Monday, February 5, 2018

Una historia genealógica de los Olivo (3a edición)

Caracas, con la basílica de Sta.Teresa y el Teatro Municipal al fondo

Prefacio

A principios de julio de 1814, tras un rosario de derrotas de los rebeldes independentistas frente a las tropas leales al rey de España, lideradas por un caudillo asturiano llamado José Tomas Boves, la  Segunda República de Venezuela estaba a punto de caer.

Los habitantes de Caracas, aterrados ante la inminente entrada en la ciudad del feroz caudillo, emprendieron el día 7 de julio una desesperada huida a pie hacia la ciudad de Barcelona, situada en la zona oriental de la provincia. De los aproximadamente veinte mil caraqueños que se calcula que marcharon, solo sobrevivirían unos nueve mil [1]. Los demás fueron diezmados por las tropas de Boves y su segundo Francisco Tomás Morales o bien sucumbieron ante las penurias del camino.

Algunos, sin embargo, fueron relativamente más afortunados, pues pudieron huir por mar a diversas islas del Caribe, entre ellas Trinidad, Jamaica y la isla danesa de Saint Thomas, situada a cinco días de navegación desde el puerto de La Guaira y en ese momento bajo control británico. En efecto, el mismo día 7 de julio, al menos ochocientas personas, en su mayoría mujeres y niños, lograron embarcar hacia Saint Thomas prácticamente con lo puesto [1].

Vista del puerto de Charlotte Amalie por Carl Bille
Con esta isla, había existido durante décadas un importante tráfico comercial desde Puerto Cabello y La Guaira que las autoridades españolas a veces toleraron y otras persiguieron, pero nunca pudieron impedir. Hay constancia de que “Puerto Cabello y La Guaira, para el momento en que se instauró la Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII en 1810, estaba inundada de barcos ingleses provenientes de San Thomas” [1]. Su capital Charlotte Amalie, por su condición de puerto libre y centro de un intenso tráfico naviero, donde confluían y vivían en armonía ciudadanos holandeses, irlandeses, alemanes y franceses de todas las religiones, fue un refugio relativamente seguro para muchos venezolanos exiliados durante los años más duros de la guerra que se libraba en la provincia de Venezuela. La mayoría de estos exiliados salvaron la vida, pero poco más. Según las memorias de un anónimo legionario británico que se encontraba en la isla en 1816 [1]:

“…La isla de San Thomas brindó asilo a numerosas familias, refugiados de las costas españolas en el Caribe; una parte de la ciudad está exclusivamente ocupada por estos infortunados, muchos quienes han escapado con su mera existencia; su miseria fue de hecho extrema…”

Entre los exiliados venezolanos se encontraban los hermanos José Bernardo y Lázaro Olivo, naturales de Puerto Cabello. De ellos, de sus otros hermanos y de sus descendientes trata principalmente este relato.


Catedral católica de los Santos Pedro y Pablo en la isla de Saint Thomas

Índice

Este relato ha quedado muy largo para lo que suele ser un artículo en una página web personal. Para facilitar su lectura por partes, si así lo decide el lector, pongo a continuación una tabla resumen de las secciones o capítulos con los que se va a encontrar:

Capítulo 1. Los primeros Olivo

Los Olivo Lara: la rama de Caracas
Los Olivo Moreno: la rama de Puerto Cabello
Los Olivo Espinosa: la rama de Valencia
Los Olivo González: el breve linaje de Rafael Olivo
Los Michelena Olivo: abuelos de Arturo Michelena
Los Valero Olivo: los descendientes de Magdalena

Capítulo 2. El asunto Lázaro

Capítulo 3. Las siguientes generaciones

A. Los Olivo Martínez: la familia de J.M.Olivo Martínez y de Francisco Olivo
B. Los Olivo Antonini: la rama del umpire Roberto Olivo
C. Los Egañez Olivo: los descendientes de la esclava Fausta
D. Los Olivo Vautrin: la rama que permaneció en Valencia
E. Los Olivo Ochoa: los últimos de Puerto Cabello
F. El General Adolfo Antonio Olivo y los Olivo Rivas
G. Los Michelena Castillo: la familia de Arturo Michelena

Capítulo 4. Los “Antonios” de Puerto Cabello

Capítulo 5. Los “otros” Olivo

Los Oliva blancos de Chacao y El Hatillo y sus descendientes de apellido Olivo
Los Oliva negros de El Hatillo y Petare y sus descendientes de apellido Olivo
Los Oliva negros de Chacao y sus descendientes en La Candelaria y San José
Los Olivo italianos
Los Olivo canarios
Misceláneos

Capítulo 6. Los barrios de los Olivo en Caracas

Epílogo: ¿Quién fue Mateo Olivo?

Anexo 1: Acerca de esta investigación

Anexo 2: El origen del apellido

Fuentes

Capítulo 1. Los primeros Olivo

José Bernardo y Lázaro Olivo, exiliados en Saint Thomas tras la caída de la Segunda República en 1814, eran hijos de don Juan Félix Olivo y de su esposa, doña Bernarda Martínez, quienes habían contraído matrimonio en Naguanagua, entonces una parroquia foránea de la ciudad de Valencia, Venezuela, el 10 de marzo de 1787. Juan Félix era, a su vez, hijo de Martín Nicolás Olivo y de María Mónica Fuenmayor, y Bernarda de Antonio Martínez y de María Francisca Guevara.

Se sabe que don Juan Félix poseía esclavos en Puerto Cabello, pues en una partida de bautismo de la iglesia de San José Obrero de esa ciudad, fechada el 7 de octubre de 1812, se hace referencia a una esclava suya llamada Mª del Rosario, madre de la criatura bautizada. Sin embargo, desconocemos el lugar y la fecha de nacimiento de don Juan Félix y de doña Bernarda. Ésta falleció en la parroquia de San Pablo en Caracas en julio del año 1850 y, según su partida de defunción, tenía 84 años en ese momento. De ser correcto ese dato, debió nacer hacia 1766; pero a juzgar por las fechas aproximadas de nacimiento de sus hijos, quizás naciera unos años más tarde.

Aparte de José Bernardo y de Lázaro, la pareja tuvo al menos otros seis hijos: Petra, Rafael, Juana Bautista, Merced, José Joaquín y Magdalena, al parecer nacidos en Puerto Cabello.  Es muy probable que otros Olivo que aparecen ejerciendo como padrinos en los bautismos de los hijos de José Bernardo y Lázaro fuesen también hijos de don Juan Félix y doña Bernarda. Éste sería el caso de Begoña, Trinidad y María del Carmen Olivo (ver árbol nº 1).

Árbol nº 1. Los círculos con letras envían a otros árboles
En el período comprendido entre los años 1814 y 1823, las vidas de José Bernardo y Lázaro Olivo, y seguramente también las de sus otros hermanos, estuvieron marcadas por la Guerra de Independencia que se libraba en la que hasta entonces había sido la provincia de Venezuela.

Lázaro había tenido una destacable participación en uno de los enfrentamientos militares más emblemáticos de la guerra: la Batalla de la Victoria, que tuvo lugar el 12 de febrero de 1814 y que se saldó con una heroica victoria del ejército republicano al mando del general José Felix Ribas. En la víspera de la batalla, el general Simón Bolívar, que se encontraba en la ciudad de Valencia, ordenó al teniente coronel Mariano Montilla que formase una partida con los doce mejores hombres montados y penetrase las líneas enemigas para hacerle llegar instrucciones, vitales para la defensa, al general Ribas, que se encontrara sitiado en el centro de la ciudad de La Victoria por las tropas realistas (leales al rey de España). Uno de estos hombres fue Lázaro Olivo.

La partida logró su objetivo en la tarde del día 11 de febrero, y el éxito de su misión fue clave para el triunfo obtenido al día siguiente. Según relata el cronista José Félix Blanco, contemporáneo de los hechos, de los voluntarios de caballería que formaron esa partida de doce jinetes, solo Lázaro Olivo, Santos Michelena y su hermano Juan José Michelena seguían vivos en 1834 [2].

El general José Félix Ribas, por Martín Tovar y Tovar
A pesar del resultado conseguido por las tropas rebeldes en La Victoria, en ese mismo año de 1814 cae Puerto Cabello en manos españolas y, con esta plaza, la Segunda República. Los hermanos Olivo, naturales de Puerto Cabello, tienen que emprender el camino del exilio a Saint Thomas, donde José Bernardo y su esposa, Juliana Moreno, bautizaron a una hija llamada María Bernarda en la catedral católica de Saint Peter and Saint Paul el 6 de junio de 1815. La pareja tendría otros dos hijos en la isla: Juan Nepomuceno, nacido en mayo de 1818, y José Narciso, nacido a finales de 1819 y fallecido en mayo de 1821 con 19 meses. Lázaro Olivo, por su parte, desposó el 26 de octubre de 1819 en Saint Thomas a otra exiliada venezolana, la señorita Narcisa Lara, de 20 años, natural de la localidad venezolana de Barcelona. Allí nacería Magdalena, la primera hija de esta pareja, en enero de 1822.

Desposorios de Lázaro Olivo y Narcisa Lara en la isla de Saint Thomas en octubre de 1819. Recibieron  las bendiciones nupciales en la catedral de Caracas en febrero de 1830
Las condiciones de vida en Charlotte Amelie eran, sin embargo, muy duras para los numerosos exiliados venezolanos, y en 1822 los hermanos Olivo deciden volver a Venezuela. No obstante, el regreso no estaba exento de dificultades, pues Puerto Cabello seguía ocupada por las tropas realistas, que vetaban el retorno de cualquier exiliado que fuese sospechosos de apoyar el movimiento independentista, como era claramente el caso de los Olivo. José Bernardo y Lázaro deciden, por tanto, instalarse en el puerto de La Guaira, próximo a la ciudad de Caracas. Allí, en la iglesia de San Pedro Apóstol, el 8 de julio de 1822 Lázaro y su esposa Narcisa bautizan a Magdalena, la pequeña nacida en Saint Thomas, de apenas 6 meses. José Bernardo y su esposa Juliana hicieron de padrinos. Éstos, a su vez, en junio de 1823 traerían al mundo a una niña, también en La Guaira, a la que bautizaron con el nombre de Amalia Maximiana.

El puerto de La Guaira
En estos años finales de la Guerra de Independencia, La Guaira, ya firmemente bajo dominio de las fuerzas independentistas, vino a reemplazar a las islas del Caribe como refugio de los exiliados de otras zonas de la provincia de Venezuela que habían estado o aún estaban en manos de las tropas realistas, como era el caso de Puerto Cabello. Así, entre los bautizados en la iglesia de San Pedro Apóstol de La Guaira entre 1822 y 1826, la mayoría eran hijos de padres procedentes de Puerto Cabello. También sabemos, gracias a los libros sacramentales de dicha parroquia, que había exiliados de otras regiones, como es el caso de los hermanos Santos y Juan José Michelena, naturales de Maracay, quienes, como se recordará, habían participado junto con Lázaro Olivo en la épica cabalgata que precedió a la batalla de La Victoria en 1814. En efecto, el 23 de enero de 1823, don Santos Michelena, futuro ministro de exteriores de la República de Venezuela y su presidente interino en 1843, bautizó en La Guaira a su hija María Encarnación, ejerciendo de padrinos su hermano Juan José Michelena y la esposa de éste Josefa Lizárraga.

Puerto Cabello en 1842 vista desde el castillo, por Ferdinand Bellermann
El año de 1823, último año de la guerra, parece haber sido crucial en el curso que seguirían las vidas de estos primeros Olivo y sus descendientes. Ese año, los caminos de los hermanos Olivo se bifurcarían.

Tras la toma de Puerto Cabello por las tropas independentistas al mando del general José Antonio Páez en noviembre de 1823 y la consolidación definitiva de la independencia de Venezuela, José Bernardo y su esposa Juliana vuelven a esa ciudad, donde consta que ya residían en agosto de 1824, cuando José Bernardo presta testimonio en favor de Vicente Michelena, hermano de Santos y Juan José, a quien también había conocido en La Guaira. Vicente Michelena, alcalde de segunda nominación de Puerto Cabello, había sido objeto de un trato vejatorio y de un claro abuso de poder por parte del Comandante General de la entonces Intendencia de Venezuela, José Antonio Páez, por oponerse a las arbitrariedades de un tal Manuel Cala, comandante de armas de la plaza [3]. Cuatro años más tarde, en 1828, José Bernardo ejercía de regidor de esa misma municipalidad de Puerto Cabello.

También en 1823, pero en el mes de marzo, un hermano de Lázaro y de José Bernardo, llamado José Joaquín Olivo, contrae matrimonio con una joven llamada Gregoria Espinosa. El enlace tiene lugar en la ciudad de Valencia, donde en diciembre de ese mismo año nace su primogénito Juan Manuel. Es posible, que Joaquín, a diferencia de sus hermanos, no hubiese seguido el camino del exilio y hubiese permanecido en el eje Puerto Cabello-Valencia durante la guerra.

Por su parte, Lázaro permanecería todavía unos años en La Guaira, donde en 1826 nace su hija Francisca de Paula Florentina, de la que hablaremos más adelante en el capítulo El asunto Lázaro. Fueron sus padrinos Rafael Olivo, hermano de Lázaro, quien al parecer también se encontraba residiendo en La Guaira por esas fechas, y Mª del Carmen Olivo, que quizás también fuera tía de la criatura. En ese momento Lázaro Olivo ejercía como alcalde de segunda nominación de La Guaira. Poco después, Lázaro, y quizás también Rafael, se trasladarían a Caracas.

Como se ve, la Guerra de Independencia haría que los Olivo, originalmente de Puerto Cabello, se dividieran en tres ramas que se repartirían entre las ciudades de Puerto Cabello, Valencia y Caracas.


Los Olivo Lara: la rama de Caracas

Tras vivir cinco años en La Guaira, Lázaro Olivo y su esposa Narcisa se instalan en Caracas en 1827. En febrero de 1828, la pareja bautiza en la catedral de esta ciudad a un niño varón, al que ponen el nombre del padre, Lázaro, y que estuvo apadrinado por el comandante del Resguardo del puerto de La Guaira, Benito García, lo cual sugiere que don Lázaro mantenía buenos contactos en esa localidad. Al pequeño Lázaro le seguirían varias hermanas, entre ellas María de la Merced, de quien hablaremos, y un hijo varón, José Bernardo, nacido en julio de 1839, del que, al igual que de su hermano mayor Lázaro, no tenemos constancia de que llegara a la edad adulta. Todos fueron bautizados en la catedral de Caracas, por lo que se deduce que la familia se había establecido en la parroquia de la Catedral al trasladarse a la capital.

Vista de Caracas en el siglo XVIII con la catedral, pintor anónimo
Gracias a los libros sacramentales de la catedral de Caracas, se sabe que don Lázaro, al igual que su padre don Juan Félix, fue propietario de esclavos. El 26 de noviembre de 1832 fue bautizado en la catedral un párvulo llamado Carlos María, hijo natural de Guadalupe, esclava del Sr. Lázaro Olivo y libre por la Ley de Manumisión. Tres años más tarde, el 8 de agosto de 1835, encontramos también en los libros de la catedral de Caracas la partida de bautismo de un niño manumiso, llamado Vito Nasario, hijo de otra esclava del Sr. Lázaro Olivo llamada Casimira.

A los pocos años de establecerse en la capital, encontramos a Lázaro Olivo convertido en miembro destacado de la sociedad caraqueña. En las elecciones para designar los cargos de conjueces por la parroquia de la Catedral celebradas en 1836, Lázaro Olivo fue elegido conjuez junto con personalidades de la talla de Juan Manuel Cajigal, fundador del primer observatorio astronómico del país, y del eminente pintor caraqueño Juan Lovera. Conforme a la Constitución venezolana de 1830, los conjueces eran, junto con el juez parroquial, los que presidían las asambleas parroquiales que debían designar a los miembros del colegio electoral, quienes a su vez elegían al presidente y otros cargos de la República.

El tumulto del 19 de abril de 1810 por el pintor Juan Lovera
Más de diez años después, el 14 de septiembre de 1847, el gobierno de la República nombró a Lázaro Olivo, en sustitución de Wenceslao Urrutia -futuro ministro de asuntos exteriores-, como vocal en la Dirección de Inmigración del Distrito Federal. Ésta, presidida por don Manuel Felipe Tovar, sobrino del conde de Tovar, tenía como principal cometido el de tutelar el establecimiento de la Colonia Tovar dentro de un ambicioso plan que buscaba traer a Venezuela agricultores y artesanos europeos. La Colonia había sido fundada en 1843 por inmigrantes alemanes, procedentes del estado de Baden, en los terrenos donados por el propio Manuel Felipe Tovar en una serranía situada a 42 Km al oeste de Caracas, cerca del nacimiento del río Tuy.

Aparte de este papel institucional como persona prominente de su comunidad, al parecer Lázaro Olivo se dedicó en Caracas a la actividad mercantil. Se sabe que en enero de 1841 asistió a una reunión celebrada entre los agricultores dedicados al cultivo del añil y los principales comerciantes caraqueños involucrados en el negocio de tintes y géneros, con la que se buscaba resolver el conflicto comercial entre ambos grupos. Este conflicto, relacionado con los descuentos pagados a los agricultores por las distintas categorías de añiles, al parecer estaba mermando la competividad de la industria caraqueña [4]. De una noticia aparecida en el diario El Venezolano de Caracas, precisamente por esas fechas, sabemos que don Lázaro Olivo tenía su comercio, presumiblemente relacionado con la actividad textil, en la esquina de la Monjas de la capital.

Noticia aparecida en el diario El Venezolano de Caracas el 3 de noviembre de 1842

Don Lázaro Olivo, el consumado jinete que en 1814 sirvió de manera heroica al Libertador Simón Bolívar y a la causa independentista, murió el 6 de septiembre de 1853, de forma repentina y “por accidente”, sin que diera tiempo a administrarle los Santos Sacramentos. Tampoco tuvo tiempo de realizar testamento.  Don Lázaro, a quien a partir de ahora llamaremos Lázaro El Viejo para distinguirlo de su sobrino, también llamado Lázaro Olivo, tuvo, según su partida de defunción, “misa de cuerpo presente con vigilia cantada” en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Altagracia. No es descartable que en su repentina muerte influyese el disgusto que debieron ocasionarle las ilícitas relaciones entre su hija mayor Francisca, de 27 años, y su joven sobrino Lázaro, entonces de 18, algo sobre lo que volveremos más adelante en el capítulo titulado El asunto Lázaro.

Doña Narcisa Lara sobrevivió 38 años a su marido. Había nacido en Barcelona, Venezuela, el 28 de octubre de 1799 y falleció el 25 de junio de 1888 en la parroquia de Santa Teresa en Caracas, tras recibir los Santos Sacramentos, con casi 89 años. Hija del sargento Francisco Lara y de su esposa Josefa Osorio, fue testigo de todos los acontecimientos relevantes de la historia de Venezuela durante el siglo XIX. De niña creció en un país que aún era provincia española; vivió el exilió y los horrores de la Guerra de Independencia; presenció la formación de la nueva nación y más tarde fue testigo de su separación de Colombia; conoció un mundo con y sin esclavos; y sobrevivió a la destructiva Guerra Federal, de nefastas consecuencias. Transmitió a casi todas sus hijas y nietas su extraordinaria longevidad.


Los Olivo Moreno: la rama de Puerto Cabello

Finalizado el exilio y la guerra, José Bernardo Olivo y su esposa Juliana Moreno optaron, tras su estancia en La Guaira, por volver a Puerto Cabello, que había sido la última plaza en poder español en Venezuela.

Tan solo habían transcurrido tres años desde la toma de la ciudad por el ejército independentista, en noviembre de 1823, cuando la nueva república de Colombia (conocida en la historiografía moderna como Gran Colombia para distinguirla de la actual república de Colombia), se desgarraba en disensiones internas entre los partidarios de mantener la unión del gran Estado bajo el liderazgo de Simón Bolívar y los que defendían su disgregación en repúblicas independientes. El Libertador Simón Bolívar, en un intento de salvar la integridad de Colombia, convocó una gran convención en la ciudad de Ocaña que debía reunirse en abril de 1828 para lograr un compromiso entre las distintas facciones y proceder a nombrar una asamblea constituyente que reformara la Constitución de Cúcuta de 1821.

