. El Ayuntamiento de la Villa del Hoyo debía garantizar el cumplimiento de estas disposiciones.

Los más prácticos e inteligentes del pueblo


También era objeto de comentarios en los corrillos de la plaza que la corporación municipal, en cumplimiento de las órdenes llegadas del subdelegado instalado en Arenas, se había reunido para elegir de entre los cabezas de familia de la villa a los tres que fuesen "los más prácticos e inteligentes" para que actuaran como peritos durante el tiempo que durase el censo y comprobasen las declaraciones de bienes de los vecinos.

Tuesday, November 7, 2017

El corregidor y la molinera

“Había un molinero honrado
que ganaba su sustento
con un molino arrendado
y era casado con una moza
como una rosa
tan guapa y bella
que el Corregidor, madre,
se prendó de ella.”

(romance que inspiró El Corregidor y la Molinera de Manuel de Falla)

Inés era una joven altiva y muy guapa, como lo había sido su madre. Cuando Don Francisco de Zubera y Castellar, párroco de la localidad abulense de Poyales del Hoyo, próxima a Arenas de San Pedro, la bautizó, siendo una recién nacida, en el invierno de 1665, anotó en el libro sacramental: “hija de padres desconocidos”. Pero en realidad todo el pueblo sabía que la niña era hija del Corregidor de la villa, el muy ilustre Don Francisco de Benegassi y Luján, natural de Arenas, quien había sucumbido a la belleza embrujadora de una moza del lugar.


Don Francisco era viudo y tenía 55 años cuando conoció a la madre de Inés durante su corta estancia como Corregidor en Poyales del Hoyo. Pertenecía a una de las familias más importantes de Arenas e, incluso, de Castilla. A Arenas había llegado su padre, Juan de Benegassi y Luján, tras ser nombrado por el Duque del Infantado, señor territorial de la villa, alcalde ordinario por el Estado de los Hijosdalgo. Este Juan de Benegassi era a su vez nieto de un caballero italiano llamado Giovanni Battista Vivaldo de Benegassi, perteneciente a una familia noble de origen piamontés instalada en Génova hacia el año 1390. Vivaldo de hecho fue embajador de la República de Génova ante el Rey Felipe II. Pero nunca regresó a Italia. Tras casarse en Toledo con una joven de esa ciudad fundó la rama de la familia Benegassi en España.

Genealogía de Don Inés de Benegassi, nacida en Poyales del Hoyo, Ávila
Los Benegassi españoles lograron situarse al cabo de una generación entre las principales familias de la nobleza media de Castilla gracias al enlace entre Francisco, hijo de Vivaldo, y doña Mariana de Luján, abuelos del Corregidor y bisabuelos de Inés. Los Luján eran, junto con los Vargas y los Zapata, una de las tres poderosas familias que constituían la nobleza original de Madrid. Habían llegado a Madrid, procedentes de la localidad de Pina de Ebro, en Aragón, en el año 1375, cuando Miguel Ximénez de Luxán, 4º abuelo de Mariana, acompañó en su viaje a Castilla a la reina Doña Leonor de Aragón, esposa del rey Juan I de Castilla. Tras llegar a Madrid, Miguel Ximénez de Luxán se estableció en la localidad de Illescas, donde casó con Catalina, hermana del confesor real, el poderoso Don Fernando de Illescas, y hermana también de los obispos de Sigüenza y de Zamora.

Saturday, January 28, 2017

Más admirada que amada

Había nacido en Madrid, en el número 11 de la calle de Calvo Asensio, en lo que ya entonces -corría el año de 1898- se conocía como el barrio de Argüelles. Pero sus primeros recuerdos de niña no eran de Madrid, sino de Alicante, pues sus padres habían emigrado a esa ciudad posiblemente buscando mejorar sus medios de subsistencia.

Su nombre al nacer, según consta en su certificado de nacimiento, era Emilia Concepción María de los Desamparados Culebras Morelli; pero cuando en agosto de 1925 contrajo matrimonio en Tetuán, capital del Protectorado español de Marruecos, lo había cambiado por el de Emilia Verdes Montenegro, adoptando el apellido de su abuela Concepción. Ésta murió poco antes de que Emilia naciera, lo mismo que sus otros abuelos. Concepción era hija de un escribano valenciano y nieta de uno de los tres hijos naturales que tuvo Francisco Verdes Montenegro, Marqués de Benemejís, uno de los grandes títulos del Reino de Valencia, con Isabel Llopis.

