Sunday, March 20, 2016

El linaje femenino

Hoy quiero postear un relato de otro tipo; uno que no exige mucha narrativa, pues se cuenta por sí mismo. El relato se refiere al linaje matrilineal de la familia; es decir, la línea que comprende solamente a las madres y sus hijas.

Distribución del haplogrupo H3 en Europa. Fuente: Eupedia.
Desde el punto de vista de los estudios genéticos, la característica principal de un linaje matrilineal es que todas las mujeres de ese linaje comparten a lo largo de muchas generaciones un único ADN mitocondrial. En el caso de mi linaje materno, ese ADN viene caracterizado por el haplotipo o marcador genético mt-DNA H3. Lo sé porque mi ADN ha sido analizado como parte del proyecto Genographic, y aunque los varones no transmitimos el ADN mitocondrial, somos portadores del de nuestras madres. El haplotipo H3 se cree que pudo estar presente en las mujeres que habitaron el refugio climático Franco-Cantábrico durante la última glaciación, que terminó hace unos doce mil años. Esto no sólo explicaría su patrón de distribución en Europa occidental, a dónde se expandiría finalizado el período glaciar, sino su concentración relativamente elevada en zonas como el País Vasco. Se da la circunstancia de que en muestras de ADN del neolítico, de hace entre 4.000 y 5.000 años, el ADN masculino (el haplotipo del cromosoma Y) tiende a ser el R1B de los invasores indoeuropeos mientras que el femenino es persistentemente el H (sobre todo H1 y H3), lo cual sugiere que los invasores desplazaron genéticamente a los varones autóctonos pre-indoeuropeos tras mezclarse con sus mujeres.

Si cambiamos de perspectiva temporal y en lugar de hablar de miles de años nos concentrarnos en una cadena de unas pocas generaciones de madres e hijas relativamente próximas a nosotros, identificadas con nombres, fechas y lugares de nacimiento, entramos en el terreno de la genealogía tradicional. En otras palabras, podemos intentar hacer "un zoom" del linaje matrilineal extendido que típicamente analizan los genetistas a lo largo de miles de años para concentrarnos solo en el segmento final de ese linaje y construir un "árbol genealógico" de una sola rama; una rama femenina que comparte ADN mitocondrial. Desde este punto de vista, a través de la investigación genealógica (partidas de bautismo y matrimonio, principalmente) he trazado mi linaje matrilineal ascendente (y el de mis hermanos y primos que son hijos de hermanas de mi madre) hasta nueve generaciones atrás, con el resultado que muestro gráficamente abajo. La primera mujer con nombre y apellidos verificados que portó en mi familia el haplotipo mitocondrial H3 asociado a ese linaje nació en Lucena, Córdoba hacia el año 1700 y se llamaba Beatriz.

Friday, March 18, 2016

Wagner llega a Madrid

Calle de San Vicente Ferrer, Madrid
Era madrileño, nacido en la calle de San Vicente Alta (hoy San Vicente Ferrer) y bautizado el 23 de enero de 1843 en la madrileña iglesia de San Ildefonso. Pero su apellido delataba su sangre italiana. Su abuelo, Vincenzo Morelli, había venido de Roma hacia 1785 y se había casado con una madrileña llamada Rafaela Abad.

Quizás por eso el joven Fructuoso José Morelli, al que todos llamaban simplemente José, se sintió atraído por la música y no adoptó el oficio de encuadernador de su padre Manuel. De hecho, apenas le conoció, pues se enroló en el ejército y desapareció de la vida de su hijo cuando éste era aún un niño de muy corta edad. Su madre también le abandonó pronto para fundar un nuevo hogar lejos de Madrid, en San Roque, Cádiz, donde se casó con un Sargento de Carabineros y murió, aun joven, de sobreparto.

Sentó plaza en el ejército, con solo 13 años, y allí pasó su primera juventud hasta que, con 21 años, en julio de 1864, se dio de baja del Batallón Provincial nº 43 de Madrid, acuartelado en el convento de San Francisco. Curiosamente, y este es uno de los muchos enigmas con que nos encontramos al tratar de reconstruir su biografía, en junio del año anterior aparece entre los alumnos premiados del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid, y en marzo de 1864, antes de producirse su baja del ejército, entre los alumnos de ese mismo conservatorio que, junto con músicos de las orquestas del Teatro de la Zarzuela y el Teatro Real, interpretarían, por primera vez, la música de Wagner en Madrid. ¿Cómo podía estar a la vez el joven Morelli enrolado en el ejército y estudiando música en el Conservatorio? ¿Quién pagaba sus estudios? No lo sabemos.