En este clima de efervescencia política, el 13 de marzo de 1828 los vecinos de Puerto Cabello, reunidos en una sesión convocada por el ayuntamiento, deciden enviar una manifestación o representación a la Convención de Ocaña en la que manifestaban sus principios republicanos y su voluntad de que fuese el mismo Bolívar, al que cubrían de grandes elogios, el que se erigiese en árbitro y el que, investido de poderes excepcionales, procediera a tomar las medidas que considerase necesarias para restituir el orden y la unidad de Colombia. El consistorio se adhiere en pleno al voto expresado por los ciudadanos y lo elevan a la consideración de Su Excelencia el LibertadorFirma, entre otros, José Bernardo Olivo, entonces regidor de la municipalidad [5].

Iglesia de San Francisco, donde tuvo lugar la Gran Convención de Ocaña

No obstante, la Convención de Ocaña fracasa estrepitosamente y Bolívar asume poderes dictatoriales en un intento de salvar la unidad de Colombia. Se desatan las pasiones políticas y Venezuela, bajo el liderazgo del caudillo José Antonio Páez, se precipita hacia la secesión definitiva. En estas circunstancias, los vecinos de Puerto Cabello, dando un giro de 180 grados con respecto a su postura anterior, redactan una "rectificación", fechada el 15 de diciembre de 1829, donde no sólo se pronuncian a favor de Páez y de la separación de Colombia, sino que se expresan en términos tan duros del Libertador que suenan inevitablemente mezquinos si se tienen en cuenta los exaltados elogios de un año antes. En particular dicen: "que se desconozca la autoridad del General Simón Bolívar y que su nombre se condene al olvido". José (Bernardo) Olivo firmó también este manifiesto [6]

En junio de 1830, cuando aún se vivían estas turbulencias políticas, vino al mundo en Puerto Cabello otro hijo de José Bernardo Olivo y Juliana Moreno, bautizado con el nombre de José Hermógenes. A éste le siguieron otros cuatro hijos, también nacidos en esa ciudad: Adolfo Antonio, nacido el 23 de septiembre de 1831, quien se convertiría en famoso líder militar conservador durante la Guerra Federal y la Revolución Azul, conocido popularmente como "El Chingo" Olivo; Fernando, nacido el 30 de mayo de 1833, apadrinado por sus tíos Lázaro Olivo El Viejo y Juana Bautista Olivo; Begoña, nacida el 6 de junio de 1834; y, por último, Lázaro, nacido tan solo un año después, el 22 de julio de 1835, y a quien en adelante llamaremos Lázaro El Joven para distinguirlo de su tío de Caracas.

Puerto Cabello, del Álbum de Caracas y Venezuela por H. Neun, 1877-78
José Bernardo Olivo debió morir entre 1836 -año del bautismo de su hijo menor Lázaro- y 1839, cuando su viuda Juliana Moreno contrae nuevas nupcias. En efecto, según consta en los libros de matrimonio de la iglesia parroquial de Naguanagua, el 2 de agosto de 1839 Juliana Moreno contrajo matrimonio en esa localidad, próxima a Valencia,  con Vicente López, viudo como ella. El historiador Roberto Guinand en su libro General Hermógenes Julián López Herrera: un presidente carabobeño se refiere a esta nueva familia y, en particular, a la relación que existió entre Adolfo Antonio "Chingo" Olivo, hijo de Juliana Moreno, y Hermógenes López, futuro presidente de Venezuela, hijo de Vicente López:

"El Chingo Olivo se crió en la casa de los López en Naguanagua y aunque no existían lazos de consanguinidad entre ellos se criaron como hermanos. El motivo por el que creció en casa de los López se debió a que era hijo de la señora Moreno, viuda de Olivo, quien casó en segundas nupcias con don Vicente López, padre del General López, de tal forma que era algo así como su hermanastro, sin embargo, hago hincapié en que crecieron juntos como hermanos, atendiendo las faenas del campo propias de la época."

Partida de matrimonio de Juliana Moreno con Vicente López en Naguanagua

Pero no sólo el "Chingo" Olivo vivió su infancia y juventud en Naguanagua, sino también sus otros hermanos, a quienes pronto se sumaría una niña, Begoña López Moreno, nacida del matrimonio de la madre, Juliana Moreno, con su segundo marido.

Algunos años más tarde, concretamente en febrero de 1847, una de estos hermanos, Agustina Olivo Moreno, contrajo matrimonio en Naguanagua con Ramón Pérez, ejerciendo de testigos Juan Olivo, probablemente su hermano, y Juliana Moreno. Le siguió su hermana Felicia Olivo Moreno, que casó con Pablo Bello en julio de ese mismo año. Casi dos años más tarde, en marzo de 1851, también en Naguanagua, fue José Hermógenes Olivo Moreno quien contrajo matrimonio con la señorita Felipa Luzón, con la que tuvo dos hijos, Bernardo y Magdaleno, nacidos en esa misma localidad en febrero de 1854 y abril de 1855, respectivamente. José Hermógenes, murió no mucho después, en septiembre de 1856, en la ciudad de Caracas. Se desconoce si sus dos hijos llegaron a la edad adulta y tuvieron descendencia.

También por esas fechas falleció Felicia Olivo. Su viudo Pablo Bello se casó entonces con Begoña López Moreno, medio hermana de Felicia. El enlace tuvo lugar en Naguanagua el 25 de mayo de 1862, en plena Guerra Federal, dándose la circunstancia de que actuaron como testigos de la boda Laura Jordán, esposa de Adolfo Antonio Olivo, medio hermano de la contrayente por parte de madre, y Hermógenes López, también medio hermano de la novia, pero por parte de padre. Adolfo Antonio y Hermógenes combatían en bandos opuestos de la contienda fratricida, aunque a pesar de ello mantenían, según testigos de la época, una buena relación [7]. Más adelante volveremos a hablar de la figura de Adolfo A. Olivo.

Iglesia de Nuestra Señora de Begoña en Naguanagua, Valencia

Finalmente, hemos de referirnos al benjamín de los hermanos Olivo Moreno, a quien hemos llamado Lázaro El Joven. Sobre él hablaremos más extensamente en el capítulo titulado El asunto Lázaro, pero a manera de apunte señalaremos aquí que es posible que hiciera carrera militar en el ejército conservador junto con su hermano mayor Adolfo. En este sentido, quizás un “L. Olivo” que aparece con el grado de comandante en la lista de oficiales conservadores que el 26 de julio de 1863 se declararon en rebeldía en Puerto Cabello frente al gobierno liberal surgido de la Guerra Federal, fuese Lázaro Olivo. Lo cierto es que muchos años más tarde, en un decreto de 5 de abril de 1894 publicado en la Gaceta de los Estados Unidos de Venezuela por el que se le nombra Inspector de Licores del Distrito Federal, se le da el tratamiento de General.


Los Olivo Espinosa: la rama de Valencia

José Joaquín Olivo, hijo de don Juan Félix Olivo y de doña Bernarda Martínez, contrajo matrimonio con la señorita Gregoria Espinosa en Valencia el 8 de marzo de 1823; es decir, en el último año de la Guerra de Independencia de Venezuela, cuando sus hermanos se encontraban aún refugiados en La Guaira.

Se desconocen las circunstancias que llevaron a Joaquín a casarse y establecerse en Valencia. Sus padres, como se ha visto, habían contraído matrimonio en Naguanagua, un suburbio de Valencia, y es posible que la familia Olivo tuviese de antiguo vínculos con esta ciudad. Incluso es posible que, durante la Guerra de Independencia, mientras sus hermanos se exiliaban en Saint Thomas y posteriormente en La Guaira, Joaquín se instalase en Valencia. Sea como fuere, el 8 de marzo de 1828, exactamente cinco años después de su boda con Gregoria, le encontramos firmando junto con otros padres de familia y propietarios de Valencia una representación destinada a la Gran Convención de Ocaña, de la que ya se ha hablado. En dicha representación los firmantes expresan su apoyo al héroe Simón Bolívar y se muestran a favor de que éste emplee las facultades extraordinarias de que había sido investido hasta que llegara el tiempo de restablecer la paz y el orden [8].

La antigua iglesia matriz de Nª Sª del Socorro, catedral de Valencia desde 1878
Dos años más tarde, encontramos a Joaquín en la catedral de Caracas, como testigo de las velaciones de su hermano Lázaro con Narcisa Lara, quienes se habían desposado en la isla de Saint Thomas en 1819. Al año siguiente, el 17 de enero de 1831, Joaquín asiste como padrino, también en la catedral de Caracas, al bautismo de Mercedes, hija de Lázaro y Narcisa.

De los hijos habidos en su matrimonio con Gregoria Espinosa, se tienen registros genealógicos de cinco: Juan Manuel, el primogénito; Leonte; Joaquina, Juana Bautista y Camila. Todas las mencionadas murieron a edad avanzada, siguiendo lo que casi se convertiría en una norma entre las mujeres de la familia Olivo a partir de Bernarda Martínez, la matriarca del linaje. De los varones, Leonte, casado en enero de 1858 con María del Socorro Marín, fue el cabeza de una rama importante de los Olivo en Valencia, de la que se hablará más adelante. De Juan Manuel Olivo no se tienen más noticias.


Firma de Leonte Olivo, casado con Socorro Marín, en un registro de 1876


Los Olivo González: el breve linaje de Rafael Olivo

Rafael Olivo, al igual que Lázaro El Viejo, José Bernardo y José Joaquín, fue también hijo de don Juan Félix Olivo y doña Bernarda Martínez. Las primeras noticias de Rafael las encontramos con ocasión del bautismo de su sobrina Francisca Olivo, hija de su hermano Lázaro, que tuvo lugar en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de la Guaira en abril de 1826 y al que asistió como padrino.

Es posible que, al igual que su hermano Lázaro, se instalara en Caracas poco después, aunque no es descartable que hubiese vuelto a Puerto Cabello al igual que su otro hermano, José Bernardo. Unos años más tarde, el 28 de mayo de 1833 contrae matrimonio con la Sta. Catalina González, que era expósita, en la desaparecida iglesia parroquial de San Pablo en Caracas, que se encontraba en la periferia sur del núcleo urbano colonial, formado por las parroquias Catedral y Altagracia.

En esa iglesia, donde se veneró el Nazareno de San Pablo hasta que fue demolida años después por Guzmán Blanco -y la imagen trasladada al cercano templo de Santa Ana y Santa Teresa- bautizaron Rafael y Catalina a sus cuatro hijos: Inés, nacida en abril de 1835; Josefa, en octubre de 1836; Rafael, nacido en febrero de 1838 y fallecido pocos meses después; y Nicolasa, nacida en octubre de 1839.

Templo o ermita de San Pablo. Grabado de Ramón Bolet Peraza
Rafael, como su hermano Lázaro Olivo El Viejo y su padre Juan Félix Olivo, fue propietario de esclavos. En enero de 1836 fue bautizado en la iglesia de San Pablo el niño manumiso Santiago Sabino, hijo de María Soledad, esclava de Rafael Olivo, haciendo de padrino el mismo Rafael. Unos años más tarde, en enero de 1842, fue bautizada -esta vez en la catedral de Caracas- otra niña manumisa llamada María Ambrosia, en cuya partida se dice que era “hija natural de Cayetana, esclava de los señores Rafael Olivo y Catalina González”. No se ha podido localizar, de momento, a ningún descendiente de estos esclavos de los Olivo de Caracas.

Como era habitual entre los Olivo de todas las épocas, Rafael fue padrino de algunos de sus sobrinos; en este caso de Francisca y de Trinidad, hijas de Lázaro El Viejo y de Narcisa Lara, nacidas en marzo de 1826 y en enero de 1837, respectivamente. Años después, en febrero de 1856, Rafael junto con su esposa Catalina, fue también padrino de Gertrudis Olivo Olivo, hija de su sobrino Lázaro Olivo El Joven y de su también sobrina y ahijada Francisca Olivo.

No se han podido localizar en los registros genealógicos descendientes de los hijos habidos en el matrimonio Olivo-González, pero no puede descartarse que Rafael Olivo, antes de contraer matrimonio con Catalina, procrease en Puerto Cabello al menos dos hijos naturales con una mujer de nombre Francisca Cano. Se trata de una hipótesis que por ahora no ha podido ser comprobada documentalmente. Sobre ellos se hablará más adelante en el capítulo Los "Antonios" de Puerto Cabello.


Los Michelena Olivo: abuelos de Arturo Michelena

Trinidad Olivo fue casi con seguridad otra de los hijos de Juan Félix Olivo y de Bernarda Martínez, aunque no se ha podido acreditar plenamente su filiación al no haberse localizado aún su partida de bautismo. Tampoco se ha encontrado su partida de matrimonio con Juan Antonio Michelena debido al defectuoso estado de conservación de los libros sacramentales de la parroquia de San José Obrero de Puerto Cabello. No obstante, la proximidad familiar de Trinidad con los otros Olivo se ha podido acreditar mediante otras fuentes.

Trinidad y su esposo Juan Antonio fueron padrinos de José Hermógenes, hijo de José Bernardo Olivo y de su mujer Juliana Moreno, bautizado en Puerto Cabello en junio de 1830. Casi ocho años después, Juan Antonio Michelena volvió a ejercer como padrino de una criatura de la familia Olivo. Fue en Caracas con ocasión del bautismo de Rafael, hijo de Rafael Olivo y de su esposa Catalina González, en febrero de 1838.

Esta estrecha relación entre los Michelena Olivo y el resto de los hijos de Juan Félix y Bernarda continuaría en las siguientes décadas. Cuando en 1851 Adolfo Antonio, el hijo de 20 años de José Bernardo Olivo, fue víctima de una agresión en Naguanagua, a raíz de la cual perdió parcialmente la nariz, su madre, Juliana Moreno, le envió a Valencia a la casa de Trinidad Olivo y Juan Antonio Michelena, según cuenta el historiador Francisco González Guinán, quien siendo aún un niño convivió con Adolfo Antonio durante la convalecencia de éste [7].

De Juan Antonio Michelena, se sabe que fue general del ejército liberal durante la Guerra Federal, y que tuvo con Trinidad Olivo al menos dos hijas -Lorenza y Juana Bautista- y un hijo varón, llamado Juan Antonio como su padre. Algunas fuentes señalan que este último nació en Puerto Cabello hacia 1832, aunque no se ha podido verificar este dato por la pérdida de las partidas de bautismo de ese año en el correspondiente libro sacramental.

Juan Antonio Michelena Olivo.
Fuente: Wikihistoria del arte venezolano
Juan Antonio Michelena Olivo, hijo del general Juan Antonio Michelena y de Trinidad Olivo, y por tanto primo hermano de Adolfo Antonio, Lázaro y Joaquín Olivo, fue el padre del famoso pintor Arturo Michelena, como se comentará más adelante.


Los Valero Olivo: los descendientes de Magdalena

Del último de los hijos de don Juan Félix y doña Bernarda con descendencia del que tenemos noticias es de Magdalena. Al igual que su hermano Rafael, aunque muchos años más tarde, contrajo matrimonio en el antiguo templo parroquial de San Pablo, concretamente el 2 de febrero de 1850. Según su partida de matrimonio con el señor Francisco de Paula Valero, Magdalena era hija de Juan Félix Olivo y Bernarda Martínez y, al igual que el contrayente, “natural de esta ciudad y feligresía”. Fue testigo de este enlace don Lázaro Olivo El Viejo, hermano de la contrayente.

Francisco de Paula Valero Olivo, hijo de Francisco Valero y Magdalena Olivo
La pareja tuvo varios hijos. Uno de ellos fue Francisco de Paula Valero, bautizado en la iglesia de Nuestra Señora de Altagracia de Caracas el 29 de agosto de 1858 con el nombre de Francisco de Paula de los Santos y amadrinado por Juana (Bautista) Olivo, hermana de su madre. Casó en octubre de 1885, a punto de cumplir los 28 años, con la señorita Amelia Fourastier y tuvo numerosa descendencia; entre ellos un varón llamado como él, Santos Francisco Valero, nacido en enero de 1894 en la parroquia de La Candelaria de Caracas.

Magdalena, que había enviudado en marzo de 1891, murió el 24 de noviembre de 1892 en la parroquia de Santa Teresa a los 74 años, de lo cual se deduce que debió nacer hacia 1818. Dado que su madre Bernarda Martínez murió en 1850 supuestamente a los 84 años, entonces, si el año estimado de nacimiento de Magdalena fuera correcto, doña Bernarda habría tenido 52 años al dar a luz a Magdalena, lo cual es imposible. Lo más probable es que la partida de defunción de doña Bernarda esté errada en lo que se refiere a la edad de fallecimiento, algo habitual en la época, sobre todo tratándose de personas de edad avanzada.

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Capítulo 2. El asunto Lázaro

El hallazgo de un expediente matrimonial tramitado por la Vicaría Apostólica de Caracas a finales de octubre de 1853 ha sido fundamental para arrojar luz sobre un episodio capital en la historia genealógica de la segunda generación de Olivos descendientes de don Juan Félix Olivo y doña Bernarda Martínez. Los hechos se relatan a continuación.

A principios de septiembre de 1853 moría repentinamente don Lázaro Olivo El Viejo en su casa de la parroquia de Altagracia de Caracas. En el mes de octubre del mismo año, su sobrino Lázaro Olivo El Joven, entonces de 18 años, natural de Puerto Cabello e hijo menor de su hermano José Bernardo, solicita a las autoridades eclesiásticas dispensa para contraer matrimonio con su prima hermana Francisca Olivo, de 27 años, hija del difunto don Lázaro y de su esposa Narcisa Lara. La solicitud de dispensa es tramitada ante el Arzobispado de Caracas por el párroco de la parroquia de San Juan, donde desde hacía poco residía la contrayente, no sabemos si por haberse trasladado la familia a esa parroquia tras la muerte de Lázaro o porque Francisca, quizás a consecuencia de sus relaciones con su primo, se encontrase acogida en la casa de alguna de sus tías. El 27 de octubre de 1853, el párroco don Juan Bautista Obregón se dirige al arzobispo de Caracas, don Silvestre Guevara, en los términos expresados en la carta siguiente.



El texto de la misiva requiere una breve explicación. El derecho canónico impedía el matrimonio entre personas con el grado de consanguineidad que existía entre Lázaro y Francisca a menos que fuera objeto de una dispensa por el obispo diocesano.  Éste otorgaba la dispensa cuando, a su juicio, ello redundaba en el bien espiritual de los fieles. Por lo que hemos podido observar del examen de la abundante documentación sobre expedientes de dispensas del arzobispado de Caracas en el siglo XIX, la práctica del diocesano local en esta materia consistía en otorgar la dispensa por segundo grado de consanguineidad en línea transversal (primos hermanos) en situaciones extremas como las que se producían cuando los jóvenes habían tenido relación carnal. Con esto, sin duda, se buscaba el evitar males mayores, tanto en el plano espiritual como en el temporal (el escándalo y desprestigio que podía caer sobre la pareja, sus familias y sus hijos).

Pero donde se hace la regla se inventa la trampa, y al parecer muchas parejas de novios en esa situación de consanguineidad alegaban haber tenido relaciones carnales entre ellos, aun no siendo necesariamente cierto, con el fin de facilitar la obtención de la dispensa. Por eso los párrocos debían examinar, al menos en teoría, la veracidad de los hechos antes de proceder a apoyar una solicitud como la planteada por Lázaro El Joven. En nuestro caso, el párroco tomó declaración a dos testigos que manifestaron conocer bien a los pretendientes, a sus padres y a sus abuelos, y por tanto ser conscientes y poder dar fe del parentesco existente entre ellos. Asimismo, declararon que Francisca, la pretendida, pasaba de 24 años y que por “la demasiada familiaridad entre el pretendiente y la pretendida se ha dado motivo de escándalo y que consideran este enlace como medio conducente para conservar la paz entre las familias” pues por lo divulgado de los hechos la pretendida podía verse en riesgo “de quedarse sin tomar estado”. El párroco consideró que la declaración de éstos era coherente con su propio conocimiento de los hechos y recomendó al arzobispo que otorgara la dispensa, cosa que éste hizo.

