Sunday, October 21, 2018

Breve historia genealógica de las Rojas

Índice


Presentación
Capítulo 1: Toña Rojas
Capítulo 2: Juliana Velázquez
Capítulo 3: los Romero
Capítulo 4: los Rojas
Capítulo 5: los padrinos de bautismo
Capítulo 6: María Dolores de Rojas
Capítulo 7: ¿eran las Rojas personas “blancas”?


Presentación


La idea de este relato es dejar testimonio escrito de los resultados de mi investigación acerca de la historia y la genealogía de las familias Rojas, Velázquez y Romero, de la isla de Margarita. Esa investigación me ha llevado a revisar de manera exhaustiva los libros parroquiales de la iglesia de Santa Ana del Norte, los cuales fueron microfilmados por la Iglesia de los Mormones en la década de los 90 y recientemente han sido digitalizados para su acceso por Internet. No obstante, las partidas contenidas en los libros no están indexadas -es decir, su contenido no ha sido volcado en registros que puedan ser explorados con un motor de búsqueda-, lo que implica que la búsqueda de personas debe hacerse mirando imagen por imagen y descifrando la en ocasiones difícil caligrafía de los párrocos.

Aunque empecé este trabajo en el año 2016, y pude encontrar entonces las partidas de bautismo de las hermanas Rojas, hijas de Antonia (Toña), llegué rápidamente a un punto muerto por desconocer el nombre de los padres de Antonia y el del padre de sus hijas. Sin embargo, a finales del año pasado llegó a mis manos, por intermedio de mi prima América Gil Villalba, un borrador manuscrito con un árbol genealógico de las hermanas que se remontaba a Juliana Josefa Velázquez, abuela materna de Toña. A pesar de que el borrador -elaborado por Rosa Rojas, nieta de Toña, y su hija Rosdely Lárez Rojas- no tenía indicaciones de fechas de bautismo o matrimonio, fue suficiente para reemprender la investigación con nuevos bríos.

El resultado creo que ha sido satisfactorio teniendo en cuenta las enormes dificultades que ha supuesto el mal estado de conservación de los libros de bautismo, defunción y matrimonio (los llamados libros sacramentales) de Santa Ana, sumado a la pérdida completa de algunos de esos libros y la frecuente rotura de páginas de los que han logrado sobrevivir. A todo ello hay que agregar que el contenido de los microfilmes de los mormones, con sus docenas de miles de imágenes, a menudo no guarda orden cronológico y contiene una mezcla de documentos de distinta época o naturaleza. He tenido, por tanto, que hacer un trabajo previo de catalogación y preparación de índices del contenido de los microfilmes que ha consumido, como mínimo, la mitad del tiempo dedicado a la revisión y búsqueda en sí de partidas de bautismo, matrimonio y defunción. Lo que sigue es una narración basada en lo logrado tras completar mi investigación.


Monday, August 13, 2018

La Margarita, Indias españolas, año 1700

Prólogo: en un lugar de las Indias



La isla Margarita o simplemente La Margarita, como se la conocía en los vastos territorios de la Monarquía española en América durante la época virreinal, fue testigo de algunos de los primeros asentamientos europeos en las Indias, más antiguos que los de Tierra Firme. Era parte de un Nuevo Mundo que en sus orígenes fue sobre todo antillano y en el que los centros de poder estaban en Puerto Rico, cuyo obispo ejerció jurisdicción eclesiástica sobre la isla hasta finales del siglo XVIII, y en Santo Domingo, de cuya Real Audiencia dependió política y administrativamente hasta 1739. En la época en que se inicia nuestro relato -principios del siglo XVIII- La Margarita permanecía más conectada con ese mundo que con la provincia de Venezuela, a la que entonces no pertenecía.

Era una tierra yerma y semi árida, sin ríos o corrientes permanentes de agua, sin yacimientos de oro ni recursos importantes una vez agotadas las pesquerías de perlas de Cubagua hacia 1535. Pero incluso en ese remoto rincón, la Monarquía española -que así llamaban los españoles de la época a su imperio- desplegó sus instituciones e implantó su jerarquizado sistema social. Éste encontraba fiel y perfecto reflejo en los libros parroquiales, donde se llevaba un cuidadoso registro de los nacimientos, matrimonios y defunciones de los habitantes de La Margarita: había un libro de “blancos y españoles” para los descendientes de los conquistadores y colonos originales y de los españoles venidos después; un libro de guaiqueríes, que era la denominación de la población indígena de la isla; y, finalmente, un libro de “esclavos, pardos y mestizos”. Para un ojo entrenado, el examen atento de estos libros es como abrir un portal temporal a La Margarita de entonces.