El estreno de Wagner en Madrid tuvo lugar bajo la dirección del gran maestro Francisco Asenjo Barbieri y, para hacernos una idea de la relevancia de este evento, recordemos que en esa época prácticamente la única forma de disfrutar de la música era presencialmente y, por tanto, los asistentes que llenarion el salón grande del Conservatorio de Música en el Teatro Real aquel 13 de marzo de 1864 fueron los primeros madrileños en escuchar, seguramente boquiabiertos, los acordes de la Marcha Freudig begrüßen wir die edle Halle del Acto II de Tannhäuser ejecutados por, entre otros, un joven trompa de 21 años llamado Fructuoso José Morelli. 


El Teatro Real de Madrid, sede del Conservatorio en 1864

El sargento Ángel Rodríguez


Sobre con la hoja de servicio del Sgto. Rodríguez
Acudí puntualmente a la cita en el Cuartel de Intxaurrondo en Donostia. Tras identificarme en la garita de entrada, un vehículo de la Guardia Civil conducido por un joven y amable guardia con acento gallego se acercó a recogerme. El guardia, que no se separaría de mi lado durante mi visita a las instalaciones, me condujo a lo largo de pasillos, salas y puestos de control hasta llegar al sitio indicado. Allí me esperaban un grupo de guardias civiles que al vernos entrar se pusieron de pie y comentaron entre sí "éste es el hombre". Una vez les hube mostrado mi identificación, uno de ellos se adelantó y de un modo casi solemne me hizo entrega de un sobre estampado con el sello confidencial. "Este es el expediente del Sargento D. Ángel Rodríguez", me dijo. Me estremecí ligeramente. Muchos años después de que la memoria del sargento se desvaneciese con la última persona que le conoció, yo, un descendiente suyo le recibía de vuelta a la vida al coger ese sobre que me entregaban hombres del Cuerpo al que perteneció.

Santa Cruz de las Ermitas
Ángel era gallego, como el guardia que me escoltó durante mi visita al cuartel de Intxaurrondo. Nació a principios de marzo de 1834 en el bonito pueblo de Santa Cruz de las Ermitas, en Orense, durante una madrugada que seguramente sería fría y lluviosa. Su madre, Sabina, tuvo un parto difícil. El padre, Manuel, temiendo por la vida del niño, le administró el bautismo de socorro y le dio el nombre del ángel de la Guarda, a quien nombró su abogado. Ángel sobrevivió, creció y se hizo labrador como su padre y sus abuelos.

Primera fotografía tomada a un guardia civil,
en Reinosa, Santander, hacia 1857.

Sin embargo, el chico parecía estar animado por ese impulso que, incluso antes de que la migración a la ciudad se convirtiese en un fenómeno generalizado, llevó de siempre a algunos jóvenes -los más aventureros, los más díscolos o los más ambiciosos- a abandonar la aldea de sus padres.

Con 20 años deja el pueblo para ingresar como quinto en el ejército. Estuvo un año destinado en Cantabria, pero en septiembre de 1855 decide incorporarse a la Guardia Civil, cuerpo que había sido creado por el Duque de Ahumada apenas 11 años antes. En su hoja de servicios se le describe como un joven de pelo y ojos negros, tez morena, nariz y estatura regular. Su primer destino fue Badajoz, pero en abril de 1862, con 28 años, sería enviado al puesto de Villanueva de la Vera, en Cáceres, donde conoce a una joven del lugar, Gregoria Sánchez, 5 años menor que él, con la que es autorizado a casarse dos años después.

Saturday, March 12, 2016

Arrancados del altar

En octubre de 1730, ante el altar mayor de la iglesia del hoy desaparecido Convento de la Puridad de Valencia, se consumaba una alianza de riqueza y poder. El novio era Don Juan Diego Verdes Montenegro y Castro Basanta, de 41 años, caballero de la Orden de Santiago, miembro del Consejo de Su Majestad en el Tribunal de la Contaduría Mayor y Contador Principal del Reino y del ejercito de Valencia. Era hijo de Francisco Verdes Montenegro, Señor de Sistallo, y hermano de Fernando Verdes Montenegro, que había sido ministro de Hacienda del Rey Felipe V y era en ese momento miembro del Consejo de Indias. Don Juan Diego pertenecía, por tanto, a una hidalga familia gallega que comenzaba a forjar una dinastía política en la España de la época.

La novia, la joven Mariana de Tárrega y Sanz de la Llosa, de apenas 21 años, era, por parte de su abuela, Jesualda Sanz de la Llosa Sanz de Alboy y Sanz de Señera, la heredera de los señoríos de Benemejís y Señera en Xàtiva, que habían sido poseídos por los Sanz desde los tiempos de la reconquista de Valencia por el rey Don Jaime. Por parte de madre, Doña Mariana era nieta de Fausta de Malferit y de Jacinto Roca y Ferrer, marqueses de Malferit, uno de los principales títulos de la nobleza valenciana.