Árbol genealógico de Lázaro y Francisca en su expediente matrimonial, 1853
Obtenida la dispensa de consanguineidad, el pretendiente se dirige una vez más a las autoridades eclesiásticas, esta vez para solicitar que se les eximiera de las preceptivas tres amonestaciones o proclamas públicas que debían preceder al enlace, y además que éste pudiera celebrarse por la noche en el domicilio de la pretendiente. Lázaro El Joven alega como poderoso motivo, la reciente muerte del padre de su prometida, que era su tío, “por cuyo motivo debe evitarse la crítica que resultaría al correr de las proclamas por la celebración de nuestro matrimonio en los primeros días de luto para nuestra familia, no siéndonos posible diferirlo por más tiempo por motivos de conciencia y ocurrencias domésticas que demandan acelerarlo todo lo posible”. Obtenida también esta segunda dispensa, la ceremonia matrimonial tiene lugar, finalmente, el día 29 de octubre de 1853 en la casa donde residía Francisca en ese momento, situada, como hemos dicho, en la parroquia de San Juan. Actúo como testigo doña Narcisa Lara, madre de Francisca.

Dos años después, el 16 de noviembre de 1855, la pareja trae al mundo una niña, Gertrudis. Fue apadrinada por Rafael Olivo y su esposa Catalina González, tíos de Lázaro y Francisca, de quienes ya hemos hablado. Lázaro y Francisca al parecer residían entonces en la parroquia de Altagracia (donde había muerto Lázaro El Viejo) y en esa misma parroquia, el 18 de marzo de 1858 nace el segundo hijo de la pareja del que se tenga constancia, al que se bautiza con el nombre de José María.

Cronología de los hechos en el asunto Lázaro

Hacia esas mismas fechas tuvo lugar un incidente familiar que sin duda tendría implicaciones telúricas en la vida de los Olivo de esa generación y de las siguientes. Lázaro El Joven, para entonces un joven de 22 años, al parecer inicia una relación extramarital con Mercedes, hermana de su esposa Francisca y, al igual que ésta, su prima hermana. Mercedes había nacido en enero de 1831 y era, por tanto, cinco años menor que Francisca, aunque más de cuatro mayor que Lázaro. La reconstrucción de los hechos a partir de la evidencia documental encontrada es como sigue.

Entre mayo de 1858 y mayo de 1859, en una fecha que no se ha podido concretar con precisión debido al mal estado de conservación de los libros de bautismo de la parroquia de Altagracia, es bautizada una niña expósita llamada Isabel, entregada a “la piedad” y cuidados de Mercedes Olivo. A pesar de haberse perdido la partida de bautismo de la niña, conocemos las circunstancias de su nacimiento gracias a la información consignada años más tarde en su partida de matrimonio, el cual tuvo lugar el 3 de mayo de 1877 en la iglesia parroquial de San Juan en Caracas. Del examen de esa partida matrimonial, llama la atención, sin embargo, el hecho de que Isabel aparezca con el apellido Hidalgo, aun cuando la práctica general de la época era que los hijos expósitos adoptasen el apellido de la persona a cuya piedad habían sido encomendados al nacer, que en este caso, como hemos dicho, había sido Mercedes Olivo. Sea como fuere, con ocasión del nacimiento del primogénito de Isabel el 22 de enero de 1878, ésta aparece ya como Isabel Olivo tanto en la partida de bautismo del niño como en el correspondiente asiento en el libro de nacimientos del registro civil de la parroquia San Juan.

Este reconocimiento progresivo de la auténtica filiación de Isabel culmina cuando en el momento de su defunción, ocurrida el 27 de septiembre de 1936 en la parroquia de Santa Rosalía de Caracas, se deja constancia en la correspondiente partida de que la fallecida era hija de Lázaro Olivo y Mercedes Olivo de Olivo.

Partida de defunción de Isabel Olivo de Egañez, 27.09.1936
¿Es posible que el Lázaro Olivo y la Mercedes Olivo de Olivo a los que se refieren esas partidas no fueran el marido y la hermana, respectivamente, de Francisca Olivo? Es posible, pero muy poco probable si atendemos al resto de la evidencia circunstancial que conocemos. La primera evidencia de este tipo procede del hecho de que tanto Manuela Olivo, hermana de Mercedes y Francisca, como Gertrudis Olivo, hija de Lázaro Olivo El Joven, entonces una joven de 21 años, actuasen como testigos el día de la celebración del matrimonio civil de Isabel con Ramón Egañez en mayo de 1877. Gertrudis fue además madrina de Tiburcio Egañez Olivo, hijo de Ramón e Isabel, nacido seis años más tarde, el 22 de junio de 1883. En segundo lugar, tras el fallecimiento en 1853 de Lázaro Olivo El Viejo, no hay ninguna persona de este nombre, aparte de Lázaro Olivo El Joven, en los registros de la época, o al menos no ha aparecido en la exhaustiva revisión de los libros sacramentales y civiles realizada con objeto de esta investigación. Hay más evidencia circunstancial a considerar, pero su comprensión requiere que expongamos el siguiente caso, el de Gregorio Olivo, hermano de Isabel.

En noviembre de 1886 un joven caraqueño de 23 años llamado José Gregorio Olivo inicia los trámites para casarse con su prometida, la señorita Isabel Antonini Bermúdez, ante la Vicaría Apostólica de Caracas. Pero durante la tramitación del expediente matrimonial surge un inconveniente: no aparece la partida de bautismo de José Gregorio en la iglesia parroquial de Altagracia, donde el pretendiente afirmaba haber nacido el 24 de abril de 1863. Para subsanar ese fallo, el arzobispado inicia un expediente de “justificación de filiación y bautizo” en el cual aportan declaración varios testigos: Manuela Olivo, madrina de bautismo de José Gregorio; Merced o Mercedes Olivo, su madre; Lázaro Olivo, casado y mayor de 50 años; y José María Olivo, casado y de 28 años.

Declaraciones de testigos
En dicho expediente los testigos ratifican los siguientes extremos:
  1. Que José Gregorio había nacido el 24 de abril de 1863;
  2. Que había sido bautizado en la iglesia parroquial de Altagracia como hijo expósito al cuidado de Narcisa Lara, siendo su madrina Manuela Olivo;
  3. Que, sin embargo, el niño era en realidad hijo natural de Mercedes Olivo, quien así lo reconoce en su testimonio, ratificado por los demás testigos.
Conviene intentar ahondar un poco en la identidad de los testigos: 1.) Manuela y Mercedes Olivo eran, como recordará el lector, hijas de Narcisa Lara y de Lázaro Olivo El Viejo; 2.) Lázaro Olivo se trataba sin duda de Lázaro El Joven, marido de Francisca Olivo, hermana de Manuela y Mercedes, pues hay que descartar a Lázaro El Viejo, por haber muerto en el momento de instruirse este expediente (además la edad declarada por el testigo coincide con la de Lázaro El Joven, que tenía 51 años cumplidos en julio de 1888); y 3.) José María Olivo, quien sería el hijo del anterior, como se infiere no sólo de la edad manifestada en su declaración, que coincide con la del hijo de Lázaro y Francisca en esa fecha, sino del hecho de que para el momento de instruirse el expediente ya existía una estrecha relación entre José María Olivo Olivo y José Gregorio Olivo (a quien en adelante nos referiremos como Gregorio Olivo por ser este el nombre con el que firmaba y por el que se le conocería años más tarde). Profundicemos un poco en esta última circunstancia.

José María Olivo Olivo, hijo de Lázaro Olivo El Joven y Francisca Olivo, había contraído matrimonio con Rosario Martínez nueve años antes de tramitarse el expediente comentado, concretamente el 12 de mayo de 1877. José María tenía entonces sólo 19 años. Dos años más tarde, el 18 de junio de 1879, nació Adolfo Antonio, primogénito de José María y Rosario. Cuando el niño fue presentado el 30 de abril de 1880 ante el registro civil de la parroquia de San Juan por su abuela Francisca Olivo de Olivo, actuó como testigo Gregorio Olivo, entonces de apenas 17 años. Cuando cuatro años más tarde, el 12 de mayo de 1884, fue bautizado el tercer hijo de José María y Rosario -llamado José María como su padre-, Gregorio Olivo, de 21 años y aún soltero, actuó como padrino.

Seguramente la relación fraternal entre José María y Gregorio continuaría, tras casarse éste con Isabel Antonini, hasta la prematura muerte de José María cinco años después, en mayo de 1892. En ese sentido cabe especular que quizás José María pudo haber sido el padrino de algunos de los hijos mayores de Gregorio e Isabel, pero no podemos saberlo por no conservarse los libros de bautismo de la iglesia de Santa Teresa, lugar de residencia de esta pareja en ese período.

Portada del expediente matrimonial de Gregorio Olivo e Isabel Antonini
Por todo lo dicho hasta ahora, sabemos con seguridad que el joven Gregorio Olivo era hijo natural de Mercedes Olivo, hermana de Francisca Olivo, hijas ambas de Narcisa Lara, y que mantenía relaciones próximas con Lázaro Olivo El Joven y con el hijo de éste, José María. La causa probable de estas estrechas relaciones es que el padre de Gregorio fuera el propio Lázaro, quien, como hemos visto, era el padre de Isabel Olivo de Egañez. Esta conclusión se ve reforzada por el hecho de que, conforme al testimonio de Roberto Olivo Márquez, nieto de Gregorio y de Isabel Antonini, su abuelo era conocido como Gregorio Olivo Olivo [9].

Sabemos además que Gregorio e Isabel mantuvieron entre ellos una relación de proximidad familiar, pues en abril de 1882 Gregorio, aún soltero, fue junto con Mercedes Olivo, madre común de ambos, padrino de bautismo de Magdalena Egañez Olivo, hija de Isabel; y, además, cuatro años y medio después, Isabel figuró como testigo en la celebración del enlace civil entre Gregorio e Isabel Antonini, que tuvo lugar en diciembre de 1886. La existencia de esta relación contribuye, conjuntamente con el resto de circunstancias examinadas, a apoyar la conclusión de que ambos eran hermanos no sólo por parte de su madre, Mercedes Olivo, sino también de su padre, Lázaro Olivo El Joven, probado padre de Isabel.

El hecho de que Lázaro El Joven mantuviese una relación con su prima Mercedes, hermana de su mujer, durante al menos cinco años -tiempo que separa los nacimientos de Isabel y Gregorio- debió suponer un escándalo en su época; un escándalo cuyas repercusiones familiares son difíciles de establecer a través de las fuentes utilizadas en esta investigación. Sin embargo, es llamativo el hecho de que según se desprende de la partida de matrimonio civil de José María Olivo Olivo, hijo de Lázaro, con Rosario Martínez en mayo de 1877, fuese Francisca Olivo de Olivo, la madre del contrayente, y no su padre, quien autorizase a su hijo, menor de edad, para contraer matrimonio y quien firmase el acta matrimonial como testigo, y que el padre, que aún vivía, no pareciera encontrarse presente en la ceremonia. Tampoco parece haber estado presente cuando su otra hija, Gertrudis, contrae matrimonio en julio de 1894, aunque sí, como veremos, cuando su sobrino José Bernardo Olivo se casa al año siguiente.

La Pastora, vista desde la esquina de Natividad, en la década de 1930

A manera de epílogo de este episodio familiar, diremos que Lázaro murió en septiembre de 1896 a los 61 años en la parroquia de San Juan, a tan sólo dos calles de donde vivía su hija Isabel Olivo de Egañez. Dos años y medio antes, en un decreto fechado el 5 de abril de 1894 se le había nombrado Inspector de Licores del Distrito Federal. En dicho decreto se le da el tratamiento de General, al igual que en su partida de defunción, donde además se indica que estaba casado con Francisca Olivo y que recibió los Santos Sacramentos antes de morir. Se da la circunstancia de que en el domicilio donde falleció moriría dos años después Rosendo Ordaz, marido de su nieta Virginia Olivo.

Francisca le sobrevivió casi veinte años. Murió en abril de 1915 a los 89 años en La Pastora. Por último, Mercedes, hermana de Francisca, murió al año siguiente, en noviembre de 1916, a los 86 años en La Candelaria en una dirección no especificada en la partida de defunción. Muy probablemente falleciera en la casa de su hijo Gregorio Olivo Olivo, que vivía entonces en esa parroquia.

El asunto Lázaro deja cuestiones genealógicas abiertas: ¿tuvieron Lázaro y Mercedes más hijos aparte de Isabel y Gregorio? En tal caso, ¿fueron bautizados como expósitos al cuidado de otras personas, como fue el caso de Gregorio y de Isabel? ¿llegaron esos otros hijos, en caso de haber existido, a llevar el apellido Olivo y a ser reconocidos por Lázaro o por Mercedes, como lo fueron Gregorio e Isabel?

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Capítulo 3. Las siguientes generaciones

De la segunda generación de Olivos descendientes de don Juan Félix Olivo y doña Bernarda Martínez, y en particular de los hijos de José Bernardo, José Joaquín y Lázaro Olivo El Viejo, descienden las principales ramas de Olivos de las que trata este relato. De ellos hablaremos en este capítulo.

Hay un caso especial de un linaje de Olivos originarios de Puerto Cabello, que luego se extiende a otras localidades, en particular Pedraza (Barinas) y Caracas, que podrían pertenecer también a este grupo. Sobre ellos hablaremos en el siguiente capítulo, titulado Los "Antonios" de Puerto Cabello. Por último, hablaremos también en otro capítulo de los que hemos llamado, de una manera un poco arbitraria, los "otros" Olivo, haciendo referencia a linajes caraqueños de este apellido que no descienden de Juan Félix y Bernarda. Obviamente, para los descendientes de ese grupo o grupos, "los otros" Olivo son los descendientes de don Juan Félix.

Los miembros de la segunda generación de Olivos descendientes de don Juan Félix y doña Bernarda, nacieron en su gran mayoría en Puerto Cabello, Caracas y Valencia, aunque al menos uno, Juan Nepomuceno Olivo, nació en la isla de Saint Thomas durante el exilio de sus padres. Sus conexiones genealógicas se presentan en el siguiente árbol, que es el mismo mostrado antes en el capítulo Los primeros Olivo:

Árbol nº 1. Segunda generación de los descendientes de Juan Félix Olivo y Bernarda Martínez
En el árbol anterior, las letras encerradas en círculos envían a otros árboles genealógicos que iremos comentando a continuación.

A. Los Olivo Martínez: la familia de J.M.Olivo Martínez y de Francisco Olivo
A los descendientes de Lázaro Olivo El Joven y de su esposa y prima Francisca Olivo, les hemos llamado en esta investigación los Olivo Martínez, atendiendo al hecho de que José María, hijo de los anteriores, contrajo matrimonio con Rosario Martínez. Sin embargo, hay que incluir también en este grupo a los Graterol Olivo.

Árbol nº 2. Descendientes de Lázaro Olivo "El Joven" y Francisca Olivo
José María Olivo Olivo, fue bautizado el 24 de abril de 1858 en la iglesia parroquial de Altagracia y tuvo como padrinos a su abuela Narcisa Lara y a un caballero de apellido Olivo cuyo nombre apenas puede leerse en la deteriorada partida de bautismo, pero que pudo haber sido Leonte Olivo, primo hermano de sus padres Lázaro y Francisca. Casó con apenas 19 años con una viuda nueve años mayor llamada María del Rosario (Rosarito) Martínez, con quien tuvo tres hijos: Adolfo Antonio, nacido en 1876, que sólo vivió dos años; Rosa Virginia Eleuteria, nacida en abril de 1881; y José María, nacido en octubre de 1883 y bautizado en mayo del año siguiente en la iglesia de Altagracia con Gregorio Olivo, medio hermano de su padre, como padrino. José María Olivo Olivo murió aún joven, en mayo de 1892, con apenas 34 años, dejando a sus dos hijos, Virginia y José María, huérfanos de padre con 11 y 8 años, respectivamente.

José María Olivo Olivo en uniforme militar, por cortesía de Libertad Olivo
José María Olivo Martínez parece haber heredado de su padre la admiración hacia la figura de su tío abuelo Adolfo Antonio "El Chingo" Olivo, pues también él bautizo con ese nombre a su primogénito, nacido en abril de 1909, fruto de una relación con Gertrudis Pérez. El niño moriría con apenas cuatro meses de nacido, pero en 1921 José María volvería a bautizar con este nombre a un hijo suyo, esta vez nacido de su matrimonio con Eva Armand. Claramente, el recuerdo del famoso General estuvo muy presente en la familia Olivo al menos durante dos generaciones.

José María Olivo Martínez es recordado por el singular coraje con el que defendió sus ideas políticas en los durísimos tiempos de la dictadura de Juan Vicente Gómez. El 25 de septiembre de 1909, cuando el dictador no llevaba aún un año en el poder, uno de sus parientes, llamado Eleuterio García, asesinó en Caracas en plena calle, concretamente en la esquina de Carmelitas, al concejal Enrique Chaumer, quien le investigaba por malversación de fondos durante su inescrupulosa gestión como administrador de rentas municipales, puesto que había ocupado hasta muy poco antes [10].

José María Olivo Martínez
Al día siguiente, tuvo lugar el sepelio del honesto concejal, al que acudió una multitud en medio de una ola de indignación por su asesinato. Uno de los que tuvo a su cargo aquel día la oración fúnebre sobre la tumba de Chaumer fue José María Olivo Martínez, quien denunció la impunidad de los delitos de corrupción y el imperio de la barbarie con que se inauguraba la era gomecista. Como consecuencia, el gobierno del general Juan Vicente Gómez ordenó que a él y a otros dos de los oradores de ese día se les apresara y se les confinara en prisión sin juicio. Según el periodista y preso político del gomecismo, Rafael Arévalo González, se les llevó primero a la tristemente célebre prisión de La Rotunda en Caracas y luego al no menos terrible Castillo de Puerto Cabello, donde Arévalo Gómez se encontró con José María a principios del año 1910 [11]. José María estuvo allí recluido en condiciones infames, con grilletes de 23 kilogramos atados a los tobillos.

Celdas en la prisión gomecista de La Rotunda en Caracas
Muchos años después, un 25 de septiembre de 1937, en un emotivo homenaje público a la memoria de Chaumer, Andrés Eloy Blanco recordó a José María Olivo [12]:

"Aquí, junto a esta tumba, recuerdo la figura del Licenciado [Chaumer]. Y junto a él quiero evocar, por lo de cerca que nos toca y por la estupenda lección que representa, a un hijo fiel de Caracas, a un valiente soldado de la autonomía, que acaso está escuchándome: Chaumer era, además de concejal, director de la Asociación de Obreros y Artesanos del Distrito Federal. En ese honroso cargo, defendió a toda costa los derechos del obrerismo. Por ello, entre los ciudadanos que hablaron en su entierro, estaba nuestro buen compatriota J. M. Olivo Martínez. Ahora veréis el remate de tragedia profética que sólo el pueblo puede dar a los grandes momentos. Aquel trabajador, con el instinto sagrado de los pueblos grandes, vio todo el panorama del crimen; lo adivinó todo o mejor dicho, lo comprendió todo; y lo vaticinó. Dijo que aquel asesinato no era un hecho aislado, sino el primer fenómeno de regresión; dijo que los puñales que asesinan democracias no se afilan sino en la piedra de los intereses particulares; sin ser literato ni poeta, fue el vate con la lengua intuitiva del pueblo y como aquellos profetas pobres que precedieron a Elías, anunció todo el espectáculo de nuestro pobre cautiverio. Aquel ciudadano estaba destinado a ser hoy, en admirable ejemplo de constancia y fidelidad a sus credos, el más bravo preconizador de la elección popular. Aquel hombre fue castigado por aquel discurso; por decir lo que dijo sobre la tumba de Chaumer, pasó 39 meses en el castillo de Puerto Cabello, con un peso de 50 libras en los pies. Pero su verdad duró veintisiete años con un peso de cincuenta mil cadáveres"

En la políticamente efervescente era post-gomecista, José María Olivo continuó con su incansable activismo. A finales del año 1937 y principios de 1938 participó junto con el general José Rafael Gabaldón y el poeta Andrés Eloy Blanco en la formación de un nuevo partido político llamado Partido Demócrata Venezolano, el cual, sin embargo, tras una batalla jurídica de varios meses, no pudo ser legalizado justamente por incluir en sus filas a personas como José María y como Luis Beltrán Prieto Figueroa a quienes el gobierno consideraba propagadores de ideas marxistas. Por esas fechas José María fue de nuevo arrestado y, esta vez, juzgado por "vilipendio al Presidente". Tenía entonces 54 años. En noviembre de 1938 también es arrestado su amigo Andrés Eloy Blanco, con quien coincide en prisión. José María no sería liberado hasta principios de 1939, cuando es indultado por el gobierno. Participó como orador, en octubre de 1941, en el acto de creación del partido de orientación marxista Unión Municipal, de corta existencia. Murió el 27 de julio de 1945, a los 61 años, en el Hospital Vargas de Caracas como resultado de una úlcera gástrica. Su concurrido sepelio, que tuvo lugar al día siguiente, fue recordado por Andrés Eloy Blanco con estas palabras en un artículo firmado por el poeta y publicado en el diario El Universal el 29 de julio de 1944:

"Hoy, veintiocho de julio, hemos llevado al cementerio el cuerpo del viejo Olivo. Desde su casa de San Agustín del Sur hasta la pobre tumba en que ha quedado, lo llevamos en hombros. Cruzó su cuerpo la barriada obrera que él llenó con su gran espíritu. Lo hemos cargado en nuestros hombros. Desde el mozo que pidió una licencia en el taller para ir a acompañar al camposanto el cadáver de su maestro, hasta Manuel Flores Cabrera y Rómulo Gallegos, todos hemos metido nuestras espaldas bajo el cajón liviano, como si no llevara más que un corazón".