Nacimiento de Emilia Culebras en el registro municipal de Madrid. Archivo de Villa
De Luis Culebras Verdes Montenegro, padre de Emilia, sabemos poco. Nacido en Barcelona en agosto de 1871, durante un período de residencia más bien corto de sus padres -valencianos- en esa ciudad, se trasladó a Madrid antes de cumplir los veinte años. En el padrón municipal de la Villa y Corte aparece ya en el año 1890 viviendo con su madre Concepción, viuda, y sus hermanos, Amparo y Enrique, en la calle de San Hermenegildo, en lo que hoy es el barrio de Malasaña. Para ese entonces era dependiente de un comercio madrileño, con un salario de 1.200 pesetas mensuales, lo cual debía ser un buen sueldo para un joven de su edad (el alquiler del piso donde vivían era de 25 ptas./mes). Ese mismo año resultó exento del servicio militar, seguramente por ser el único sostén económico de su madre viuda y de sus hermanos más jóvenes.

Hacia 1896, el joven Luis Culebras conoce a la madre de Emilia, Patrocinio Morelli Hidalgo, hija de un profesor de música que había sido oficial del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, José Fructuoso Morelli. Para ese entonces Patrocinio, una joven menuda, de manos finas y tez pálida, acostumbrada a los salones de la buena sociedad madrileña, vivía con su abuelo, Don José Hidalgo y Terrón, ex Primer Profesor de la Escuela Militar de Caballería y una de la mayores autoridades en materia de equitación en la España del siglo XIX. En 1897 Patrocinio y Luis inician los trámites para casarse ante el Provisorato y Vicaría General Eclesiástica de Madrid, pero en agosto cancelan el expediente matrimonial, muy probablemente por el agravamiento del estado de salud de Mª Emilia Hidalgo, la madre de Patrocinio, quien fallece de cáncer en el Hospital de la Princesa ese mismo mes. Las desgracias se suceden y el 24 de diciembre del año siguiente, a menos de una semana de haber dado a luz Patrocinio a su hija Emilia, muere de un derrame cerebral José Hidalgo y Terrón, su abuelo y protector.

Monday, January 16, 2017

De profesión equitación

En el libro de nacimientos de la ciudad de Córdoba del año 1843, hay un registro de una niña a la que se puso por nombre María Emilia Araceli Magdalena de la Santísima Trinidad Hidalgo y Antrás, en el que se dice de su padre, José María, que era “de profesión equitación”. A la vista de esa críptica anotación, me pregunté qué demonios podía significar. Quizás el padre de una niña con un nombre tan aristocrático era un señorito andaluz entre cuyas ociosas actividades lo más próximo a una profesión era montar a caballo. Estaba lejos de la verdad.

Según la revista Memorial de Caballería, de la Academia de Caballería (número 69, página 99, junio 2010), José Hidalgo y Terrón (1823-1898), junto con Francisco de Laiglesia y Darrac (1771-1852), fue una de las dos figuras dominantes del panorama ecuestre español durante el siglo XIX. Ambos tenían en común el proceder de Andalucía, el haber sido oficiales del Arma de Caballería y el ser autores de importantes tratados sobre el arte ecuestre: Laiglesia y Darrac del libro titulado Elementos de equitación militar para el uso de la caballería española, publicado en 1819, e Hidalgo y Terrón de una obra posterior y también más moderna y ambiciosa. Publicada inicialmente en 1858 como Tratado de equitación y nociones de veterinaria, y retitulada en sus dos últimas ediciones ampliadas como Obra completa de equitación, fue creciendo y madurando junto con su autor a lo largo de tres décadas.

Un andaluz emprendedor

Hidalgo y Terrón nació el 27 de febrero de 1823 en Granada y fue bautizado el 1 de marzo en la Real Colegiata de esa ciudad con los nombres de Josef María de la Santísima Trinidad Juan Leandro Mauricio.

Colegiata de los Santos Justo y Pastor, Granada
Fue un joven precoz en muchos aspectos. En 1841, con 17 años, contrajo matrimonio en Lucena con una joven 3 años mayor, Dolores Antrás, descendiente de franceses. Unos años antes, con tan solo 13 de edad, se había iniciado en la práctica y la enseñanza de la equitación "en todos los ramos que abraza" (según declararía más tarde) y continúo haciéndolo tras casarse, lo cual supuso cambios frecuentes de ciudad. En julio de 1843 nació su hija mayor, Mª Emilia, en Córdoba, y al año siguiente, en octubre de 1844, su primogénito, José, en Osuna, Sevilla. En 1847, con 24 años, lo encontramos como profesor de equitación y director de la entonces recientemente constituida Sociedad de Equitación de Málaga. Pero quizás no debió permanecer mucho tiempo en el puesto, pues dos años después, en julio de 1849 nació su hijo Enrique, futuro militar, en Écija, Sevilla. A partir de 1854 recuperamos su rastro en Granada, donde el Ayuntamiento Constitucional le expide el título de picador del Escuadrón de Caballería de Milicia Nacional. Un año después, en junio de 1855, nació su hija Encarnación en esa ciudad.