Antiguo emplazamiento del Convento de la Puridad en Valencia
De la importancia de la ceremonia matrimonial daría fe el rango de los asistentes. Fue presidida por el Doctor en Derecho Don Pedro Antonio de Arenaza y Garate, Oidor de Causas Pías y Matrimoniales, enviado especial del Ilustrísimo Arzobispo de Valencia, y actuaron como testigos tres miembros de la nobleza titulada de origen valenciano: Don Giner de Perellos, Marqués de Dos Aguas, Don Manuel Ferrer, Caballero del hábito de Santiago y Marqués de Sot, pariente de la novia, y Don Nicolas Castellví, Barón de Bicorp y Conde de Castellá.

Palacio de los Escrivá, adquirido por los Verdes Montenegro
Durante los siguientes 30 años todo parecía favorable a la perpetuación y engrandecimiento de esta poderosa alianza. En 1735 nacía el único hijo varón de Juan Diego y Mariana que sobreviviría a la infancia, y al que bautizaron en la iglesia de San Esteban con los nombres de Francisco de Paula Vicent Jochim Manuel Juseph Esteve Luys. Francisco de Paula recibió la preparación que correspondía al heredero de tan principal pareja. Así, en 1745, antes de cumplir los 10 años, probó nobleza para ingresar en la Orden de Santiago, como lo había hecho años atrás su padre.

Por su parte, Don Juan Diego, con una clara visión dinástica, no sólo emprendió vastas reformas en un palacio gótico próximo a la iglesia de San Esteban, adquirido a la familia Escrivá, sino que, tras convertirse en principal patrono y benefactor del Convento de San José, hizo de la capilla de Santa Teresa su panteón y el de sus descendientes. En dicha capilla, según las crónicas, “se construyó una nueva cubierta de cúpula de media naranja con lunetos y se instaló un zócalo de azulejos con el blasón de los Verdes-Montenegro”. El plan pareció alcanzar su clímax en 1762, cuando el Rey D. Carlos III concedió a Mariana el título de marquesa de Benemejís por los grandes servicios pecuniarios prestados al Estado. Se cimentaban así las bases de la dinastía.


Friday, March 11, 2016

Bernard y Juana

Iglesia de San Michel de Cazavet

En el mes de febrero del año 1726, tuvo lugar una peculiar doble ceremonia matrimonial en la pequeña iglesia de San Michel de Cazavet, situada en el extremo oriental de la Gascuña francesa, cerca de los Pirineos. Los hermanos Arnaud y Marie Antras desposaron a los hermanos Marie y André Bourdieu. Ambas parejas pronto tendrían descendencia. De Arnaud y Marie nacieron Martin, Pierre, Marguerite, André y, cuando Marie era ya una mujer de 42 años, el pequeño Bernard, que vino al mundo el 28 de enero de 1743 y fue bautizado ese mismo día.

A diferencia de sus primos, que, como todas las generaciones que les precedieron, se casaron, tuvieron hijos y murieron en Cazavet, los hijos de Arnaud y Marie abandonan pronto el pueblo y se pierde su rastro en los registros eclesiásticos. De todos menos del pequeño Bernard, de quien sabemos que en diciembre de 1784, siendo ya un hombre de 41 años, contrajo matrimonio en la localidad española de Lucena, Córdoba con una chica del lugar, Juana María Moreno.

Puente romano y ciudad de Córdoba
No sabemos por dónde anduvo Bernard durante los años trascurridos desde que dejó su pequeño rincón de los Pirineos franceses hasta llegar a Lucena. Lo cierto es que parece haber echado raíces en su nueva tierra. En 1786 tiene un hijo con Juana María, al que bautizaron como Gregorio, que pasados los años también contraería matrimonio con una chica del lugar, Josefa Lozano, hija de un oficial del regimiento de los Dragones de Lusitania. La nieta de ambos, María Emilia Araceli Magdalena Hidalgo y Antrás, nacida en la luminosa ciudad de Córdoba en 1843, se casó con el madrileño José Morelli, mi tatarabuelo, y murió en Madrid a las 7 de la tarde del 30 de agosto de 1897 en el Hospital de la Princesa.

Y así termina el viaje emprendido por el valiente Bernard Antras cuando decidió dejar la pequeña y remota localidad de Cazavet. O a lo mejor no ha terminado, sino que continúa aquí, esta noche, en mi casa de Donostia, mientras escribo esta historia.