La hermana mayor de José María, Virginia Olivo Martínez, quedó, al igual que él, huérfana de padre a corta edad, a los 11 años. Su nacimiento fue presentado por su madre, María del Rosario (Rosarito) Martínez, ante la autoridad del registro civil de la parroquia de Santa Rosalía el 11 de julio de 1881, pues su padre se encontraba en ese momento "en servicio de armas en el castillo de San Carlos", según se recoge en la partida de nacimiento. El hecho de que su partida de bautismo no aparezca en los libros sacramentales de la iglesia de esa parroquia nos lleva a pensar que probablemente fuera bautizada en la cercana iglesia de Santa Teresa, cuyos libros de bautismo correspondientes a esos años no se han podido consultar por haberse perdido o por no estar digitalizados.

Virginia Olivo Martínez, por cortesía de su nieta Libertad Olivo
El 7 de noviembre de 1895, con apenas catorce años, Virginia Olivo contrajo matrimonio con Rosendo Ordaz, de treinta y dos. Rosendo, sin embargo, murió tres años más tarde, con lo que Virginia quedó viuda antes de cumplir los dieciocho años.

Fruto de una relación con el militar Juan Figueroa, natural de Porlamar e hijo a su vez de un general, en enero de 1902 Virginia da a luz a un niño varón al que se le pone el nombre de Juan Antonio. A éste le sigue un segundo hijo, Marco Antonio Figueroa Olivo, nacido el 17 de noviembre de 1903 y presentado por su padre tres días después ante la autoridad del registro civil de la parroquia de Santa Teresa de Caracas. Tan sólo diez días después, el 27 de noviembre de 1903, fallece a los 22 meses el pequeño Juan Antonio. La relación entre Virginia y Juan Figueroa, sin embargo, no duraría mucho, y hacia 1906 la joven, ya de veinticinco años, inicia una nueva relación con Francisco Tosta Pérez, de diecinueve años, nacido en Caracas el 23 de diciembre de 1887, hijo del destacado político, militar y escritor Francisco Tosta García.

Virginia falleció el 8 de abril de 1927 a los 46 años en una casa situada en La Pastora, en un sector conocido como La Puerta de Caracas, donde terminaba el antiguo Camino de los Españoles que venía del puerto de La Guaira a través de la serranía de El Ávila. Su defunción fue presentada ante la autoridad del registro civil por su primo Mario Graterol Olivo, hijo de Gertrudis Olivo, quien aún estaba viva y probablemente vivía con su sobrina Virginia en el momento de morir ésta.

La Puerta de Caracas, en la parroquia de La Pastora, 1930
De la relación de Virginia con Francisco Tosta Pérez, nació, en junio de 1907 Francisco Olivo, influyente líder político y sindical en la Venezuela de las décadas centrales del siglo XX. Con sólo veinte años quedó huérfano de madre y se inició en el activismo político, uniéndose a las protestas de los trabajadores de Caracas contra el gobierno del dictador Juan Vicente Gómez. Tras la muerte de Gómez en 1935, participó al año siguiente en la huelga obrera de cinco días que consiguió la incorporación a la Ley del Trabajo del derecho a la huelga y otras reivindicaciones.

Militó inicialmente en el Partido Republicano Progresista, organización de ideología marxista de corta existencia, y posteriormente, a partir de 1937, en el Partido Democrático Nacional (PDN), junto con futuras personalidades de la vida política venezolana como Rodolfo Quintero, Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt y Miguel Otero Silva. Creyendo que la materialización de sus ideas políticas quedaría mejor servida por un partido que aglutinara fuerzas procedentes de todo el espectro de izquierdas, en 1941 participó en la fundación de Acción Democrática, agrupación que dominaría la escena política venezolana durante los siguientes cincuenta años.

Manifestación cívica en Caracas el 14 de febrero de 1936
En 1946, Francisco Olivo fue elegido diputado a la Asamblea Nacional Constituyente; pero en 1948, tras el golpe de estado al presidente Rómulo Gallegos, tiene que exiliarse en Chile, de donde regresa tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958. Desde entonces y hasta su muerte en diciembre de 1974, ocupó cargos de responsabilidad política como los de Secretario Sindical de Acción Democrática, senador por el Estado Guárico, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela y miembro del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo.

Vale la pena concluir este apartado sobre los Olivo Martínez con algunos apuntes adicionales sobre Gertrudis Olivo Olivo, una figura femenina de indudable presencia en la documentación consultada sobre esta rama de los Olivo y de la que ya hemos hablado. Fue hija de Lázaro Olivo El Joven y de su esposa Francisca y, por tanto, hermana de José María Olivo Olivo y tía de Virginia y de José María Olivo Martínez. Nació el 16 de noviembre de 1855 y fue bautizada el 12 de febrero del año siguiente en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Altagracia. Sus padrinos fueron Rafael Olivo, tío de su padre y de su madre, y la esposa de éste, Catalina González, de quienes hemos hablado en el capítulo titulado Los Primeros Olivo. Gertrudis casó tarde, a los 38 años, con Eduardo Graterol, un pintor natural de Puerto Cabello, y nueve meses después trajo al mundo a su único hijo, Mario, a quien ya hemos mencionado, nacido el 8 de abril de 1895.

Señoritas caraqueñas hacia el año 1900
De la información de los registros civiles y parroquiales se deduce que tanto Gertrudis como su hijo Mario estuvieron unidos a los demás Olivo, pero sobre todo a aquellos que posiblemente fueran particularmente vulnerables a los prejuicios sociales de la época. Siendo Gertrudis una joven de 21 años, dio apoyo a su medio hermana Isabel al asistir en calidad de testigo a la celebración de su matrimonio civil, a pesar de que Isabel era hija de una unión ilegítima y seguramente escandalosa de su padre Lázaro (ver El asunto Lázaro) y que contraía matrimonio con Ramón Egañez, nieto de una manumisa llamada Trinidad. Siete años después, en febrero de 1884, fue madrina de Tiburcio Egañez Olivo, hijo de Isabel. En febrero de 1913 fue Gertrudis la que presentó a Rosa Amelia, hija natural de su sobrino José María Olivo Martínez y de Gertrudis Pérez, ante la autoridad civil de la parroquia de San Juan. Su hijo, Mario Graterol Olivo, entonces de 18 años, fue padrino de bautismo de la niña. También fue Mario, como hemos dicho, quien comunicó a la autoridad del registro civil de La Pastora la defunción de su prima hermana Virginia Olivo en abril de 1927.

Firma de Gertrudis Olivo cuando presentó a Rosa Amelia Olivo en el registro civil, 22.02.1913
Tras la muerte de su abuela Narcisa Lara en junio de 1888 y de su madre Francisca Olivo en abril de 1915, podría pensarse que Gertrudis hereda el testigo como matriarca de los Olivo. Vivió una larga vida, al igual que su madre, que su abuela Narcisa y que su bisabuela Bernarda, muriendo el 9 de agosto de 1930 en una casa situada en cuarta calle de la Sábana del Blanco, en la parroquia de La Pastora de Caracas, a la edad relativamente avanzada para la época de 74 años.


B. Los Olivo Antonini: la rama del umpire Roberto Olivo

De la unión de Lázaro Olivo El Joven con su prima Mercedes Olivo se originan dos ramas de los Olivo estrechamente emparentadas con los Olivo Martínez. La primera de estas ramas es a la que hemos llamado los Olivo Antonini, debido a que el cabeza de este linaje, Gregorio Olivo Olivo, contrajo matrimonio en diciembre de 1886 con una joven llamada Isabel Antonini, con la que formó familia. En la figura siguiente puede verse el árbol genealógico de los descendientes de Gregorio e Isabel.

Árbol nº 3. Descendientes de Gregorio Olivo e Isabel Antonini
Sobre Gregorio Olivo Olivo y las circunstancias que rodearon su expediente matrimonial y, en particular, sobre el esclarecimiento de su filiación, ya hemos hablado en el capítulo El asunto Lázaro. También sobre la estrecha relación que parece haberle unido a su medio hermano José María Olivo Olivo, padre de José María Olivo Martínez, de quien hemos hablado ampliamente en el apartado anterior. Gregorio, como se recordará, fue padrino de bautismo de José María Olivo Martínez, lo cual sugiere que el vínculo que debido de existir entre los Olivo Martínez y los Olivo Antonini seguramente fuera más allá de una mera conexión genealógica. También debio de existir una relación de trato familiar próximo entre los Olivo-Antonini y los Olivo-Egañez, si se tiene en cuenta, como se explicó en el capítulo 2, que Gregorio Olivo fue padrino de bautismo de Magdalena Egañez Olivo, hija de su hermana Isabel Olivo, y que ésta fue unos años después testigo en la celebración del matrimonio civil de Gregorio con Isabel Antonini.

Gregorio e Isabel tuvieron al menos diez hijos. Conocemos la descendencia de tres de ellos. En concreto de Roberto Gregorio, nacido en abril de 1890, casado con Berta Luisa Márquez; de Carolina -conocida familiarmente como Carola-, que contrajo matrimonio con Manuel Sosa Arévalo; y de Jesús Alberto, quien casó con Berta Monteverde. El hijo mayor de la familia Olivo Márquez, llamado Roberto Gumersindo, nació el 13 de enero de 1914 en el caserío de Los Dos Caminos, dentro de la jurisdicción del pueblo de Petare, aunque fue bautizado en la Parroquia de Santa Rosalía de Caracas, a donde se trasladó la familia poco después de su nacimiento. Su abuelo Gregorio Olivo Olivo ejerció de padrino en esa ocasión.

Roberto Olivo Márquez está considerado como uno de los mejores umpires (árbitros) del béisbol venezolano de todos los tiempos. Durante una carrera que abarcó 26 años, consolidó un enorme prestigio entre los aficionados y profesionales del béisbol en los países donde es popular ese deporte, concretamente en el Caribe, México y los EE.UU. En 1988 ingresó en el Salón de la Fama del deporte venezolano y en 2003 al del béisbol venezolano.

Roberto Olivo (Caracas, 13.01.1914), gran figura del béisbol profesional.
Fuente: ¡Play Ball! Vida y anécdotas de Roberto "Tarzán" Olivo
Roberto Olivo murió el 22 de junio de 2005 a los 91 años. Al día siguiente el diario El Universal publicó el siguiente obituario:

Roberto Olivo atleta y umpire falleció ayer

Ayer dejó de existir Roberto Olivo, uno de los grandes personajes del deporte venezolano, pero especialmente del beisbol, que practicó y en el que además de desempeñó de manera brillante durante años como umpire, impartiendo justicia en los torneos profesionales de Venezuela y hasta en la Serie del Caribe.

Su deceso ocurre a los 91 años de edad por causas naturales y será sepultado hoy en el Cementerio del Este. El lunes habrá un funeral público en la iglesia de La Tahona.

Su inquietud deportiva empezó a desarrollarla desde que tenía 16 años. En el club San Bernardino practicó baloncesto, natación, voleibol, atletismo, hasta que en una oportunidad necesitaban un umpire y lo pusieron detrás del home, y lo hizo de manera tan acertada que desde entonces tomó al arbitraje como su hobby preferido, pues en el día se dedicaba a sus labores como empresario y por las noches acudía a los estadios a impartir justicia en los partidos de beisbol, llegando a participar como tal en Series del Caribe.

Su gran pasión por la actividad deportiva y su disciplina, que lo llevaron a recibir todos los reconocimientos posibles, lo acompañaron siempre, ya que en sus últimos años se dedicó a la pesca, y presidió el club de pesca de pavón.


C. Los Egañez Olivo: los descendientes de la esclava Fausta

La segunda rama de los Olivo que se origina en la unión de Lázaro El Joven con su prima Mercedes es la de Isabel Olivo, hija de ambos, con Ramón Egañez. Al igual que en el caso de Gregorio Olivo Olivo, ya hemos hablado en el capítulo titulado El asunto Lázaro de las circunstancias que rodean el origen de esta rama de los Olivo, también estrechamente relacionada, desde el punto de vista genealógico, con los Olivo Martínez.

Árbol nº 4. Descendientes de Isabel Olivo y de Ramón Egañez
Con respecto al apellido Egañez, se trata de un apellido que, al igual que ocurría en el caso de otros linajes caraqueños, compartían los descendientes de blancos criollos y los de sus esclavos. Ramón Egañez, marido de Isabel Olivo, fue nieto de Trinidad Petronila de los Remedios Egañez, nacida libre en 1829 conforme a las Ley de Manumisión de 1821, hija de la esclava Fausta Egañez y bautizada en la catedral de Caracas.


D. Los Olivo Vautrin: la rama que permaneció en Valencia

A la línea que tiene como cabeza de linaje a Joaquín Olivo, hijo de don Juan Félix Olivo y de doña Bernarda Martínez, la hemos llamado los Olivo Vautrin, a causa del enlace de Leonte Olivo, nieto de Joaquín, con una joven francesa de nombre Regine Vautrin. De esta pareja descienden las ramas más representativas de este linaje hoy en día. También se podría denominar a esta línea los Olivo de Valencia por ser esa ciudad venezolana el hogar ancestral del linaje desde que Joaquín contrajera allí matrimonio con una joven local el mismo año en que finalizó la Guerra de Independencia.

Árbol nº 5. Descendientes de Leonte Olivo y Mª del Socorro Marín
Un hijo de Joaquín Olivo con Gregoria Espinosa llamado Leonte fue el primero de varios varones de este nombre que jalonan la línea principal de este linaje hasta el día de hoy. Del primer Leonte apenas sabemos que era primo hermano del famoso general Adolfo Antonio Olivo, que contrajo matrimonio en Valencia en enero de 1858 con una señorita llamada María del Socorro Marín, que en 1876 cuando presentó ante el registro civil de Valencia a su hija menor, María Dolores, se declaró comerciante y que murió en Valencia apenas seis años más tarde, en julio de 1883. Es posible que su esposa María del Socorro, fallecida en Valencia en agosto de 1905, fuese también su prima, pues la abuela materna de Leonte se llamaba Socorro Marín.

Leonte Bernardo (n.1862), Leonte Vincencio (n.1921) y Leonte Eusebio Olivo (n.1891)
por cortesía de la familia Olivo Chacín
Leonte Bernardo Olivo, hijo de los anteriores, vino al mundo en Valencia en agosto de 1862 y fue bautizado unos meses más tarde en la que sería catedral de Valencia, entonces aún iglesia matriz de Nuestra Señora del Socorro. Recibió los nombres de Manuel Leonte Bernardo, probablemente en homenaje a su tío Juan Manuel Olivo, hermano de su padre, y a su tío abuelo José Bernardo Olivo, padre del general Adolfo Antonio Olivo. Sus padrinos fueron su tía Juana Bautista Olivo y Víctor Villanuena, quien probablemente sería tío o primo de su madre. Contrajo matrimonio con Regine Vautrin, natural de Francia, y fue padre de varios hijos, entre ellos Leonte Eusebio y Félix Joaquín, ambos portadores de nombres de clara evocación familiar. El segundo de éstos, Félix Joaquín, fue bautizado en febrero de 1895 en la catedral de Valencia haciendo de padrino el general José Félix Mora, gobernador del Estado Carabobo. El General había sido elegido por votación popular en 1894 y de él se cuenta que aguantó estoicamente los desplantes y desprecios de los que era objeto por parte la oligarquía valenciana -motivados por su extracción humilde y su condición de hombre de color- con la ingeniosa frase: "la democracia se trata de eso, de echar vaina impunemente" [13].

Leonte Bernardo Olivo falleció en Valencia en enero de 1927. Su esposa Regine (o también Reina o Regina, en su forma castellanizada) le sobrevivió 18 años, falleciendo también en Valencia en diciembre de 1944. Su primogénito, Leonte Eusebio Olivo, fue bautizado en agosto de 1891 y tuvo por padrinos a Joaquín Olivo, probablemente hermano de su padre, y a Mercedes, la esposa de éste. Falleció joven, a dos meses de cumplir los 39 años, pero vivió una vida plena. Fue poeta, ensayista y cuentista, autor de, entre otros, un precioso libro de evocaciones poéticas titulado Joyeles, que publicó en 1910 en Valencia con sólo 19 años, y también de Cuentos venezolanos. Conoció en San Fernando de Apure al poeta Andrés Eloy Blanco, quién en 1918 le dedico el "Poema del Apure". También mantuvo amistad y correspondencia con el escritor Mariano Picón Salas.


Leonte Eusebio Olivo ocupó asimismo puestos de relevancia política, como el de diputado por el Estado Apure en 1922. También fue secretario privado del presidente de ese Estado, general Vincencio Pérez Soto, hombre de confianza del entonces presidente de la República y dictador Juan Vicente Gómez. El general Pérez Soto debió de ser un hombre singular, pues fue capaz de mantener una sincera amistad con Andrés Eloy Blanco al margen de las ideas políticas de ambos, como reveló el poeta en un artículo publicado en el diario Ahora el 3 de diciembre de 1937 y que iba dedicado a otro Olivo del que hemos hablado: José María Olivo Martínez.


E. Los Olivo Ochoa: los últimos de Puerto Cabello

Esta rama se origina en la relación entre Juan Nepomuceno Olivo, nacido en Saint Thomas en 1818, y Rosa Ochoa. Juan Olivo fue hijo de José Bernardo Olivo y de su esposa Juliana Moreno y hermano, por tanto, de Lázaro Olivo El Joven y de Adolfo Antonio "Chingo" Olivo. Fue también primo hermano de Joaquín Olivo, fundador de los Olivo de Valencia y de Francisca y Mercedes Olivo, protagonistas del capítulo de este relato titulado El asunto Lázaro.

Árbol nº 6. Descendientes de Juan Nepomuceno Olivo y Rosa Ochoa
La figura central de este linaje es José Bernardo Olivo, nacido en Puerto Cabello el 11 de febrero de 1872 y, junto con Leonte Bernardo Olivo, los únicos de la tercera generación de descendientes de Juan Félix Olivo en llevar el nombre de la bisabuela, doña Bernarda Martínez.

Cuando José Bernardo nació, su padre era ya un hombre maduro de 53 años, y eso explica la gran diferencia de edad entre José Bernardo y sus primos José María y Gertrudis Olivo, hijos de Lázaro El Joven y de Francisca, que eran unos 15 años mayores. En su partida de bautismo no se menciona a su padre, aunque tampoco se dice que fuera hijo natural. Sin embargo, en la partida de bautismo de su hermana Rosa, nacida cuatro años antes, también en Puerto Cabello, el párroco indica expresamente que era hija legítima de José Nepomuceno Olivo y Rosa Ochoa. En cualquier caso, que José Bernardo era hijo legítimo de Juan Nepomuceno Olivo y Rosa Ochoa queda acreditado en su partida de matrimonio con la señorita María Magdalena Álvarez.