Friday, January 13, 2017

El doctor José Verdes Montenegro y Páramo

Una búsqueda en Wikipedia da como resultado cuatro personajes destacados que llevaron el apellido Verdes Montenegro: Fernando Verdes Montenegro y Castro, ministro de Hacienda de Felipe V; Eduardo Verdes Montenegro, general del Cuerpo de Artillería y descendiente del anterior; José Verdes Montenegro y Montoro, profesor de filosofía en diversos institutos, escritor y militante del PSOE en tiempos de la Guerra Civil; y el Dr. José Verdes Montenegro y Páramo, destacado médico tisiólogo, miembro de la Academia de Medicina y de quien algunos autores han afirmado era primo hermano del anterior (1).

El Dr. Verdes Montenegro. Fuente: Real Academia Nacional de Medicina

De Fernando Verdes Montenegro, perteneciente a una familia de hidalgos de San Juan de Sistallo, Lugo, cuyos miembros ocuparon puestos importantes en la administración borbónica tras la Guerra de Sucesión, ya he hablado en otros artículos de este blog. Del General Eduardo Verdes Montenegro, que vivió en la segunda mitad del siglo XIX y fue poseedor de una mente dotada para la invención, me gustaría escribir más adelante. Pero en esta ocasión me interesa dirigir mi atención a otro de los personajes mencionados: al eminente doctor José Verdes Montenegro y Páramo.

Un resumen de su trayectoria profesional

Su biografía es bastante conocida o, al menos, ha sido ampliamente publicada. Valentín Matilla en su obra 202 biografías académicas (Real Academia Nacional de Medicina, Madrid, 1987, pp. 220-221) cuenta que nació en Valencia el 5 de septiembre de 1866, que se doctoró en medicina en Madrid en el año 1892 y que, tras una impresionante carrera como investigador y adalid de la lucha contra la tuberculosis, ingresó en la Real Academia Nacional de Medicina durante una solemne sesión que tuvo lugar el 3 de febrero de 1935. Falleció no muchos años después, el 29 de abril de 1942.

Fuente: Real Academia Nacional de Medicina

Wednesday, June 15, 2016

Firmas

Un amigo me ha dado la idea de hacer un post con las firmas que he ido encontrado durante la investigación genealógica familiar. La idea me ha gustado porque entre libros sacramentales, padrones y demás documentos variopintos que consulta el investigador en fríos archivos de todo tipo, las firmas son posiblemente de los pocos recuerdos vivos que podemos encontrar de alguien que hace mucho que se ha ido.

Francisco de Verdes Montenegro, Corregidor de la Puebla de Sanabria
n. en San Juan de Sistallo el 05.02.1656 (8º abuelo)

Juan Diego Verdes Montenegro y Castro, Caballero del Hábito de Santiago,
del Consejo de S.M. y Contador Principal del Reino de Valencia
n. en San Juan de Sistallo en diciembre 1690 (7º abuelo)

Fernando Verdes Montenegro y Castro, Caballero del Hábito de Calatrava,
del Consejo de S.M. en el de Indias y su Ministro en el de Hacienda
n. en San Juan de Sistallo en abril 1682 (7º tío abuelo)

Friday, June 10, 2016

"La Reina": una polka-mazurka para piano




Fructuoso José Morelli nació en Madrid el 21 de enero de 1843, en la calle de San Vicente Ferrer, actual barrio de Malasaña.

En junio de 1863, con 20 años, ganó un segundo premio como interprete de trompa en los concursos convocados por el Conservatorio  Nacional de Música y Declamación de Madrid.

En marzo del año siguiente participó en la primera interpretación pública de una obra de Wagner en España: la Marcha de la ópera Tannhäuser (Acto II, escena IV. Freudig begrüßen wir die edle Halle). Fue como integrante de una orquesta formada por músicos procedentes del Teatro Real, el Teatro de la Zarzuela y el Real Conservatorio y dirigida por el propio Francisco Asenjo Barbieri dentro de una serie de conciertos organizados por la Sociedad de Socorros Mutuos. La histórica representación tuvo lugar  en el salón grande del Conservatorio de Música y Declamación de Madrid en el Teatro Real.