Portada del libro de matrimonios de blancos de 1713. Iglesia parroquial de Santa Ana del Norte

¿Cómo era la isla Margarita en la última década del siglo XVII y la primera mitad del XVIII?

Era una sociedad pobre en comparación con los grandes centros virreinales de las Indias, como lo atestigua la modestia de las construcciones que se han conservado de la época: la antigua iglesia matriz de la población de La Asunción; la iglesia parroquial de la villa de Santa Ana; o las fortificaciones de los puertos de Pampatar y Juangriego, que no resisten comparación con los impresionantes sistemas defensivos construidos por los españoles en Cartagena de Indias, La Habana o Puerto Rico. No había apenas suelos fértiles ni recursos hídricos que permitiesen una actividad agrícola importante, más allá de la de subsistencia, y las principales actividades económicas consistían en la pesca y el pastoreo.

Los habitantes de la isla se dividían principalmente entre los de La Ciudad, que es como se hacía referencia a la localidad de La Asunción, y los de El Valle, que eran los de la villa de Santa Ana y su comarca, conocida también como el Valle del Norte. Ésta extendía su jurisdicción hasta el puerto de Juangriego y el valle de Pedro González por el norte y hasta el de Tacarigua por el sureste. Además de la ciudad de la Asunción y del Valle del Norte, había otros cinco partidos: el valle de San José de Paraguachí, el puerto principal de Pampatar, el valle del Espíritu Santo, el valle de San Juan Bautista y el valle de Los Robles.

Plano de la isla Margarita por Juan Betín, 1660. Se puede ver (13) Santa Ana del Norte y (6) La Asunción.

Monday, February 5, 2018

Una historia genealógica de los Olivo (3a edición)

Caracas, con la basílica de Sta.Teresa y el Teatro Municipal al fondo

Prefacio

A principios de julio de 1814, tras un rosario de derrotas de los rebeldes independentistas frente a las tropas leales al rey de España, lideradas por un caudillo asturiano llamado José Tomas Boves, la  Segunda República de Venezuela estaba a punto de caer.

Los habitantes de Caracas, aterrados ante la inminente entrada en la ciudad del feroz caudillo, emprendieron el día 7 de julio una desesperada huida a pie hacia la ciudad de Barcelona, situada en la zona oriental de la provincia. De los aproximadamente veinte mil caraqueños que se calcula que marcharon, solo sobrevivirían unos nueve mil [1]. Los demás fueron diezmados por las tropas de Boves y su segundo Francisco Tomás Morales o bien sucumbieron ante las penurias del camino.

Algunos, sin embargo, fueron relativamente más afortunados, pues pudieron huir por mar a diversas islas del Caribe, entre ellas Trinidad, Jamaica y la isla danesa de Saint Thomas, situada a cinco días de navegación desde el puerto de La Guaira y en ese momento bajo control británico. En efecto, el mismo día 7 de julio, al menos ochocientas personas, en su mayoría mujeres y niños, lograron embarcar hacia Saint Thomas prácticamente con lo puesto [1].

Vista del puerto de Charlotte Amalie por Carl Bille
Con esta isla, había existido durante décadas un importante tráfico comercial desde Puerto Cabello y La Guaira que las autoridades españolas a veces toleraron y otras persiguieron, pero nunca pudieron impedir. Hay constancia de que “Puerto Cabello y La Guaira, para el momento en que se instauró la Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII en 1810, estaba inundada de barcos ingleses provenientes de San Thomas” [1]. Su capital Charlotte Amalie, por su condición de puerto libre y centro de un intenso tráfico naviero, donde confluían y vivían en armonía ciudadanos holandeses, irlandeses, alemanes y franceses de todas las religiones, fue un refugio relativamente seguro para muchos venezolanos exiliados durante los años más duros de la guerra que se libraba en la provincia de Venezuela. La mayoría de estos exiliados salvaron la vida, pero poco más. Según las memorias de un anónimo legionario británico que se encontraba en la isla en 1816 [1]:

“…La isla de San Thomas brindó asilo a numerosas familias, refugiados de las costas españolas en el Caribe; una parte de la ciudad está exclusivamente ocupada por estos infortunados, muchos quienes han escapado con su mera existencia; su miseria fue de hecho extrema…”

Entre los exiliados venezolanos se encontraban los hermanos José Bernardo y Lázaro Olivo, naturales de Puerto Cabello. De ellos, de sus otros hermanos y de sus descendientes trata principalmente este relato.