Iglesia de San Juan o de los Capuchinos, Caracas
José Bernardo era militar y mantuvo desde joven relación con sus primos de Caracas. En julio de 1894, aún soltero y con 21 años, asistió como testigo a la celebración del matrimonio civil entre su prima Gertrudis Olivo y Eduardo Graterol. Menos de un año más tarde, en marzo de 1895, es el propio José Bernardo el que contrae matrimonio, también en Caracas. A la ceremonia religiosa en la iglesia parroquial de San Juan o de los Capuchinos asistió como testigo su tío Lázaro Olivo El Joven, mientras que en la ceremonia civil firmaron el acta como testigos varios militares de alto rango, entre ellos el coronel Rosendo Ordaz, quien probablemente sea el mismo que contrajo matrimonio al año siguiente con Virginia Olivo Martínez.


F. El general Adolfo Antonio Olivo y los Olivo-Rivas

Como ya se ha comentado en el capítulo Los Primeros Olivo, Adolfo Antonio Olivo fue hijo de José Bernardo Olivo y Juliana Moreno. Nació en Puerto Cabello el 23 de septiembre de 1831 y fue el noveno de doce hermanos, de los cuales no todos sobrevivieron a la infancia. El mismo Adolfo Antonio estuvo en peligro de muerte al nacer, como se desprende del hecho de que el marido de su hermana mayor María Bernarda, llamado José Antonio Oronoz, le administrara el bautismo de necesidad. El mismo José Antonio y María Bernarda, quien entonces tenía 16 años, fueron sus padrinos.

Aunque abundan las historias y leyendas en torno a la figura del general Adolfo Antonio Olivo, no ha habido hasta ahora fuentes historiográficas fidedignas que aporten datos biográficos contrastados sobre el General o un punto de vista neutral sobre sus actuaciones políticas y militares. Una breve entrada sobre el personaje contenida en el Diccionario de Historia de Venezuela, publicado por la Fundación Polar en 1988, contiene datos biográficos que son manifiestamente erróneos a la vista de la documentación obtenida de fuentes primarias durante la presente investigación. El general Olivo no nació en Valencia, sino en Puerto Cabello; no nació en 1830, sino en la fecha que hemos indicado, que es la que consta en su partida de bautismo; y no era primo de Hermógenes López, sino su hermanastro.

El general Adolfo Antonio Olivo
Una fuente de mayor entidad sobre la vida y los hechos militares del general Adolfo Olivo, como lo es la obra del historiador Francisco González Guinán, tampoco está libre de problemas, pues ofrece una visión sesgada del gran caudillo conservador. González Guinán, aparte de haber militado en el bando liberal federalista, ganador de la Guerra Federal y protagonista de la Revolución de Abril, fue amigo y uno de los principales hagiógrafos del presidente Antonio Guzmán Blanco, adversario político y militar de Olivo. En la narrativa de González Guinán, la figura del general Olivo emerge como la de un hombre caballeroso y apuesto, capaz de grandes actos de valor y lealtad, pero también dominado por la obsesión de vengar el asesinato de su hermano, lo cual "convirtió a un hombre verdaderamente bueno en un criminal" [7]. Probablemente nos situaríamos más cerca de la verdad diciendo que, aunque Olivo seguramente fuera autor de actos violentos e incluso crueles durante las guerras civiles que arruinaron Venezuela entre 1859 y 1872, lo mismo podría reputarse de la mayor parte de los caudillos de cualquier bando durante una época marcada por la barbarie.

Aunque González Guinán haya sido un historiador parcial, hay que decir que fue también un historiador prolífico y extraordinariamente meticuloso a la hora de recopilar y documentar los hechos y acontecimientos que marcaron la Revolución de Marzo, la Guerra Federal, la Revolución Azul y la resistencia armada a Antonio Guzmán Blanco, episodio este último que culminó con la Batalla de Apure y la muerte del general Olivo. Gracias a la pormenorizada relación que hace de todos estos episodios en su monumental Historia contemporánea de Venezuela, publicada en 1910-1911, hemos podido reconstruir un relato coherente sobre la trayectoria militar de Adolfo A. Olivo, que puede consultarse aquí.

Aparte de su perfil militar, vale la pena también repasar el retrato más "intimista" que hizo del General en 1925 González Guinán, y que incluyó en la segunda edición de una obra suya titulada Reminiscencias históricas de Venezuela, publicada en 1929.  El relato tiene especial valor si se tiene en cuenta que el padre de González Guinán fue amigo del General y que el mismo autor, cuando era aún un niño, tuvo oportunidad de conocer y convivir con el entonces joven Adolfo A. Olivo, que convalecía del incidente que le llevo a la pérdida parcial de la nariz; así que lo transcribimos completo [7].

"A mediados del pasado siglo vivían en Valencia, y en ocasiones en el pueblo de Naguanagua, dos apreciables jóvenes llamados Hermógenes López y Adolfo Antonio Olivo. Eran hermanos putativos, porque la viuda madre de López había contraído nuevas nupcias con el padre de Olivo, y la viuda madre de éste con el padre del primero. López y Olivo tenían importantes relaciones sociales y políticas y eran muy apreciados.

En una noche del año 1851 había un baile en una casa del pueblo de Naguanagua, donde se encontraba Olivo; y un pendenciero -que nunca faltan en los pueblos pequeños- por asunto de parejas, tuvo un desagrado con Olivo; y escondido detrás de la puerta de la sala lo esperó armado de un machete, con el propósito de matarlo. Al salir Olivo le descarga el pendenciero el machetazo, y tan solo alcanzó a cortarle la nariz. El victimario echó a correr, y el escándalo del suceso terminó aquella reunión social. Olivo fue atendido medicinalmente, y la familia resolvió enviarlo a Valencia, adelantando un expreso a la señora Trinidad Olivo, esposa del señor Juan Antonio Michelena (más tarde general en la guerra de la Federación) para prepararle alojamiento*.

La señora de Michelena vivía en una casa estrecha, donde apenas había lugar para sus hijos; y como enfrente se encontraba la casa de mi padre, pidióle a las hermanas de éste un cuarto para recibir al herido, pues mi padre se hallaba en esos momentos en su hacienda de café, con mi madre y mis hermanos. A poco llegó Olivo, quien fue atendido por facultativos.

Era yo entonces estudiante de primeras letras en la escuela que regentaba el señor Federico Villalobos; y apenas llegaba a la casa cuando Olivo me llamaba para que le diera la relación de las crónicas de la ciudad. Curado Olivo de su herida, los médicos resolvieron ponerle la nariz de cera, pegada con adhesivo.

Olivo y López se mezclaba en la política, y ambos pertenecían al Partido Liberal, que entonces predominaba bajo la Presidencia de la República que servía el general José Tadeo Monagas. Así continuaron durante la presidencia del general José Gregorio Monagas y la segunda de José Tadeo, tomando parte en la lucha de los partidos; y al estallar la Revolución Federal, provocada por la actitud reaccionaria de los conservadores, López y Olivo resolvieron tomar parte en la guerra civil. López se incorporó a sus filas liberales y Olivo pretendió hacerlo también; pero al llegar al pueblo de El Cambur, parroquia de Puerto Cabello, tuvo la triste noticia de que un dominicano llamado Antonio Ruiz se había puesto en armas por la Federación, cometiendo desmanes y asesinatos y matando, entre otros, al joven Rafael Olivo, quien desempeñaba en Quisandal un cargo fiscal.

Olivo varió en el acto su propósito político, y regresando a Valencia se presentó al Comandante de Armas de Carabobo, general Pedro Estanislao Ramos, y le dijo: "vengo a poner a la disposición de usted mis servicios con el propósito de vengar la sangre de mi hermano". De aquí surgió el hombre siniestro.

Pero las relaciones políticas y sociales de Olivo no podían extinguirse por completo en sus sentimientos; y hubo de conservarse fiel a Hermógenes López, su hermano, a mi padre, a Diego Beluche y a otros liberales.

Hallábase destacado Olivo con un cuerpo de tropas en el pueblo de Naguanagua, y por exigirlo así la guerra civil que existía en Venezuela, al tiempo que allí se encontraba la familia de Hermógenes López, casado recientemente con la señora Frolila Meleán; y al tener noticia [Hermógenes López] de que ésta había dado a luz a su primogénita, se vino de la Sierra de Carabobo y, por caminos extraviados, entró a su casa de Naguanagua, a la cual diariamente visitaba Olivo, retirándose después cada cual al puesto en que los había colocado aquella desastrosa guerra civil; yéndose López a incorporarse a sus compañeros federalistas y Olivo al mando de su cuerpo de tropas conservadoras.

En la noche del 8 de marzo de 1861 se sublevó en Valencia el Batallón Cinco de Marzo proclamando la Federación. Los sublevados se adueñaron de la ciudad, pero dejaron en pie a las autoridades, las que pidieron auxilio a los cuerpos que en San Joaquín y Tocuyito mandaban los comandantes Félix M. Moreno y Adolfo Antonio Olivo. Al amanecer del 9 comenzó el ataque, en el cual salieron vencedores los conservadores. Al llegar Olivo al cuartel Anzoátegui se impuso de que el comandante Diego Beluche, su amigo, había caído con una pierna destrozada y héchose trasladar a la casa de mi padre, que se hallaba entonces a una cuadra de distancia: corrió hacia allá y entró en a la casa en momentos en que una guerrilla de soldados conservadores trataban de asesinar a Beluche, y fue en ese instante que una de mis tías le gritó: "señor Chingo Olivo no lo deje matar". A planazos sacó Olivo a aquellos soldados y se colocó a la cabecera de la cama de su amigo a quien acompañó hasta instalarlo en la cárcel municipal.

[...]

Más después siguió Olivo su carrera de crímenes, convirtiéndose en un personaje siniestro. En Ciudad Bolívar pretendió fusilar al general Leoncio Quintana [general conservador que se oponía al plan de Olivo de llevar las tropas a San Fernando de Apure a finales de 1871]. Después del ataque y ocupación de San Fernando de Apure le hizo dar muerte al Jefe Civil y Militar doctor Lisandro Díaz. Resistió al Ejército liberal, de que era jefe el general Guzmán Blanco, pero a poco abandonó la plaza. Una división regida por el general Crespo lo alcanza en San Juan de Payara y después de un recio combate se declara en derrota, y aquellos de sus soldados que no caen prisioneros se lanzan al río Arauca, y como dijo entonces el general Guzmán Blanco: "Sin canoas en esta orilla, ni esperanza de alcanzar la opuesta, flotando en aquellas aguas en medio del estruendo de dos mil bocas de fuego en explosión, y los gritos de espanto que el miedo y el pavor arrancaban, es un cuadro pavoroso en que alcanzo a ver algo de castigo divino, contra los que sin derecho ni fuerza han tenido a la patria en sangrienta zozobra por tan dilatado espacio de tiempo".

En Arauca terminó la vida de Olivo. Un errado sentimiento de piedad por la muerte de un hermano convirtió a un hombre verdaderamente bueno en un criminal.

La pasión del odio enloquece a los hombres, y ésta es precisamente el resultado de las guerras civiles: el odio que hace del adversario un malvado: el odio que se transmite, como una religión satánica, de generación en generación: el odio que divide a los ciudadanos en buenos y malos."

(*) Trinidad Olivo y Juan Antonio Michelena fueron los abuelos del famoso pintor Arturo Michelena (ver apartado siguiente).

Casa de Juan Vicente Gómez en la plaza Girardot de Maracay, lugar
donde se dice que tuvo un comercio el general Adolfo Antonio Olivo
En la presente investigación se han encontrado otros datos -antes inéditos- para elaborar una biografía más completa de Adolfo Antonio Olivo, incluyendo los ya indicados relativos a su nacimiento y filiación. Contrajo matrimonio el 13 de diciembre de 1861 en Maracay con Laura Jordán, según consta en la partida de matrimonio que hemos localizado en los libros de la entonces iglesia parroquial de San José. Tenía entonces el grado de comandante y estaba al servicio del gobierno legítimo de la República.  El padre de Laura fue don Vicente Jordán, quien, según escribió Manuel M.Gallegos [14], ejerció durante muchos años de administrador de Mariara (no aclara si de la población de ese nombre, próxima a Valencia, o de las haciendas que tenían los Tovar y los Michelena en esa zona) antes de establecerse con su familia en la ciudad de Maracay.

Según Gallegos, Adolfo Antonio Olivo, tras el triunfo de los liberales en la Guerra Federal, se estableció en Maracay, donde tuvo una casa de comercio en la esquina de la plaza Girardot, en el sitio donde años después, se encontraría la residencia del dictador Juan Vicente Gómez. Pero de ser correcta esta información, eso tuvo que ocurrir, en todo caso, al volver Olivo -en una fecha indeterminada- del exilió en Trinidad, a donde a principios de noviembre de 1863 se vio obligado a partir desde Ciudad Bolívar en la goleta Esplendor tras la derrota definitiva de los restos del ejercito conservador.

En cualquier caso, esos años de Maracay sólo habrían supuesto una tregua en la vida agitada de Adolfo Antonio Olivo, pues en 1867, ante el estado de anarquía y de barbarie en que se encontraba el país, se une al ejército Azul de José Tadeo Monagas, que finalmente toma el poder en junio de 1868. Olivo es ascendido entonces a coronel. Pero el gobierno Azul no dura mucho, y tras el éxito de la Revolución de Abril encabezada por el liberal Antonio Guzmán Blanco, Olivo pasa a la resistencia vistiendo los arreos de general y comandando un ejército en el oriente de Venezuela. Pero finalmente es derrotado en la Batalla de Apure por fuerzas dirigidas por los generales Guzmán Blanco y Joaquín Crespo.

Batalla en el río Apure

Conocemos el relato de la muerte del general Olivo que hace el propio Joaquín Crespo en una carta que envía, desde el mismo lugar de los hechos, al presidente Guzmán Blanco, que se encontraba estacionado con sus fuerzas en la cercana localidad de San Fernando de Apure.

Para el régimen del presidente Guzmán Blanco, la derrota sobre el general Olivo en la Batalla de Apure fue un acontecimiento de gran trascendencia, hasta el punto que el 25 de febrero de 1872 se organizó una entrada triunfal en Caracas del general-presidente victorioso, al estilo de la antigua Roma. Para ello se erigió un arco triunfal en la hoy desaparecida plaza de San Pablo. Por la noche hubo festejos y espectáculo de fuegos artificiales en la Plaza Bolívar. Ambos momentos quedaron inmortalizado en sendos grabados de Ramón Bolet Peraza.



Si bien el ya citado Manuel M.Gallegos [14], afirma que Adolfo Antonio Olivo y Laura Jordán no tuvieron hijos, en esta investigación hemos encontrado que el "Chingo" Olivo probablemente tuvo al menos un hijo fuera del matrimonio. Se trataría de Enrique Olivo, nacido en Valencia el 8 de noviembre de 1861 y bautizado como hijo natural de una tal Rosa Silva. Sabemos, sin embargo, por la partida de defunción de Enrique, ocurrida 58 años después en San Cristóbal, Estado Táchira, que Rosa Silva lo tuvo con un Adolfo Olivo, que todo indica que debió tratarse del "Chingo", quien residía en Valencia cuando Enrique fue concebido. Contribuye a sostener esta hipótesis el hecho de que al menos de momento no se haya identificado en los registros genealógicos de esos años ningún otro Adolfo Olivo aparte del "Chingo".

Hay una circunstancia adicional que hace genealógicamente atractiva la historia de Enrique Olivo, y es que contrajo matrimonio con Rosalía Rivas, medio hermana por parte de madre de José María y de Virginia Olivo Martínez, de quienes hemos hablado en el apartado relativo a los Olivo Martínez.

Rosalía era hija de Rosarito Martínez -casada en segundas nupcias con José María Olivo Olivo, sobrino de "El Chingo"- y de su primer marido, el general José del Carmen Rivas. Rosarito, que fue bautizada en la Catedral de Caracas el 12 de febrero de 1849 con los nombres de María del Rosario Estefanía de Jesús, contrajo matrimonio en la parroquia de Altagracia de Caracas el 1 de abril de 1865 con José del Carmen Rivas, natural de Mérida, hijo de Antonio Rivas y de Rosalía Moreno. La contrayente, cuyo padre había muerto en el Hospital de Caridad para Hombres dos años antes, tenía sólo 16 años, mientras que el novio, de 32, le doblaba la edad.

Retrato de Antonio Leocadio Guzmán por Martín Tovar y Tovar
Fue testigo de la ceremonia el señor Antonio Leocadio Guzmán, fundador del Partido Liberal y padre del entonces vicepresidente de la República Antonio Guzmán Blanco. Si esta última circunstancia pudiera sugerir que José del Carmen Rivas tenía entonces vinculación con el liberalismo, lo cierto es que unos años después lo encontramos combatiendo en el ejército Azul, al igual que el Chingo Olivo, en contra del gobierno liberal de Guzmán Blanco. De hecho, el general Rivas murió en combate en Calabozo justo un año antes que el general Olivo y a manos del mismo adversario: el general liberal Joaquín Crespo.

Árbol nº 7. Descendientes de Adolfo Olivo y Rosa Silva
El general Rivas dejó dos niñas huérfanas de padre, una de ellas Rosalía, nacida en Caracas el 6 de octubre de 1868, quien como hemos dicho contrajo matrimonio con Enrique, hijo natural del general Adolfo Antonio Olivo, compañero de armas de su padre y tío de su padrastro, por lo que esa unión, al mismo tiempo que parecía natural, contribuyó a tupir aún más la densa trama que parecía unir a las familias Rivas y Olivo. No hemos podido precisar la fecha del enlace, pero parece haber sido no mucho después de la muerte en 1892 del padrastro de Rosalía, José María Olivo Olivo.

La pareja al parecer heredó o cultivó relaciones con personalidades relevantes de la sociedad de la época, pues el 31 de octubre de 1898 cuando bautizaron a su hija Enriqueta en la iglesia parroquial de Altagracia ejerció de padrino don Juan Pablo Rojas Paul, ex presidente de la República, y su esposa Josefa. Ocho años después, el 26 de agosto de 1906, tuvieron un hijo varón al que bautizaron, cómo no, con el nombre de Adolfo, aunque el niño sólo vivió 4 años. Curiosamente, Enrique Olivo se declaró en ese momento como "pobre de solemnidad", con lo que los gastos del entierro de la criatura corrieron a cargo del ayuntamiento.

Retrato del presidente Juan Pablo Rojas Paúl en 1890
A partir de ese momento perdemos de vista a la familia Olivo Rivas hasta que recuperamos su pista muchos años después, con motivo de registrarse la defunción de Enrique Olivo el 15 de febrero de 1920 en la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira. Rosalía le sobreviviría casi 23 años, falleciendo también en San Cristóbal el 15 de febrero de 1942 a los 74 años.


G. Los Michelena Castillo: la familia de Arturo Michelena

Juan Antonio Michelena Olivo, hijo del general Juan Antonio Michelena y de Trinidad Olivo, y por tanto primo hermano del "Chingo" Olivo, de Lázaro Olivo El Joven y de Leonte Olivo, entre otros, contrajo matrimonio con María del Socorro Castillo en Valencia, en la entonces iglesia matriz de Nuestra Señora del Socorro, el 3 de diciembre de 1854. Fue un pintor de cierta reputación en su tiempo, lo mismo que su suegro, Pedro Castillo, de quien aprendió el oficio.

Árbol nº 8. Descendientes de Trinidad Olivo y del general Juan Antonio Michelena

Entre los hijos de la pareja estuvo el famoso pintor Arturo Michelena, nacido el 16 de junio de 1863. En su bautismo, que tuvo lugar el 3 de noviembre de 1863 en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria de Valencia, ofició su tío el presbítero Manuel Antonio Michelena y fue padrino su abuelo el general Juan Antonio Michelena.

Formó junto con Cristóbal Rojas y Martín Tovar y Tovar la triada de los grandes pintores venezolanos del siglo XIX. En 1885 los tres se reunieron en Paris, donde siguieron estudios en la Academia Julian.

Dos años después, con solo 24 años, Arturo Michelena es premiado en el Salón de París -exposisción oficial de la Academia de Bellas Artes- por su magnífica obra El niño enfermo, en la que ya mostraba su gran talento para el realismo. De esa época es una fotografía que le muestra en su estudio de París trabajando en una obra de gran formato que se titularía Pentesilea.

Falleció de tuberculosis en Caracas el 29 de julio de 1898 en su casa de la parroquia de La Pastora cuando estaba en el cénit de su genio creador. Tenía apenas 35 años y estaba casado con Lastenia Tello.