Sunday, May 29, 2016

El fundador

En San Xoán de Sistallo, obispado de Mondoñedo, a 2 de junio de 1710,
"In Dei Nomine amen. Sepan cuantos esta escritura de testamento vieren como, yo, Don Francisco Verdes Montenegro, vecino del Coto de San Pelayo dos Redos, feligresía de San Juan de Sistallo, Dueño de la Casa do Pazio, solar del apellido de Verdes, hijo legítimo de Don Bartolomé de Verdes y de Juana Montenegro, Señores que fueron de dicha Casa do Pazio, estando de partida a ejercer el oficio de Corregidor de la Villa de la Puebla de Sanabria fuera deste Reyno de Galicia, temiendo me llegue la Muerte […] dispongo que mi cuerpo sea enterrado en la Iglesia Parroquial deste dicho Lugar de San Juan de Sistallo en la sepultura que tengo en la capilla mayor della propia de mi Casa y sus descendientes".
Como administrador regio de la Puebla de Sanabria, en Zamora, Francisco Verdes Montenegro gozaría de amplios poderes en materia civil y judicial en la villa y en todos los pueblos de su territorio, desde presidir los ayuntamientos y asegurar el buen estado de las obras públicas hasta supervisar la hacienda local y administrar la justicia real. Un cargo sin duda apetecible en tiempos de paz, pero que entrañaba riesgos considerables en tiempos de guerra como aquellos. A mediados del año de 1710, cuando aceptó el nombramiento real, a propuesta del Conde-Duque de Benavente, en cuyos territorios se encontraba la Puebla de Sanabria, la Guerra de Sucesión entre los partidarios de Felipe V y los austracistas partidarios del Archiduque Carlos de Habsburgo llegaba al que muchos consideran un año decisivo. Mientras las tropas del Archiduque hacían importantes avances en Aragón y Madrid, sus aliados portugueses dirigían con codicia su mirada a plazas como la Puebla de Sanabria, próximas a la frontera con Portugal.

La Puebla de Sanabria, Zamora
Don Francisco Verdes Montenegro era consciente de todo esto cuando supo que se le propondría para el cargo de Corregidor en la primavera del año 1710. A sus 54 años, viudo desde hacía 10 y siendo hidalgo de sangre notorio, con rentas y casa solar de su apellido en las localidades de San Juan de Sistallo y Santa María de Villapene, en Lugo, la idea de terminar tranquilamente sus días como líder de su comunidad, disfrutando de una envidiable posición social y lejos de los escenarios principales de la guerra debía ser tentadora. ¿Por qué acepto el cargo?

Don Francisco fue, junto con sus cinco hermanos, el primero en llevar el apellido Verdes Montenegro en la forma compuesta que luego se transmitió entre sus descendientes. Nació el 5 de febrero de 1656 en la feligresía de San Juan de Sistallo, en el actual municipio de Cospeito, Lugo. Su madre, Juana, fue hija del Capitán de Infantería Juan de Sanjurjo Montenegro, "hijosdalgo de sangre notorio con solar de su casa", natural de San Jorge de Rioaveso. Su padre, Bartolomé de Verdes, hidalgo de Villapene, le precedió como Señor de la Casa Do Pazio o Dopacio.

Saturday, May 21, 2016

Los Verdes Montenegro


El relato de hoy no es sobre una persona, sino sobre un linaje; concretamente sobre el linaje que ha inspirado este blog familiar: los Verdes Montenegro.

Los Verdes Montenegro tienen su solar original en las localidades de Santa María de Villapene y San Juan de Sistallo, en el actual municipio de Cospeito, Lugo. Es una comarca que hoy en día se conoce como Terra Cha, o Tierra Llana, y que es parte de una región, Terra do Miño, declarada por la Unesco como Reserva de la Biosfera. El doble apellido Verdes Montenegro se originó tras el enlace en 1643 de Bartolomé de Verdes, natural de Santa María de Villapene, y Juana de Sanjurjo Montenegro, nacida en el lugar de Villamartín, feligresía de San Jorge de Rioaveso. Juana era hija natural del Capitán de Infantería Juan de Sanjurjo Montenegro y de Antonia de Lastras, solteros, y descendía de María Vélez de Guevara, hija de los Condes de Oñate. Tanto los Verdes como los Sanjurjo Montenegro eran hidalgos de sangre notorios: hijos y nietos de hidalgos con casa solar de su apellido, reconocidos como tales en los padrones judiciales, poseedores de escudo de armas que exhibían en sus casas, con derecho a ser enterrados dentro de la iglesia y exentos del pago de pechos e impuestos.

Los expedientes de nobleza para ingresar en las órdenes de Santiago y Calatrava de algunos de los descendientes de esta pareja, consultados en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, proporcionan valiosa información -aunque de ardua lectura- para reconstruir la genealogía y circunstancias originales de este linaje en el siglo XVII. Esa información está basada en testimonios de testigos recabada directamente en la zona entre los años 1717 y 1745 por los Informantes juramentados del Consejo de Órdenes, quienes además, por orden regia, tenían poder para solicitar acceso a libros sacramentales, testamentos y padrones, de todo lo cual dan meticulosa cuenta por escrito con el celo propio de un documentalista moderno.


Wednesday, May 11, 2016

El que parte y reparte


Si de algo era consciente Doña Jesualda Sanz de la Llosa, Señora de los lugares de Señera, Benemejís y Ayacor en Xàtiva, era de la antigüedad de su linaje. También de lo efímero que es el poder en un mundo en el que la voluntad de los reyes y las guerras que libran entre ellos pueden decidir el auge o la caída de un Señor y de su Casa.

Los Sanz de Xàtiva eran lo que en época de Jesualda se conocía como “caballeros de la Conquista”, grupo al que pertenecían también otras familias de la nobleza original del Reino de Valencia, como los Ferrer y los Escrivá, y al que sin embargo no pertenecían los Borja, cuyo ascenso social se produjo mucho después de que Don Jaime I, rey de Aragón tomara en 1238 y 1244 las ciudades de Valencia y Xàtiva de manos de sus últimos soberanos musulmanes. Jesualda, descendía de Pierres o Pedro Sanz, caballero del Rey Don Jaime, cuyo hermano Jaques estaba entre los Jueces Repartidores encargados de distribuir las casas y propiedades de la ciudad y el término de Xàtiva entre todos aquellos que habían participado en la cruzada. El cronista Martín de Viciana, en su célebre obra Crónica de la Ínclita y coronada ciudad de Valencia y de su reino, publicada en 1564, cien años antes de que naciera Jesualda, así lo decía:
“el Rey nombrò partidores de los heredamientos de Xativa entre los Cavalleros, y otros nuevos pobladores a Iaques Sans, y otros dos Cavalleros, segun parece por el libro del dicho repartimiento hecho entonces, el qual hasta hoy està guardado en el Archivo de Xativa. Otrosi, Berenguer Sans, y Pierres Sans, fueron en la pressa de Xativa, y a mi cargo, que el dicho Iaques, ni los otros de su Familia de aquella hecha, no fueron mal heredados, porque hasta hoy vemos, que los Cavalleros del Apellido de Sans en Xativa possehen todo lo bueno, y mejor della.”
Entre las baronías donadas a Pedro Sanz en 1244 por el rey Don Jaime se encontraba el lloc de Señera, que pasó a ser casa y solar ancestral de los Sanz de Xátiva.  Un siglo después, en 1358, un descendiente suyo, Don Pedro Sanz, Caballero, aparece también, en un documento que se conserva en el archivo de la Corona de Aragón, como titular de otros señoríos, concretamente de los llocs de Genovés, Lo Boy (Alboy), Torrella y Benemixis (Benemejís), además de Senyera (Señera).

En los dos siglos siguientes, este patrimonio se fue dispersando entre las varias ramas de los Sanz, que se habían diferenciado entre sí integrando en el nombre familiar común el de sus respectivos señoríos. Aparecen así los Sanz de Señera, los Sanz de la Llosa, los Sanz de Alboy, los Sanz de Benemejís, los Sanz de Vallés y los Sanz de Sorio; linajes de los que habló Viciana en 1564 en la obra citada y entre los cuales se había tejido una tupida red de alianzas matrimoniales. En ese período, los siglos XIV y XV, la dispersión del patrimonio vino acompañada para los Sanz de la pérdida de influencia política en la ciudad de Xàtiva, que en cambio presenció el ascenso imparable de los Borja. Así, a diferencia de otros miembros de la nobleza original de Xàtiva, los Sanz no tuvieron una presencia significativa en la conquista de Nápoles por Alfonso “El Magnánimo” entre 1434 y 1443, y el rey Fernando el Católico tuvo que dictar un Privilegio en julio de 1513 “rehabilitando” en cierta forma su condición de nobles. El Rey decretó que los caballeros de esta familia eran “nobles y de antigua nobleza por continua posesión” por haber participado en las conquistas de Valencia y de Mallorca. Asimismo, les ratificaba las armas que llevaban en su escudo: en la cabeza, cuatro palos de Gules sobre campo de oro, y en el pie un ala de Gules sobre campo de plata.