El pintor Arturo Michelena, nieto de Trinidad Olivo, en su estudio

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Capítulo 4. Los "Antonios" de Puerto Cabello

Dos hermanos, llamados Miguel Antonio y Manuel Antonio Olivo, naturales de Puerto Cabello e hijos de Rafael Olivo y Francisca Cano, nacidos ambos alrededor de 1830, son los protagonistas de este capítulo del relato.

Árbol nº 9. Descendientes de Rafael Olivo y Francisca Cano
Sabemos que Manuel Antonio era natural de Puerto Cabello, pues así se indica en su partida de matrimonio con Agustina Ángulo, con la que casó el 7 de enero de 1864 en la localidad de Pedraza en el Estado Barinas, donde también nació Juana Bautista, la primera hija de la pareja, en diciembre del mismo año. La niña fue apadrinada por Miguel Antonio Olivo, hermano de Manuel Antonio, y por su mujer María Antonia Bazán.

También según la citada partida matrimonial, Manuel Antonio era hijo "legítimo" de Rafael Olivo y de Francisca Cano; pero como detalle curioso la palabra legítimo aparece tachada. Este tipo de rectificaciones en los libros sacramentales se producían típicamente en casos en los que el párroco adquiría noticias de que personas que habían declarado estar unidos en matrimonio realmente no lo hubiesen estado y, por tanto, sus hijos no fueran legítimos.

Partida de matrimonio con rectificación de la condición de hijo legítimo del contrayente
Con respecto a Miguel Antonio Olivo, sabemos por su partida de defunción que falleció en Caracas en septiembre de 1890, que era General, natural de Puerto Cabello, también hijo de Rafael Olivo y Francisca Cano y que tenía 60 años al morir, con lo cual debió nacer hacia 1830. Sabemos también que hacia 1857 tuvo en Pedraza una hija, llamada Francisca, con su esposa María Antonia Bazán, natural de Barinas. Es muy probable que la pareja tuviese al menos otro hijo, Rafael Antonio Olivo, de quien desconocemos los datos de bautismo y filiación pero que mantuvo estrechas relaciones familiares con Miguel Antonio Olivo y Antonia María Bazán, y también con Juana Bautista Olivo, hija de Manuel Antonio Olivo.

De las actividades del general Miguel Antonio Olivo tenemos noticias fragmentarias. Al parecer, después del nacimiento de su hija Francisca se unió a las fuerzas liberales durante la Guerra Federal (1859-1863), en la que jugó un papel como coronel en el Estado Barinas. En 1871 sucede por un breve período al influyente general Juan Bautista García, antiguo edecán de Ezequiel Zamora, como ministro de Guerra y Marina durante uno de los volátiles gobiernos guzmancistas [15]. Unos años después, en abril de 1877, firma un decreto como encargado de la presidencia del Estado Falcón designando a los miembros de la comisión que representaría a ese estado en el solemne acto de inhumación de los restos de José María Vargas en el Panteón Nacional de Caracas.

Soldados durante la Guerra Federal (1859-1863)
Seguramente no mucho después la familia Olivo Bazán se establecería en Caracas, pues en abril de 1881 Miguel Antonio Olivo aparece en la lista de comisarios del Distrito Federal encargados de la realización del Segundo Censo General de la República de Venezuela. Unos pocos años más tarde, en junio de 1886, Francisca, su hija, contrae matrimonio en esta ciudad con el señor Pablo Díaz Paul. Los Olivo-Bazán residían en ese momento en la parroquia de San Juan, donde cuatro años después fallecería el General. Su viuda, María Antonia Bazán, siguió viviendo en ese domicilio hasta su muerte en agosto de 1923. Como veremos más adelante, en esa época la parroquia de San Juan era, junto con su vecina la parroquia de Santa Teresa, el territorio de casi todos los Olivo de Caracas.

Iglesia de San Juan Bautista en la Plaza de Capuchinos, Caracas

De Rafael Antonio Olivo, probable hijo del general Miguel Antonio Olivo, sabemos con certeza que era carpintero, que estaba casado con Antonia María Pérez y que tuvo al menos cinco hijos. De éstos, el mayor, llamado Miguel Antonio, como su probable abuelo, nació en Maracay (o posiblemente en Choroní) hacia 1880. Era de profesión farmacéutico y falleció en noviembre de 1919 a los 29 años en Caracas, en la casa de María Antonia Bazán, ya viuda, situada, como hemos dicho, en la parroquia de San Juan. Le seguían María Ester, nacida en Puerto Colombia, localidad vecina a Choroní, en agosto de 1881, y apadrinada por el general Miguel Antonio Olivo y por María Antonia Bazán; Socorro, nacida en Caracas en noviembre de 1882; Alejandro Antonio, nacido en puerto Colombia en abril de 1886; y Lucrecia Antonia y José Antonio, nacidos ambos en la parroquia de San Juan de Caracas en mayo de 1889 y septiembre de 1890, respectivamente.

De estos hermanos Olivo Pérez, sólo tenemos evidencia de descendencia en el caso de Alejandro Antonio, del que sabemos que era de profesión farmacéutico, como su hermano, y residía en Puerto Cabello en el momento de contraer matrimonio en noviembre de 1919 en Caracas con la señorita Alejandrina Correa Roufett. La ceremonia civil de ese matrimonio tuvo lugar en la residencia de la probable abuela del contrayente, doña María Antonia Bazán, en la parroquia de San Juan. Actuaron como testigos Juana Bautista Olivo, mujer de Leocadio Guzmán, la madre del contrayente, Antonia María Pérez, y su padre Rafael Antonio Olivo, que tuvo que ser representado por otra persona por no encontrarse presente. La nueva pareja se instaló en Puerto Cabello y allí nació un año después su primera hija María Luisa Olivo.



Para concluir, diremos que cabe la posibilidad de que el cabeza de este linaje, Rafael Olivo se tratase del mismo Rafael Olivo hijo de Juan Félix Olivo que aparece en el árbol genealógico nº 1 y de quien ya hemos hablado. Este último era también de Puerto Cabello y debía tener unos 25 o 30 años cuando vinieron al mundo los hermanos Miguel Antonio y Manuel Antonio Olivo. Además, no contrajo matrimonio hasta el año 1833 con una señorita de Caracas, como ya hemos comentado (ver el capítulo Los primeros Olivo). Puede plantearse por tanto como hipótesis que antes de esa fecha hubiese mantenido una relación con Francisca Cano en Puerto Cabello; pero es algo que no hemos podido aún acreditar.

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Capítulo 5. Los "otros" Olivo

Hasta ahora los descendientes de Juan Félix Olivo y doña Bernarda Martínez, de Puerto Cabello han centrado nuestra atención en el relato. Hemos visto que, tras la Guerra de Independencia, estos Olivo se dividieron en tres ramas y que, a medida que nos adentramos en el siglo XIX, éstas finalmente confluyen en las ciudades de Caracas y Valencia.

No obstante, durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer cuarto del XX se asentaron en algunas parroquias de Caracas algunos grupos familiares relativamente numerosos de apellido Olivo no conectados con los anteriores y cuyo origen se explica en este apartado. Casi todos ellos presentan como denominador común que la ortografía original del apellido de los respectivos cabezas de linaje durante el primer tercio del siglo XIX no era Olivo, sino Oliva.

A efectos de lo que vamos a exponer, en ocasiones haremos alusión a la raza blanca o negra de estas personas, pues se trata en nuestro caso de un dato relevante desde el punto de vista histórico y genealógico. Hasta el año 1821, los libros sacramentales de las parroquias venezolanas se llevaban de manera separada para "blancos y españoles", "pardos y morenos" y "negros y esclavos". No obstante, como la esclavitud en Venezuela no se abolió por completo hasta el año 1854, se da la circunstancia de que incluso muchos años después de que las parroquias adoptasen libros de registro generales, con independencia de la raza, se seguía haciendo referencia en las partidas a la condición las personas como esclavos, manumisos, hijos de esclavos, morenos libres, etc. Esta información no sólo es en sí misma históricamente relevante, en la medida que reflejaba una realidad social del momento, sino necesaria desde el punto de vista genealógico.

Libro de bautismos de Petare con segregación de razas, año 1809
Los esclavos, como es sabido, solían adoptar el apellido de sus amos, aun cuando no estuviesen genéticamente relacionados con ellos y no formaran parte, estrictus sensu, del mismo árbol genealógico. Por tanto, a efectos genealógicos, con los esclavos y sus descendientes se plantea un problema de filiación similar al de los hijos adoptados y es necesario indicar esa condición en el relato. No hay ninguna otra connotación, a efectos de esta investigación, al usar expresiones como los Olivo blancos o los Olivo negros. Podríamos haber utilizado perífrasis del tipo "descendientes de españoles" o "descendientes de esclavos" o "afrovenezolanos" que serían más farragosas sin que en realidad cambiara en lo más mínimo lo que se quiere expresar.


Los Oliva blancos de Chacao y El Hatillo y sus descendientes de apellido Olivo

En los libros sacramentales de la parroquia de Santa Rosalía de El Hatillo, localidad próxima a Caracas, encontramos registros genealógicos de una familia blanca de apellido Oliva que se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII. Se trata de los descendientes de don Juan Oliva, propietario de esclavos en esa localidad, y de su esposa doña María Josefa Pérez, nacidos probablemente hacia 1750. Al parecer tuvieron un único hijo varón, llamado Jose Mateo Oliva, que contrajo matrimonio en diciembre de 1795 con María del Carmen Pérez y Viana, quien murió sólo cinco años después de la boda. Tuvieron sólo dos hijos que murieron niños. No hemos encontrado, por tanto, descendencia por línea agnaticia o de varón de este linaje. Sin embargo, el apellido se perpetuó a través de sus esclavos, cuyos descendientes, como veremos luego, cambiarían el apellido de Oliva a Olivo.

Árbol nº 10. Los Oliva registrados en los libros de blancos de El Hatillo
También en el pueblo de Chacao, igualmente próximo a Caracas, encontramos en los albores del siglo XIX familias blancas de apellido Oliva, si bien éstos, a diferencia de sus probables parientes de El Hatillo, tuvieron numerosa descendencia. También en este caso, como veremos, se produjo al cabo de los años una alteración de la ortografía del apellido original para convertirse en Olivo.

En octubre de 1812 fue bautizado en la iglesia parroquial de San José de Chacao un niño varón al que se impuso el nombre de Domingo del Pilar, hijo de los señores don José Antonio Oliva y doña María Josefa Luisa del Pino, feligreses blancos, según consta en el Libro Primero de Bautismos de hijos de españoles de esa iglesia parroquial. En la siguiente imagen presentamos una transcripción de la portada de ese libro por encontrarse el original en muy mal estado de conservación y ser de difícil lectura.


La parroquia de San José de Chacao había sido constituida, como se indica en la transcripción anterior, en septiembre de 1769, al parecer atendiendo a una reclamación de los feligreses de la zona que hasta ese momento tenían que acudir a la iglesia parroquial de la Candelaria en Caracas para asistir a misa, bautizar a sus hijos y contraer matrimonio. Apenas un año antes, en abril de 1768, el Capitán General de la provincia de Venezuela, don José Solano y Bote, marqués del Socorro, había fundado oficialmente el pueblo de Chacao, aunque el asentamiento era sin duda muy anterior.

Puede resultar interesante el intentar recrear a través de los registros de la época lo que pudo ser el entorno en el que nació Domingo Oliva, quien, como veremos enseguida, fue -tras una ligera alteración de la ortografía del apellido- fundador de una rama de los Olivo de Caracas.

Iglesia parroquial de San José de Chacao
La primera partida de bautismo que se asienta en el Libro de hijos de españoles, donde también encontramos la de Domingo, es la de Ana María Josefa Palacios y Blanco, hija de don Feliciano Palacios y Sojo y de su esposa doña Francisca Blanco y Herrera. Don Feliciano y doña Francisca fueron también los padres de María de la Concepción Palacios y Blanco, madre de Simón Bolívar. De este modo, se da la circunstancia de que la primera bautizada tras la constitución de Chacao en parroquia fue una tía de El Libertador. María Josefa además contraería matrimonio años después con el general José Félix Ribas; y resulta significativo que, en el examen de los libros de bautismos de pardos y esclavos de Chacao realizado como parte de esta investigación, abunden los de apellido Ribas, así como los de apellido Blanco. Como último dato anecdótico antes de entrar en el asunto que nos interesa, que es la genealogía de los Olivo, no podemos dejar de recordar que Pedro Palacios y Sojo, hermano de don Feliciano y, por tanto, tío de María Josefa, conocido como "el Padre Sojo", estableció hacia 1784 la primera escuela de música de Venezuela en una propiedad de la familia situada en la recién fundada Chacao.

La primera partida de bautismo del recién fundado pueblo de Chacao, 2.10.1769
No conocemos las circunstancias que llevaron al joven Domingo Oliva a dejar su localidad natal de Chacao para trasladarse a Maiquetía, pero a los 21 años contrae allí matrimonio con una joven caraqueña, vecina también de Maiquetía. En efecto, el 10 de febrero de 1832 tiene lugar en la iglesia parroquial de San Sebastián de Maiquetía el enlace de Domingo con la joven María Pía Galindo, hija legítima de Juan José Galindo y Silveria Vázquez, vecinos de la parroquia de La Candelaria de Caracas. Tenemos constancia de tres hijos de esta pareja:  Clemente, nacido en Maiquetía en noviembre de 1834; Rosario, también nacida en Maiquetía hacia 1836; y Merced o Mercedes, quien, según su partida de defunción, ocurrida en Caracas en abril de 1919, pudo nacer hacia 1850. Es probable que hubiera más hijos, pero los libros de bautismo de Maiquetía del período 1836-1851 se han perdido.

Árbol nº 11. Descendientes de don José Antonio Olivo y doña María Josefa Luisa del Pino
Sabemos, por otra parte, que en la década de 1860 Clemente y sus hermanas se habían instalado en Caracas y que en esta ciudad nacieron la mayoría de sus hijos. Se observa entonces en los registros sacramentales de esta familia en Caracas un cambio en la ortografía del apellido, que pasa de escribirse Oliva a escribirse casi siempre Olivo. El primero de estos casos se produce con ocasión del bautismo de María Paz Olivo, hija de Rosario, en la iglesia de Altagracia en febrero de 1862. En la partida bautismal correspondiente, tanto el apellido de Rosario, la madre, como el de Mercedes, la madrina, aparecen claramente escritos como Olivo. A partir de ahí la práctica se generaliza.

No obstante, hay que señalar que mucho antes de que se observara esta rotación de la vocal final del apellido en los libros de Caracas, ya se observaban indicios de este fenómeno en otras parroquias foráneas. Así, en agosto de 1839, el propio Domingo Oliva aparecía como Olivo en los libros de bautismo de la parroquia de San Pedro Apóstol de La Guaira con ocasión de haber sido padrino de una niña llamada Vicenta Sabina Molina.


Iglesia de San Sebastián de Maiquetía, litografía de 1892
En las décadas siguientes encontramos numerosa descendencia de este linaje en Caracas, especialmente de Mercedes, que tuvo nueve hijos, todos naturales y todos con el apellido Olivo; y de Belén, su probable sobrina, que tuvo al menos cuatro. Abajo se muestran los árboles genealógicos de estas dos mujeres.

Árbol nº 12. Descendientes de Mercedes Oliva u Olivo

Árbol nº 13. Descendientes de Belén Olivo

Algo que se ha tratado de reflejar en las notas y en los datos incorporados a dichos árboles, es que los miembros de este linaje parecen haber constituido un clan bastante compacto en el cual Alfredo Olivo, hijo mayor de Mercedes, actuaba de alguna manera como cabeza de familia, presentando nacimientos y defunciones ante el registro civil. Vivían todos en la parroquia de San Juan, muy cerca unos de otros y también de los Olivo descendientes de Juan Félix y Bernarda, como veremos en el capítulo Los barrios de los Olivo en Caracas.


Los Oliva negros de El Hatillo y Petare y sus descendientes de apellido Olivo

Los Oliva blancos de Hatillo no dejaron al parecer descendencia agnaticia, pero sí sus esclavos, en particular dos de estos llamados Catalina Oliva, nacida en noviembre de 1787, y Miguel Oliva, fallecido en la parroquia de Candelaria de Caracas en 1893 a los 91 años.

Catalina y Miguel eran hijos de un esclavo llamado Tomás Candelario Viana, que los tuvo con dos mujeres distintas, también esclavas: Juana Antonia Díaz y Mauricia Caraballo. Sin embargo, de un modo que desconocemos, los hijos de Tomás Candelario pasaron a ser propiedad de la Sra. Mª Antonia Oliva y, por tanto, a adoptar el apellido de ésta en lugar del de sus padres o, más correctamente, del de los amos de sus padres.

El Hatillo, cerca de Caracas
Miguel contrajo matrimonio en El Hatillo en junio de 1828 y tuvo numerosa descendencia. Catalina, por su parte, tuvo un hijo varón, Juan Antonio Oliva, bautizado el 15 de junio de 1829 en El Hatillo, haciendo los oficios de madrina la Sra. Polonia de Jesús Díaz, de la familia que había sido inicialmente propietaria de Catalina y de la madre de ésta, llamada Juana Antonia. Tuvo además dos hijas, Josefa y Tomasa, que contrajeron matrimonio en 1853 -el mismo día- en la iglesia de Santa Rosalía de El Hatillo. La genealogía de esos primeros Oliva negros de El Hatillo se muestra a continuación en el árbol nº 14, donde hemos incluido también a los descendientes de Rafaela Olivo, de la que sólo sabemos que era natural de El Hatillo, que fue contemporánea de los hijos de Miguel y de Catalina Oliva y que falleció en la parroquia de San José de Caracas en 1902, donde dejó numerosos nietos, hijos de su hijo Rafael Antonio Olivo, fallecido en 1921.

Árbol nº 14. Descendientes de los esclavos Catalina y Miguel Oliva de El Hatillo
Juan Antonio, el hijo de Catalina, a pesar de ser hijo de esclava nació libre en virtud de la Ley de Manumisión de 1821, que no abolió la esclavitud, pero dio pasos en esa dirección al disponer que los hijos de esclavos nacidos a partir de esa fecha fuesen considerados legalmente libres. A diferencia de sus hermanas Josefa y Tomasa, no permaneció en El Hatillo, sino que se estableció en Petare tras contraer matrimonio en febrero de 1852 en esa localidad con Silveria Arvelo, hija de los esclavos Pedro y Juana Arvelo y nacida libre en 1825 en virtud de la Ley de Manumisión.

Árbol nº 15. Descendientes de Juan Antonio Oliva, "hombre libre"
Cuando dos años más tarde, en enero de 1854, Juan Antonio y Silveria bautizan a su hijo Juan Antero, ya el apellido Oliva aparece transformado en Olivo. A partir de ese momento, los miembros de esta familia y sus descendientes en la parroquia de San Juan de Caracas adoptarían la ortografía Olivo del apellido.


Partida de matrimonio de Juan y Silveria en 1852, donde se escribe el apellido como Oliva

Partida de bautismo de Juan Anterio, hijo de Juan y Silveria, en 1854, donde el apellido pasa a ser Olivo


Los Oliva negros de Chacao y sus descendientes en La Candelaria y San José

En la localidad de Chacao, durante el siglo XIX, al igual que en el caso de Petare, los descendientes de algunos esclavos de la familia Oliva adoptaron la ortografía Olivo para el apellido heredado de sus antiguos propietarios.

Un ejemplo es el caso de Salomé Oliva, una manumisa bautizada en Chacao en 1823, hija de Cayetano Mohedano y Barbara Oliva, esclavos del Sr. Jacinto Oliva. Salomé tuvo a los 27 años un hijo que bautizo en la parroquia de Altagracia en Caracas con el nombre de José Aquiles. En ese momento el párroco, al asentar la partida, escribe el apellido de la madre como Oliva. A José Aquiles le siguen varios hijos de Salomé nacidos en la parroquia de La Candelaria de Caracas entre los años 1848 y 1856, pero en esta ocasión todos aparecen con el apellido Olivo en los correspondientes registros de bautismo.

Árbol nº 16. Descendientes de los esclavos Cayetano Mohedano y Barbara Oliva, de Chacao
Es posible que una mujer llamada Candelaria Oliva, natural de Chacao, y que dio a luz en 1834 en Petare a una niña llamada María Andrea, fuera hermana o prima de Salomé. Probablemente se tratase de la madre de un Rafael Olivo, casado en articulu mortis con Trinidad Camejo en diciembre de 1898, que dejó numerosa descendencia en la parroquia de El Recreo de Caracas.