Escudo de armas de los descendientes
de Jaques y Perres Sanz

Sunday, March 20, 2016

El linaje femenino

Hoy quiero postear un relato de otro tipo; uno que no exige mucha narrativa, pues se cuenta por sí mismo. El relato se refiere al linaje matrilineal de la familia; es decir, la línea que comprende solamente a las madres y sus hijas.

Distribución del haplogrupo H3 en Europa. Fuente: Eupedia.
Desde el punto de vista de los estudios genéticos, la característica principal de un linaje matrilineal es que todas las mujeres de ese linaje comparten a lo largo de muchas generaciones un único ADN mitocondrial. En el caso de mi linaje materno, ese ADN viene caracterizado por el haplotipo o marcador genético mt-DNA H3. Lo sé porque mi ADN ha sido analizado como parte del proyecto Genographic, y aunque los varones no transmitimos el ADN mitocondrial, somos portadores del de nuestras madres. El haplotipo H3 se cree que pudo estar presente en las mujeres que habitaron el refugio climático Franco-Cantábrico durante la última glaciación, que terminó hace unos doce mil años. Esto no sólo explicaría su patrón de distribución en Europa occidental, a dónde se expandiría finalizado el período glaciar, sino su concentración relativamente elevada en zonas como el País Vasco. Se da la circunstancia de que en muestras de ADN del neolítico, de hace entre 4.000 y 5.000 años, el ADN masculino (el haplotipo del cromosoma Y) tiende a ser el R1B de los invasores indoeuropeos mientras que el femenino es persistentemente el H (sobre todo H1 y H3), lo cual sugiere que los invasores desplazaron genéticamente a los varones autóctonos pre-indoeuropeos tras mezclarse con sus mujeres.

Si cambiamos de perspectiva temporal y en lugar de hablar de miles de años nos concentrarnos en una cadena de unas pocas generaciones de madres e hijas relativamente próximas a nosotros, identificadas con nombres, fechas y lugares de nacimiento, entramos en el terreno de la genealogía tradicional. En otras palabras, podemos intentar hacer "un zoom" del linaje matrilineal extendido que típicamente analizan los genetistas a lo largo de miles de años para concentrarnos solo en el segmento final de ese linaje y construir un "árbol genealógico" de una sola rama; una rama femenina que comparte ADN mitocondrial. Desde este punto de vista, a través de la investigación genealógica (partidas de bautismo y matrimonio, principalmente) he trazado mi linaje matrilineal ascendente (y el de mis hermanos y primos que son hijos de hermanas de mi madre) hasta nueve generaciones atrás, con el resultado que muestro gráficamente abajo. La primera mujer con nombre y apellidos verificados que portó en mi familia el haplotipo mitocondrial H3 asociado a ese linaje nació en Lucena, Córdoba hacia el año 1700 y se llamaba Beatriz.

Friday, March 18, 2016

Wagner llega a Madrid

Calle de San Vicente Ferrer, Madrid
Era madrileño, nacido en la calle de San Vicente Alta (hoy San Vicente Ferrer) y bautizado el 23 de enero de 1843 en la madrileña iglesia de San Ildefonso. Pero su apellido delataba su sangre italiana. Su abuelo, Vincenzo Morelli, había venido de Roma hacia 1785 y se había casado con una madrileña llamada Rafaela Abad.

Quizás por eso el joven Fructuoso José Morelli, al que todos llamaban simplemente José, se sintió atraído por la música y no adoptó el oficio de encuadernador de su padre Manuel. De hecho, apenas le conoció, pues se enroló en el ejército y desapareció de la vida de su hijo cuando éste era aún un niño de muy corta edad. Su madre también le abandonó pronto para fundar un nuevo hogar lejos de Madrid, en San Roque, Cádiz, donde se casó con un Sargento de Carabineros y murió, aun joven, de sobreparto.

Sentó plaza en el ejército, con solo 13 años, y allí pasó su primera juventud hasta que, con 21 años, en julio de 1864, se dio de baja del Batallón Provincial nº 43 de Madrid, acuartelado en el convento de San Francisco. Curiosamente, y este es uno de los muchos enigmas con que nos encontramos al tratar de reconstruir su biografía, en junio del año anterior aparece entre los alumnos premiados del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid, y en marzo de 1864, antes de producirse su baja del ejército, entre los alumnos de ese mismo conservatorio que, junto con músicos de las orquestas del Teatro de la Zarzuela y el Teatro Real, interpretarían, por primera vez, la música de Wagner en Madrid. ¿Cómo podía estar a la vez el joven Morelli enrolado en el ejército y estudiando música en el Conservatorio? ¿Quién pagaba sus estudios? No lo sabemos.