De entre los descendientes de Salomé Oliva, vale la pena destacar el caso de José María Olivo. Éste, nacido en julio de 1854, mantuvo al parecer de manera simultánea relaciones con dos mujeres, Dolores Navarro y Natividad Rivero, ambas residentes en la parroquia de La Candelaria, con las que tuvo varios hijos, a todos los cuales reconoció como suyos. A principios de la década de 1880, firmaba las actas de presentación de sus hijos ante la autoridad del registro civil como Jose María García Olivo, pero más tarde empezó a firmar como José María Olivo, hijo. Desconocemos quién era su padre.

Firmas de José María Olivo, hijo de Salomé, manumisa

Hacia 1925, un hijo de José María llamado Delfín Olivo Rivero, también conocido como Olivo Lander, se trasladó de La Candelaria a la parroquia de San José, donde sus hijos Delfín, Gerónimo y Natividad contrajeron matrimonio y tuvieron descendencia.

Árbol nº 17. Los Olivo de La Candelaria y San José descendientes de Salomé Oliva

Los Olivo italianos

A pesar de que Olivo es también un apellido italiano, hemos encontrado relativamente pocos Olivos de esta procedencia en los miles de registros parroquiales examinados en el curso de esta investigación. Se trata de algunos casos aislados sin aparente continuidad genealógica, como el de Francisco Olivo, natural de Calabria, casado con Rosa Lagreca e hijo de un tal Saverio Olivo y Angela Lagreca, quien falleció en la parroquia de Santa Teresa el 15 de enero de 1885 a los 28 años.


El único caso significativo es el de Blas Olivo y su esposa Francisca Domarco, naturales de Italia, quienes el 13 de octubre de 1901 bautizaron en la iglesia de La Candelaria a su hijo Juan Pascual, que en 1938 sería, junto con su hermano Andrés Blas, fundador de la empresa Pastas Capri. Hubo además otro Blas Olivo, nacido hacia 1891 en Potenza, Italia, que tuvo varios hijos en Caracas entre 1917 y 1921 con Rosalía Landaeta, con quien se casó en agosto de 1931, apenas un mes antes de morir ésta.


Los Olivo canarios

En esta investigación se ha encontrado un número relativamente importante de Olivos originarios de las islas Canarias. El primer Olivo canario que hemos localizado es también el más antiguo de todas las personas de este apellido de que tengamos constancia en los registros de Caracas. Se trata de don Joseph Olivo y Salas, originalmente vecino del puerto de Santa Cruz de Tenerife, que contrajo matrimonio el 1 de noviembre de 1741 en la catedral de Caracas con María Francisca Rodríguez, como consta en el Libro de Matrimonios de la gente blanca y española de la catedral. No es descabellado pensar que pudiera existir conexión genealógica entre este caballero y don Juan Félix Olivo, cabeza de la mayor parte de los linajes comentados en este relato, pero es una hipótesis que todavía está por investigarse.

Partida de matrimonio de don Joseph Olivo y Salas en la Catedral de Caracas, 1741

Dejando de lado este registro aislado -es decir, no conectado genealógicamente de momento con ningún otro Olivo-, hay que dar un salto en el tiempo, hasta la década de 1840, para encontrarnos con dos hermanos de origen canario: Manuel y Agustín Olivo, nacidos en Caracas por esas fechas, hijos de Juan Olivo y Josefa González, de las islas Canarias. No nos consta que dejaran descendencia.


Plano de Santa Cruz de Tenerife en 1701
Hacia 1880 nos encontramos en Caracas con varias familias canarias o de origen canario de apellido Olivo muy relacionadas entre sí, que vivieron primero en la parroquia de El Recreo y luego, hacia el final del siglo XIX, en las parroquias de Santa Rosalía y La Candelaria. Sin pretender hacer un análisis genealógico profundo de estas familias, simplemente mencionaremos, a modo de ejemplo, algunas de las relaciones existentes entre ellas.

En junio de 1880 contrajeron matrimonio en la parroquia de El Recreo Domingo Olivo, hijo de José Olivo y Dominga García, con Dolores Martínez, todos de las islas Canarias, siendo testigos Fernando Olivo y Antonia Piñango. Estos últimos estaban casados y fueron padres de Manuel María Olivo, bautizado en abril de 1882, siendo los padrinos Juan Martínez y Saturnina Olivo. Juan y Saturnina también fueron padrinos de dos hijos de José Olivo y Dominga García: de Mª Jesús, bautizada en El Recreo en marzo de 1881, y de Manuel, bautizado en Santa Rosalía en febrero de 1884. Por último, Fernando Olivo y su mujer Antonia Piñango fueron padrinos de José Lázaro Martínez Olivo, hijo de Saturnina y de Juan, bautizado en La Candelaria el 14 de enero de 1883.


Misceláneos

Aunque el lector pueda tener la impresión de haberse encontrado a lo largo de este relato con un catálogo exhaustivo de personas de apellido Olivo nacidas entre aproximadamente 1800 y 1930 en Venezuela, la verdad es que han quedado fuera muchas familias e individuos de este apellido.

Por una parte, hemos podido identificar un número significativo de partidas de bautismo de Olivos nacidos en Puerto Cabello entre 1812 y 1875 que no pertenecen -o no parecen a priori pertenecer- al principal grupo del que ha tratado este relato, que es el de los descendientes de Juan Félix Olivo. Se trata en su mayor parte de personas cuyos bautismos estaban registrados en los libros de personas de color o pardos, que se llevaban de manera separada hasta 1821, y de sus descendientes. Al ser casi todos hijos naturales, es difícil establecer líneas genealógicas entre las personas de este grupo.

Un caso digno de destacar es el del general Lugardis Ramón Olivo, hijo natural de Antonia Olivo, nacido en Puerto Cabello el 23 de febrero de 1834 y fallecido en Caracas, en la parroquia de Santa Teresa, el 11 de enero de 1902. En 1877, cuando se encontraron en la catedral de Santo Domingo restos atribuidos a Cristóbal Colón, el general Lugardis Olivo fue el enviado designado por el gobierno venezolano para tomar parte en el solemne acto de apertura de la caja con los restos, organizado por las autoridades dominicanas. Al parecer a algunos de los ilustres representantes que participaron en el acto, entre ellos al general Olivo, se les hizo entrega de una parte de las cenizas de Colón.

Noticia sobre la posesión de restos de Cristóbal Colón por una descendiente del Gral. Lugardis Olivo

Por otra parte, hay un número, ciertamente no pequeño, de personas de apellido Olivo naturales de los estados Táchira, Mérida, Apure y Zulia que aparecen en los registros genealógicos de Venezuela -sobre todo en el último tercio del siglo XIX- a los que no hemos tenido en cuenta por estar fuera del objetivo de nuestra investigación. Ignoramos de momento si esos linajes tienen alguna conexión genealógica con los Olivo de Puerto Cabello, Caracas y Valencia, los cuales han centrado la atención de nuestro relato.

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Capítulo 6. Los barrios de los Olivo en Caracas

Ya hemos visto en el capítulo Los primeros Olivo que cuando Lázaro Olivo El Viejo y su esposa Narcisa Lara regresaron del exilio en Saint Thomas en 1822, se instalaron durante algunos años en el puerto de La Guaira para luego, en 1827, establecerse definitivamente en Caracas. También hemos comentado que don Lázaro fue uno de los conjueces de la parroquia de la Catedral de esta ciudad, donde además tenía su comercio. En una fecha indeterminada, pero ciertamente anterior a 1853, la familia se traslada a la vecina parroquia de Altagracia, todavía dentro de lo que había sido el núcleo urbano colonial de la ciudad. En Altagracia tuvieron lugar en septiembre de 1853 los oficios de sepultura eclesiástica de Lázaro Olivo El Viejo. También en Altagracia fueron bautizados en febrero de 1856 y abril de 1858 los dos hijos que tuvo Francisca Olivo, hija de Lázaro y Narcisa Lara, con su primo Lázaro El Joven.


Nuestra Señora de Caracas, con una imagen de la ciudad como era en el siglo XVIII
Pero a partir de entonces, los Olivo caraqueños descendientes de don Juan Félix y doña Bernarda nacieron, jugaron, se enamoraron, contrajeron matrimonio, tuvieron hijos y murieron en otra zona de la ciudad; en un territorio con forma aproximada de cuña donde a finales del siglo XVIII algunas familias mantuanas de Caracas tenían sus haciendas y que estaba limitado por las actuales avenidas Lecuna al noreste y San Martín al noroeste, y por el río Guaire al sur y el sureste. En esa zona se asentó, hasta su extinción en la década de 1870, la antigua parroquia de San Pablo, cuyo epicentro se encontraba en el templo de San Pablo el Ermitaño, construido en las primeras décadas de la ciudad y donde se veneró la imagen del Nazareno de San Pablo hasta que fue demolido por Guzmán Blanco para construir en 1876 el Teatro Municipal.

En un antiguo plano de Caracas del año 1775, que reproducimos a continuación, se indica en colores amarillo y rojo el territorio que originalmente abarcaba la parroquia de San Pablo y que posteriormente en el siglo XIX se dividió entre las parroquias de San Juan (al oeste de la quebrada Caroata), Santa Teresa y Santa Rosalía, cuyos límites hemos indicado sobre el plano con líneas azules.

Plano de Caracas de Joseph Carlos de Agüero, 1775
Hacia el sur de la parroquia de San Pablo, en la vega del Guaire, tenía la familia de Simón Bolívar una de sus haciendas más emblemáticas, la llamada Cuadra Bolívar. También en esta parroquia, en la plaza de San Pablo, al lado del templo, hacia 1850 tuvo su residencia el presidente José Tadeo Monagas. Unos años después, en agosto de 1859, poco después de que Monagas fuera depuesto de la presidencia, la plaza de San Pablo fue escenario de una durísima jornada de enfrentamientos armados en los albores de la Guerra Federal. Se produjo entre una avanzadilla del bando liberal, al mando de un tal general Aguado, que había penetrado desde la Guaira y alcanzado la parroquia por el cerro de El Calvario, y fuerzas gubernamentales leales al orden constitucional y al presidente interino don Pedro Gual. Esta jornada de lucha se conoció entonces -y se incorporó después a la tradición popular- como la sampablera [16].

La Cuadra Bolívar, hacienda familiar de los padres de Simón Bolívar, situada al sur de la antigua parroquia de San Pablo (actualmente en la parroquia de Santa Teresa)

En la parroquia de San Pablo ya habían tenido su residencia algunos de los primeros Olivo. En el templo de San Pablo contrajo matrimonio en 1833 Rafael Olivo, hijo de don Juan Félix Olivo y doña Bernarda Martínez, con la señorita Catalina González, y allí bautizaron a sus cuatro hijos. También en esta parroquia contrajo matrimonio Magdalena Olivo, hermana menor de Rafael, en febrero de 1850; y poco después, en julio de 1850, se dio sepultura eclesiástica a la madre de ambos, doña Bernarda Martínez, primera matriarca de los Olivo, que murió a la avanzada edad de 84 años.

La "samplablera" de agosto de 1859 en la antigua plaza de San Pablo
Un apunte adicional sobre la parroquia de San Pablo: en el curso de esta investigación se ha encontrado en los libros sacramentales de la iglesia de San Pablo la partida de bautismo, fechada en diciembre de 1839, de José Eleazar, hijo del general Rafael Urdaneta y de su esposa Dolores Vargas. En mayo de 1851, se casó también allí don José Félix Ribas, hijo del prócer del mismo nombre y de su esposa doña Josefa Palacios, tía de Simón Bolívar, con la señorita Carmen Villavicencio. El año anterior, en enero de 1850, contrajeron matrimonio en la residencia de José Tadeo Monagas, presidente de la República, María Higinia Monagas, su hija y de doña Luisa Oriach de Monagas, con su primo Manuel Oriach.

Desde las últimas décadas del siglo XVIII y a lo largo de las primeras del XIX, las tierras situadas al oeste del rio Caroata, al otro lado del puente de San Pablo, se habían convertido en área de expansión de la ciudad colonial [17]. En febrero de 1834, se constituyó en esa zona la parroquia de San Juan Bautista, segregada de la de San Pablo. Su territorio se extendía desde la margen oeste del Caroata y el entorno de la plaza de los Capuchinos, donde se ubicaba la iglesia parroquial de San Juan Bautista, hasta lo que es actualmente el Paraíso, al otro lado del río Guaire. Cuando en octubre de 1853, Lázaro Olivo El Joven y su prima Francisca Olivo contrajeron matrimonio en la iglesia de San Juan, también conocida como de los Capuchinos, la contrayente residía en esta parroquia.

Como hemos dicho, desde entonces y hasta el fallecimiento de Lázaro El Joven en 1897, e incluso después, la parroquia de San Juan y, a partir de 1877, su vecina la de Santa Teresa, herederas de la antigua parroquia de San Pablo, serían el escenario principal donde transcurrirían las vidas de la mayor parte de los descendientes de don Juan Félix Olivo y doña Bernarda Martínez que vivían en Caracas, e incluso, como veremos, de otros Olivo no pertenecientes a este linaje.


Las parroquias de San Juan, Santa Teresa y Santa Rosalía con el cerro de El Calvario
Gracias a la información del registro civil de las adyacentes parroquias de San Juan, Santa Teresa y Santa Rosalía, podemos reconstruir, a partir del año 1873, la ubicación y distribución de las residencias de muchos de estos Olivo durante el último cuarto del siglo XIX y comienzos del XX. El resultado se muestra en la siguiente imagen, a continuación de la cual se presenta una relación pormenorizada de la información representada en el plano para aquellos que estén interesados en los detalles.

Plano de situación de diversos grupos de Olivos 1875-1925

1.- Oeste 12, nº 119 (Quebrado a Jesús): en una casa situada entre estas esquinas, muy cerca de la iglesia de San Juan o de los Capuchinos, vivieron hasta su muerte tres de las hijas de Juan Félix Olivo y Bernarda Martínez: Mercedes (f.10.11.1875), Juana Bautista (f.28.11.1879), que murió de cáncer; y Eladia, hija expósita (f.29.11.1879), que murió del corazón apenas un día después que su hermana. Todas eran naturales de Puerto Cabello.

2.- Oeste 16, nº 32 (Monzón a Mamey): aquí vivió Magdalena Olivo, hija menor de don Juan Félix y doña Bernarda, desde la muerte de su esposo Francisco Valero -en marzo de 1891- hasta su muerte el 24 de noviembre de 1892 a los 74 años. Murió de tuberculosis. Unos meses antes, en mayo de ese año, había muerto en la misma casa su hermana Petra Olivo, de 95 años, afectada por un cáncer de mama.

2.bis- Oeste 14, nº 15 (Castán a Cárcel): en una casa situada en esta dirección, al lado de la de su nieto Gregorio Olivo, moría el 25 de junio de 1888 a la avanzada edad de 88 años Narcisa Lara, viuda de Lázaro Olivo El Viejo y matriarca de las dos principales ramas de los Olivos de Caracas identificadas en esta investigación: los Olivo Martínez y los Olivo Antonini. Unos años antes, el 13 de mayo de 1884, había muerto en la misma casa su hija Manuela Olivo, madrina de Gregorio Olivo, después de recibir los sacramentos. Se da la circunstancia de que madre e hija murieron víctimas de la misma enfermedad: un cáncer bucal. En ambos casos, los oficios de sepultura eclesiástica tuvieron lugar en la iglesia de Santa Teresa.

3.- Oeste 14, nº 65 (esquina de Bucaré): en esta casa vino al mundo el 18 de junio de 1879 el hijo primogénito de José María Olivo y su esposa María del Rosario (Rosarito) Martínez, al cual bautizaron en la iglesia de San Juan con el nombre de Adolfo Antonio. Murió de 2 años y 4 meses.

4.- Este 14, nº 27 (Candilito a Gobernador): en esta dirección nació el 18 de abril de 1881 Rosa Virginia Olivo Martínez, hija de José María Olivo y Rosario Martínez. La madre presentó a la niña en el registro civil de la parroquia de Santa Rosalía, durante una ausencia del padre, que estaba de "servicio de armas" en el Cuartel San Carlos. No se ha podido localizar su bautismo en los libros de la vecina iglesia de Santa Rosalía. Cabe la posibilidad de que fuera bautizada en la iglesia de Santa Teresa, de la que no se disponen libros de bautismo (al menos digitalizados) para esos años.

5.- Oeste 12, nº 31 (Hospital a Glorieta): lugar de nacimiento, el 28 de octubre de 1883, de José María Olivo Martínez, hijo de José María Olivo Olivo y Rosarito Martínez. A pesar de nacer en la parroquia de Santa Teresa, fue bautizado, al igual que su padre, en la iglesia de Altagracia, en cuya parroquia se registró su nacimiento ante la autoridad civil.


6.- Sur 14, nº 2 y nº 3: en esta dirección, a pocos metros de la iglesia de San Juan, nacieron Isabel Egañez Olivo (20.08.1879) y Magdalena Egañez Olivo (31.03.1882). Eran hijas de Ramón Egañez e Isabel Olivo, hermana de Gregorio Olivo Olivo y prima y medio hermana- de José María Olivo Olivo.

7.- Oeste 14, nº 4 (Castán a Cárcel), Sur 1, nº 91 (Cruz Verde a Velázquez) y Sur 3, nº 92 (Zamuro a Miseria): en una casa situada entre las esquinas de Castán y Cárcel, nació el 5 de octubre de 1887 Luis Rafael, primogénito de Gregorio Olivo Olivo y de su esposa Isabel Antonini, quienes habían contraído matrimonio el año anterior. El nacimiento fue inscrito por la pareja en el registro civil de la parroquia de Santa Teresa. Su segundo hijo, Roberto Olivo Antonini, nació el 29 de abril de 1890 en la misma parroquia, en la calle Sur 4, número 92. Poco después, en julio 1893, cuando Gregorio e Isabel  inscribieron el nacimiento de sus hijas Matilde (n.24.11.1891) y María Luisa (n.14.01.1893), también en el registro civil de Santa Teresa, los Olivo Antonini residían en un domicilio situado no muy lejos de los dos anteriores, en el número 91 de la calle Sur 1, entre las esquinas de Cruz Verde y Velázquez, cerca de la iglesia de Santa Teresa y en la frontera con la parroquia de Santa Rosalía.

En ese mismo domicilio nació el 24 de julio de 1894 otro hijo de Gregorio e Isabel, al que pusieron por nombre José Gregorio. Entre 1895 y 1896, cuando nace Carolina Isabel Olivo Antonini (n.04.11.1895) la familia reside en la parroquia de La Pastora, entre la plaza de La Pastora y el puente Monagas, pero unos pocos años después, en 1902, les encontramos de vuelta en la Parroquia de Santa Rosalía, en una vivienda situada entre las esquinas de Zamuro y Miseria, a apenas una calle de distancia de su último domicilio allí. En el registro civil de dicha parroquia, Gregorio Olivo inscribe en mayo de 1902 el nacimiento de Federico (n.20.09.1901) y en septiembre de 1913 el de su hija Margarita (17.11.1903).

Iglesia de Santa Teresa (Santa Ana), del Álbum de Caracas y Venezuela por H. Neun, 1877-78
Con el cambio de siglo, Gregorio Olivo Olivo e Isabel Antonini, junto con sus hijos, se irán alejando progresivamente de esa zona de la ciudad, de forma que hacia 1920 les encontramos residiendo en una casa situada entre las esquinas de Tracabordo a Miguelacho, en la parroquia de La Candelaria (testimonio de su nieto, la famosa estrella del béisbol Roberto Gumersindo Olivo [9]). Un hijo de la pareja, Roberto Gregorio Olivo Antonini, también vivió en la parroquia de La Candelaria desde 1914 hasta 1926 con su esposa, Berta Márquez Briceño, y sus hijos. Concretamente, en una casa situada entre las esquinas de Misericordia y Monroy. En 1926 la familia Olivo-Márquez se mudó a la parroquia de San José, entre las esquinas de San José y San Rafael.

8.- Sur 10, nº 31 (Quebrado a Pescador): aquí vino al mundo el 9 de abril de 1888 Narcisa Egañez Olivo, hija de Ramón Egañez e Isabel Olivo.