El estreno de Wagner en Madrid tuvo lugar bajo la dirección del gran maestro Francisco Asenjo Barbieri y, para hacernos una idea de la relevancia de este evento, recordemos que en esa época prácticamente la única forma de disfrutar de la música era presencialmente y, por tanto, los asistentes que llenarion el salón grande del Conservatorio de Música en el Teatro Real aquel 13 de marzo de 1864 fueron los primeros madrileños en escuchar, seguramente boquiabiertos, los acordes de la Marcha Freudig begrüßen wir die edle Halle del Acto II de Tannhäuser ejecutados por, entre otros, un joven trompa de 21 años llamado Fructuoso José Morelli. 


El Teatro Real de Madrid, sede del Conservatorio en 1864

El sargento Ángel Rodríguez


Sobre con la hoja de servicio del Sgto. Rodríguez
Acudí puntualmente a la cita en el Cuartel de Intxaurrondo en Donostia. Tras identificarme en la garita de entrada, un vehículo de la Guardia Civil conducido por un joven y amable guardia con acento gallego se acercó a recogerme. El guardia, que no se separaría de mi lado durante mi visita a las instalaciones, me condujo a lo largo de pasillos, salas y puestos de control hasta llegar al sitio indicado. Allí me esperaban un grupo de guardias civiles que al vernos entrar se pusieron de pie y comentaron entre sí "éste es el hombre". Una vez les hube mostrado mi identificación, uno de ellos se adelantó y de un modo casi solemne me hizo entrega de un sobre estampado con el sello confidencial. "Este es el expediente del Sargento D. Ángel Rodríguez", me dijo. Me estremecí ligeramente. Muchos años después de que la memoria del sargento se desvaneciese con la última persona que le conoció, yo, un descendiente suyo le recibía de vuelta a la vida al coger ese sobre que me entregaban hombres del Cuerpo al que perteneció.

Santa Cruz de las Ermitas
Ángel era gallego, como el guardia que me escoltó durante mi visita al cuartel de Intxaurrondo. Nació a principios de marzo de 1834 en el bonito pueblo de Santa Cruz de las Ermitas, en Orense, durante una madrugada que seguramente sería fría y lluviosa. Su madre, Sabina, tuvo un parto difícil. El padre, Manuel, temiendo por la vida del niño, le administró el bautismo de socorro y le dio el nombre del ángel de la Guarda, a quien nombró su abogado. Ángel sobrevivió, creció y se hizo labrador como su padre y sus abuelos.

Primera fotografía tomada a un guardia civil,
en Reinosa, Santander, hacia 1857.

Sin embargo, el chico parecía estar animado por ese impulso que, incluso antes de que la migración a la ciudad se convirtiese en un fenómeno generalizado, llevó de siempre a algunos jóvenes -los más aventureros, los más díscolos o los más ambiciosos- a abandonar la aldea de sus padres.

Con 20 años deja el pueblo para ingresar como quinto en el ejército. Estuvo un año destinado en Cantabria, pero en septiembre de 1855 decide incorporarse a la Guardia Civil, cuerpo que había sido creado por el Duque de Ahumada apenas 11 años antes. En su hoja de servicios se le describe como un joven de pelo y ojos negros, tez morena, nariz y estatura regular. Su primer destino fue Badajoz, pero en abril de 1862, con 28 años, sería enviado al puesto de Villanueva de la Vera, en Cáceres, donde conoce a una joven del lugar, Gregoria Sánchez, 5 años menor que él, con la que es autorizado a casarse dos años después.

Saturday, March 12, 2016

Arrancados del altar

En octubre de 1730, ante el altar mayor de la iglesia del hoy desaparecido Convento de la Puridad de Valencia, se consumaba una alianza de riqueza y poder. El novio era Don Juan Diego Verdes Montenegro y Castro Basanta, de 41 años, caballero de la Orden de Santiago, miembro del Consejo de Su Majestad en el Tribunal de la Contaduría Mayor y Contador Principal del Reino y del ejercito de Valencia. Era hijo de Francisco Verdes Montenegro, Señor de Sistallo, y hermano de Fernando Verdes Montenegro, que había sido ministro de Hacienda del Rey Felipe V y era en ese momento miembro del Consejo de Indias. Don Juan Diego pertenecía, por tanto, a una hidalga familia gallega que comenzaba a forjar una dinastía política en la España de la época.

La novia, la joven Mariana de Tárrega y Sanz de la Llosa, de apenas 21 años, era, por parte de su abuela, Jesualda Sanz de la Llosa Sanz de Alboy y Sanz de Señera, la heredera de los señoríos de Benemejís y Señera en Xàtiva, que habían sido poseídos por los Sanz desde los tiempos de la reconquista de Valencia por el rey Don Jaime. Por parte de madre, Doña Mariana era nieta de Fausta de Malferit y de Jacinto Roca y Ferrer, marqueses de Malferit, uno de los principales títulos de la nobleza valenciana.

Antiguo emplazamiento del Convento de la Puridad en Valencia
De la importancia de la ceremonia matrimonial daría fe el rango de los asistentes. Fue presidida por el Doctor en Derecho Don Pedro Antonio de Arenaza y Garate, Oidor de Causas Pías y Matrimoniales, enviado especial del Ilustrísimo Arzobispo de Valencia, y actuaron como testigos tres miembros de la nobleza titulada de origen valenciano: Don Giner de Perellos, Marqués de Dos Aguas, Don Manuel Ferrer, Caballero del hábito de Santiago y Marqués de Sot, pariente de la novia, y Don Nicolas Castellví, Barón de Bicorp y Conde de Castellá.

Palacio de los Escrivá, adquirido por los Verdes Montenegro
Durante los siguientes 30 años todo parecía favorable a la perpetuación y engrandecimiento de esta poderosa alianza. En 1735 nacía el único hijo varón de Juan Diego y Mariana que sobreviviría a la infancia, y al que bautizaron en la iglesia de San Esteban con los nombres de Francisco de Paula Vicent Jochim Manuel Juseph Esteve Luys. Francisco de Paula recibió la preparación que correspondía al heredero de tan principal pareja. Así, en 1745, antes de cumplir los 10 años, probó nobleza para ingresar en la Orden de Santiago, como lo había hecho años atrás su padre.

Por su parte, Don Juan Diego, con una clara visión dinástica, no sólo emprendió vastas reformas en un palacio gótico próximo a la iglesia de San Esteban, adquirido a la familia Escrivá, sino que, tras convertirse en principal patrono y benefactor del Convento de San José, hizo de la capilla de Santa Teresa su panteón y el de sus descendientes. En dicha capilla, según las crónicas, “se construyó una nueva cubierta de cúpula de media naranja con lunetos y se instaló un zócalo de azulejos con el blasón de los Verdes-Montenegro”. El plan pareció alcanzar su clímax en 1762, cuando el Rey D. Carlos III concedió a Mariana el título de marquesa de Benemejís por los grandes servicios pecuniarios prestados al Estado. Se cimentaban así las bases de la dinastía.


Friday, March 11, 2016

Bernard y Juana

Iglesia de San Michel de Cazavet

En el mes de febrero del año 1726, tuvo lugar una peculiar doble ceremonia matrimonial en la pequeña iglesia de San Michel de Cazavet, situada en el extremo oriental de la Gascuña francesa, cerca de los Pirineos. Los hermanos Arnaud y Marie Antras desposaron a los hermanos Marie y André Bourdieu. Ambas parejas pronto tendrían descendencia. De Arnaud y Marie nacieron Martin, Pierre, Marguerite, André y, cuando Marie era ya una mujer de 42 años, el pequeño Bernard, que vino al mundo el 28 de enero de 1743 y fue bautizado ese mismo día.

A diferencia de sus primos, que, como todas las generaciones que les precedieron, se casaron, tuvieron hijos y murieron en Cazavet, los hijos de Arnaud y Marie abandonan pronto el pueblo y se pierde su rastro en los registros eclesiásticos. De todos menos del pequeño Bernard, de quien sabemos que en diciembre de 1784, siendo ya un hombre de 41 años, contrajo matrimonio en la localidad española de Lucena, Córdoba con una chica del lugar, Juana María Moreno.

Puente romano y ciudad de Córdoba
No sabemos por dónde anduvo Bernard durante los años trascurridos desde que dejó su pequeño rincón de los Pirineos franceses hasta llegar a Lucena. Lo cierto es que parece haber echado raíces en su nueva tierra. En 1786 tiene un hijo con Juana María, al que bautizaron como Gregorio, que pasados los años también contraería matrimonio con una chica del lugar, Josefa Lozano, hija de un oficial del regimiento de los Dragones de Lusitania. La nieta de ambos, María Emilia Araceli Magdalena Hidalgo y Antrás, nacida en la luminosa ciudad de Córdoba en 1843, se casó con el madrileño José Morelli, mi tatarabuelo, y murió en Madrid a las 7 de la tarde del 30 de agosto de 1897 en el Hospital de la Princesa.

Y así termina el viaje emprendido por el valiente Bernard Antras cuando decidió dejar la pequeña y remota localidad de Cazavet. O a lo mejor no ha terminado, sino que continúa aquí, esta noche, en mi casa de Donostia, mientras escribo esta historia.