9.- Oeste 16, nº 22 (esquina de Monzón): en esta dirección, a apenas unas casas de distancia de la casa donde falleció Magdalena Olivo en 1892, y a unas calles de donde moriría al año siguiente Lázaro Olivo El Joven, moría al nacer, en julio de 1895, Justa Egañez Olivo, hija de Ramón Egañez e Isabel Olivo.

10.- Oeste 16, nº 80 (Carmen a Puente Arauca): según consta en su partida de defunción del registro civil de la parroquia de San Juan, en esta dirección falleció Lázaro Olivo El Joven de "fiebre remitente" el 22 de septiembre de 1896. También se dice que era General. Por su parte, en la partida sacramental de defunción de la iglesia de San Juan, se indica que estaba casado con Francisca Olivo y que recibió los sacramentos antes de morir.


Se da la circunstancia de que dos años y cuatro meses más tarde, el 18 de enero de 1899, moría en esta misma dirección Rosendo Ordaz, marido de Virginia Olivo, nieta de Lázaro Olivo El Joven. Rosendo y Virginia habían contraído matrimonio el 7 de noviembre de 1895, apenas dos meses antes de la muerte de Lázaro.

11.- Este 14, nº 31(Candilito a Gobernador): en esta dirección, apenas dos casas más allá del domicilio de los Olivo Martínez en 1881, pero casi 20 años más tarde, nació en marzo de 1897 Mercedes Egañez Olivo, hija postrera de Ramón Egañez y de Isabel Olivo.

12.- Sur 4 (Glorieta a Pilita): aquí vino al mundo un 17 de diciembre de 1897 María Genoveva, hija de mis bisabuelos Mateo Olivo (40 años, natural de Caracas) y Dominga González (20 años, también natural de Caracas). La niña fue inscrita en la parroquia de Santa Teresa y probablemente bautizada en la iglesia de Santa Teresa. Al año siguiente abandonarían la parroquia para irse a vivir a la parroquia de Altagracia. Poco después, la familia Olivo González volvería a mudarse, esta vez a una vivienda situada en la línea divisoria entre las parroquias de la Catedral y de La Candelaria. En efecto, cuando en 1906 Mateo inscribió el nacimiento de su hijo Adolfo Antonio Olivo González, mi abuelo, en el registro civil de la parroquia de la Catedral, declaró que el niño había nacido el 6 de octubre de 1903 en la calle Sur 7 (actualmente avenida Fuerzas Armadas). Según tradición oral de la familia, ese domicilio habría estado situado cerca de la residencia de la familia del escritor Rómulo Gallegos, extremo que se ha podido comprobar en esta investigación tras examinar la partida de defunción de don Rómulo Gallegos Osío, padre del escritor, que falleció el 5 de junio de 1912. Unos años más tarde, la familia Olivo González se trasladaría a la parroquia de San José, donde murió Mateo en junio del año 1915.

Una calle de la parroquia de San Juan en 1931

13.- Oeste 12, nº 54 (Glorieta a Maderero): José María Olivo Martínez y Gertrudis Pérez vivían en esta casa cuando el 20 de abril de 1909 nació aquí su hijo Adolfo Antonio. El niño fue inscrito en el registro civil de la parroquia de Santa Teresa por su padre, quien lo presentó como hijo natural suyo y de Gertrudis Pérez. Solo viviría cuatro meses.

 14.- Oeste 10, nº 24 (esquina de Miracielos): lugar de nacimiento de Rosa Amelia Pérez el 11 de octubre de 1912. Era hija natural de José María Olivo Martínez y de Gertrudis Pérez. Fue presentada ante la autoridad civil de la parroquia de San Juan por Gertrudis Olivo, tía del padre del niño, quien firmó el acta. Fue bautizada unos meses después, el 23 de febrero de 1913, en la iglesia parroquial de San Juan o de los Capuchinos a pesar de que la iglesia de Santa Teresa se encontraba mucho más cerca del domicilio. Sus padrinos fueron Virginia Olivo de Hurtado y Mario Graterol Olivo, hijo de Gertrudis Olivo.
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15.- Oeste 18 (Dolores a Bárcenas): aquí nació el 18 de febrero de 1919 José Gabriel, primer hijo de José María Olivo Martínez y de su esposa Eva Armand. Un poco más de un año después, el 7 de junio de 1920, nacería también en este domicilio Adolfo Antonio, segundo hijo de la pareja.

16.- (Puente Junín a Puente Nuevo): en 1925 los Olivo Armand se habían mudado a esta dirección, donde el 8 de febrero tuvieron a una niña a la que pusieron por nombre Eva Coínta, según consta en su partida de nacimiento del registro civil de la parroquia de San Juan. La niña fue bautizada al año siguiente, el 15 de agosto de 1926, en la iglesia de los Capuchinos.

El puente Junín, sobre la quebrada Caroata, hacia 1930
Aunque a la vista del plano de ubicación de los Olivo, podría quizás pensarse que la proximidad de unos y otros obedecía a sus vínculos familiares -y tal vez así era-, lo cierto es que podría haber explicaciones alternativas. Por ejemplo, teniendo en cuenta que durante el siglo XIX estas parroquias, junto con San José y La Pastora al norte y Catia al oeste, constituyeron el área de expansión de la ciudad es posible plantearse si la razón para que los Olivo de finales del siglo XIX se instalasen en una misma zona pudo haber sido básicamente económica: San Juan y Santa Teresa parecen haber sido las parroquias donde se estaban asentando las nuevas familias de lo que podría llamarse la "clase media", aunque el término tendría un valor relativo en una época de pobreza generalizada.

De hecho, si analizamos los lugares de residencia en Caracas de los "otros" Olivo, los descendientes de Domingo Oliva de Chacao, encontramos que también ellos vivieron mayoritariamente en las parroquias de San Juan y de Santa Teresa durante el último cuarto del siglo XIX, a pesar de no estar, en principio, emparentados con los descendientes de Juan Félix y Bernarda. Esto se puede apreciar a continuación, donde en el mismo plano mostrado anteriormente hemos indicado con pequeños círculos negros las ubicaciones de estos otros Olivo.

Plano de situación al cual se han añadido las residencias de los Olivo de Chacao y Maiquetía

También hemos visto en capítulos anteriores de este relato que el general Miguel Antonio Olivo, su mujer María Antonia Bazán, sus hijos y nietos residieron en la parroquia de San Juan entre aproximadamente 1881 y 1920. A eso hay que añadir que los descendientes de Juan Antonio Oliva, hijo de una esclava de El Hatillo llamada Catalina, todos los cuales cambiaron el apellido a Olivo, también se establecieron en esta parroquia, aunque en una fecha más tardía, probablemente hacia 1920.

En cualquier caso, a la vista del último plano mostrado, no parece descabellado suponer que durante la segunda mitad del siglo XIX y, especialmente, durante el último cuarto del siglo, debía ser relativamente fácil tropezarse con un Olivo por las calles de las parroquias de San Juan y Santa Teresa.

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El 5 de julio de 1955 contraían matrimonio en la iglesia de San Juan de Sahagún de Salamanca, Adolfo Olivo Rojas y María del Patrocinio Valverde Verdes Montenegro, mis padres. Adolfo era un estudiante de Derecho nacido en Caracas, Venezuela, en 1929 cuyos padres le habían enviado a estudiar a España en 1952 para ponerle fuera del alcance de la policía política del régimen dictatorial venezolano, que le buscaba por participar activamente en el movimiento opositor estudiantil.

Universidad de Salamanca
Nunca supe mucho de los Olivo de Caracas. Mi padre ignoraba casi todo sobre su abuelo Mateo Olivo, que murió mucho antes de nacer él. Así que tras el buen resultado conseguido con la investigación genealógica de mis linajes maternos -los Verdes Montenegro, los Valverde y los Sanz de Señera- era natural e inevitable dirigir la atención a mi enigmático linaje paterno.

No obstante, tras examinar sin éxito durante meses miles de registros de nacimiento, bautismo, matrimonio y defunción de Caracas y otras localidades decidí que debía adoptar un enfoque alternativo: identificar, a través de la genealogía, a los grupos familiares de personas de apellido de Olivo que vivieron en Caracas en la época de Mateo y con los que quizás pudiese haber estado de algún modo conectado. La idea inicial al emprender esa fase de la investigación, que ha culminado con el relato que tiene el lector ante sus ojos, era que ese tipo de contexto podía quizás proporcionar algún tipo de pistas en mi búsqueda de Mateo.

Adolfo Olivo Rojas y Mª del Patrocinio Valverde Verdes-Montenegro el día de su boda

No revelaré si he logrado ese objetivo, pero sí diré que la investigación me ha aportado muchas cosas que inicialmente no buscaba. A través del estudio de un linaje, el de los Olivo de Puerto Cabello, Caracas y Valencia me he paseado por más de un siglo de historia de Venezuela. He visto cómo acontecimientos que escapan al control de las personas comunes, como son las guerras -y en este caso una guerra concreta, la de Independencia- pueden hacer que al cabo de unas pocas generaciones distintas ramas de una misma familia, a pesar de compartir un apellido y un origen común, lleguen a no reconocerse mutuamente como parientes.

Me he topado con la dura realidad de la esclavitud y he comprobado cómo la propia Iglesia y sus párrocos no sólo eran ellos mismos propietarios de esclavos, sino que contribuían a sostener un auténtico apartheid al marcar a los individuos desde su nacimiento registrándolos en libros de bautismo separados para blancos, "pardos" y esclavos.

He comprendido, por tanto, el origen de esa obsesión por la raza que marcó a la sociedad colonial y que, de manera rara vez reconocida, sigue marcando a la sociedad venezolana de hoy.

He comprobado que las épocas pasan, las ciudades se transforman, las costumbres cambian, pero que los vínculos familiares, los pequeños escándalos, el dolor por la pérdida de los parientes, las pequeñas y grandes infidelidades y también a menudo las pequeñas y grandes lealtades se dan en todas las épocas y hacen que nuestros antepasados del siglo XIX nos resulten tremendamente próximos y familiares. En resumen, buscando a mi bisabuelo, me he encontrado con la historia de una saga, de una sociedad y de un país.

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Anexo 1: acerca de esta investigación

Esta investigación sobre los Olivo ha abarcado algo más de un siglo: desde finales del siglo XVIII hasta el primer cuarto del siglo XX, aproximadamente. Las fuentes utilizadas han consistido principalmente en los registros de las iglesias (bautismos, matrimonios, defunciones) y -a partir de 1873- de los libros del registro civil de las parroquias de Caracas y localidades próximas. También he investigado los registros de Puerto Cabello, tras quedar de manifiesto durante la investigación que los Olivos de esa ciudad y los de Caracas estaban relacionados. En algunos casos he recurrido además a los expedientes matrimoniales que instruía el Vicariato Apostólico para tramitar, entre otras cosas, dispensas de consanguineidad.

A partir del conjunto de estos registros, he podido hacer un mapa cronológico que conecta, y al mismo tiempo permite clasificar en grupos, a los numerosos Olivos que vivieron a lo largo del período investigados en Caracas y algunas otras localidades. Pero también he podido extraer alguna información complementaria. Por ejemplo, la identificación de los padrinos y testigos que intervenían en los diversos actos civiles y religiosos que jalonaron las existencias de las personas investigadas y de sus hijos, ha dado algunas pistas sobre las relaciones existentes entre personas y familias. Algo similar ocurre con las direcciones de residencia manifestadas en los actos ante el registro civil a partir de 1873, cuyo análisis ha mostrado que los diversos grupos familiares de apellido Olivo a menudo tendían a agruparse en las mismas parroquias de Caracas e incluso cambiar de parroquia de manera casi simultánea.


La idea original al escribir Una historia genealógica de los Olivo era la de explicar la genealogía de las familias de este apellido en la zona centro de Venezuela durante el siglo XIX y primer cuarto del XX ciñéndome a los registros genealógicos antes comentados. Pero poco a poco, al ir incorporando múltiples fuentes bibliográficas y artículos de hemeroteca me he ido adentrando en aspectos de las biografías de los personajes y de la historia de Venezuela no recogidas en los registros genealógicos: en sus rasgos personales, en sus hechos, en sus logros y fracasos. El relato pues, evoluciona poco a poco hacia una auténtica Historia de los Olivo.

Para todo genealogista, las historias orales transmitidas dentro de una familia son un arma de doble filo y, como mucho, un mero recurso auxiliar. A menudo son el punto de arranque de una investigación genealógica cuando no hay otra fuente disponible. También en ocasiones sirven para corroborar o entender el contexto de un dato extraído de una fuente documental. Pero también están llenas de trampas. A medida que esas historias se han ido transmitiendo también se han ido transformando. A veces porque el receptor no recuerda con precisión todos los detalles de la historia y a la hora de recrearla lo hace de manera inexacta; otras porque omite deliberadamente hechos que conforme a la moral de su época juzga vergonzosos; y en muchas ocasiones porque introduce pequeños adornos en un muy humano afán de mejorar y enriquecer la historia de sus antepasados. Por todos estos motivos, lo que se cuenta en Una historia genealógica de los Olivo es sólo lo que tiene soporte documental; y cuando no es así se indica.

Por último, una pequeña advertencia al lector. Encontrará que en los árboles genealógicos la mayoría de las personas aparecen con un único apellido. En ocasiones eso puede deberse a que se trata de hijos naturales no reconocidos por el padre; pero la mayoría de las veces es porque sencillamente el sistema de doble apellido (apellido del padre seguido por el apellido de la madre) no fue una práctica extendida -salvo entre miembros de la nobleza y las oligarquías- hasta que se estableció el registro civil a principio de los años 1870 en España y en Venezuela, país pionero de su establecimiento en Hispanoamérica.

Asimismo, se ha evitado añadir a las mujeres casadas el apellido del marido. Desde sus inicios, en la práctica registral de la iglesia católica en los vastos territorios de lengua española, la mujer conservaba siempre su apellido de soltera, costumbre que se ha mantenido en España hasta hoy, aunque sólo parcialmente en Venezuela, donde ya a mediados del siglo XIX se observa en los libros sacramentales de las parroquias que al apellido de soltera de las mujeres casadas y viudas a menudo se añade el del marido precedido de la partícula de. En ocasiones incluso se omite por completo el apellido de soltera de la mujer, lo cual es una causa de problemas a la hora de establecer la filiación de las personas. En Venezuela, esta práctica se extendería posteriormente a los libros del registro civil a partir de su constitución en 1873.

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Anexo 2: el origen del apellido

Esta investigación no se ha adentrado en la búsqueda del origen del apellido Olivo. ¿Es español? ¿italiano? ¿sefardí? No lo sé, pero sobre la base de mi experiencia investigando la genealogía de algunas familias españolas me atrevo a adelantar una hipótesis.

Creo que muy probablemente, en sus orígenes, Olivo era parte de un apellido compuesto formado por 1.) un patronímico castellano del tipo Hernández, Sánchez o Rodríguez; y 2.) un segundo elemento identificativo: del Olivode los Olivosde la Oliva, etc. Durante los siglos XVI y XVII era habitual emplear esta especie de mote o sobrenombre que se añadía al apellido principal para hacer posible, o al menos más efectiva, la identificación de los individuos. Por ejemplo, en las localidades castellanas del partido de Arenas de San Pedro, a finales del siglo XVI, nos encontramos que apellidos particularmente frecuentes como Martín(ez) o Sánchez se acompañaban de sobrenombres de tipo locativo (de la Fuente, de los Naranjos), basados en un rasgo físico (Moreno) o incluso consistentes en un segundo patronímico (de Pedro, de Antonio, etc.).

Así, tenemos: Martín de la Iglesia, Martín Vadillo, Martín del Vallejo, Martín de Miguel, Martín de Diego, Sánchez de la Fuente, Sánchez Prado, González de los Naranjos, González Retamal, Hernández Valverde, Hernández Moreno, etc. Al adentrarnos en los siglos XVIII y XIX, muchos de estos apellidos se simplifican omitiéndose la primera parte. Por ejemplo, Martín Vadillo se transforma en Vadillo y Martín del Vallejo en Vallejo. Este fenómeno afectó a mi propio apellido materno. La evidencia documental demuestra sin ningún género de duda que a finales del siglo XVI el apellido familiar en la localidad castellana de donde es oriunda mi familia era Hernández Valverde (hijo de Hernando, el del lugar de Valverde o Valle Verde), pero que a mediados del siglo XIX, en tiempos de mi tatarabuelo Feliciano, siguiendo una tendencia general de la época, el apellido se simplificó a Valverde.


Hemos encontrado algunas evidencias preliminares en apoyo de esta tesis en lo que se refiere al apellido Olivo. En los libros de blancos de la Catedral de Caracas, entre 1723 y 1744 aparecen una serie de partidas de bautismo de los hijos de dos caballeros llamados Joseph y Matheo Hernández Oliva o Hernández de la Oliva. El apellido no era la suma de un apellido paterno y uno materno, costumbre que no existía aún en esa época, sino un único apellido que, en principio, se transmitía a los hijos. Cabe la posibilidad de que, de continuar investigando la descendencia de estas dos familias nos encontrásemos que, tras un proceso de simplificación como el comentado antes, el apellido hubiese acabado convertido en Oliva o quizás en Olivo. De hecho, no es descartable, aunque no lo hemos investigado aún, que las familias blancas de apellido Oliva de El Hatillo y Chacao, de las que hemos hablado, pertenezcan a este mismo linaje.

Es posible que para contrastar nuestra hipótesis además de investigar a los descendientes de los Hernández Oliva de Caracas tuviésemos también que remontarnos hacia atrás en el tiempo para estudiar la evolución de los apellidos Oliva y Olivo en su lugar de origen en Europa antes de que fueran traídos a América por colonos, conquistadores y viajeros.  La investigación tendría que hacerse a partir del siglo XVI, que es cuando se extiende la práctica de asentar los bautismos en los libros sacramentales y se dispone, por tanto, de mejores registros genealógicos.

Pero ¿cuál es ese lugar de origen? Seguramente un apellido como Olivo, basado en el nombre de un cultivo de transcendencia histórica y comercial en toda la zona del Mediterráneo desde tiempos antiguos, ha surgido simultáneamente en varias zonas de cultura latina (Castilla, Cataluña, Portugal, Italia) sin que ello implique ninguna conexión genética entre los que lo usan. En el caso de los Olivo caraqueños, es posible que el origen del apellido sea canario. De momento contamos con un par de indicios: 1.) el primer Olivo "caraqueño" que se ha podido documentar en esta investigación es don Joseph Olivo y Salas, caballero natural de Santa Cruz de Tenerife que contrajo matrimonio en 1741 en la catedral de Caracas; y 2.) en el último tercio del siglo XIX, cuando aumenta la presencia de residentes de origen extranjero en Caracas, también aparecen en los libros sacramentales, y en los registros civiles de las parroquias metropolitanas, familias canarias con el apellido Olivo.


Si las islas Canarias fueron a finales del XIX una fuente de personas de este apellido, quizás también lo hubiesen sido en el siglo XVIII, cuando de momento se sitúa el origen de los linajes Olivo investigados en este trabajo. Pero también ésta es una conjetura que habrá que investigar más, en particular intentando localizar las partidas de bautismo de don Juan Félix Olivo y de su padre, don Martín Nicolás Olivo para, a partir de ahí, continuar ascendiendo en el árbol genealógico de esta familia hasta la llegada del primer Olivo a la antigua provincia de Venezuela.

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Fuentes

Las fuentes principales de la investigación genealógica en la que se ha apoyado la mayor parte de este trabajo han sido, por una parte, los denominados libros sacramentales (libros donde los párrocos asientan los bautismos, matrimonios y defunciones de sus feligreses) de las parroquias de Caracas, Valencia, Puerto Cabello y otras localidades; y, por otra, los libros de registro civil de las parroquias de Caracas y, en mucha menor medida, Valencia. Los registros civiles están disponibles en la mayoría de los casos desde 1873, fecha en la que se constituyó el registro civil en Venezuela, y a menudo proporcionan datos que no se encuentran en los registros parroquiales eclesiásticos, tales como dirección donde se produjo el hecho comunicado, testigos presentes en la celebración del matrimonio civil, causa de la defunción, etc.


Otra fuente de información muy valiosa han sido los expedientes matrimoniales que solía instruir el Vicariato Apostólico de Caracas con el objeto de acreditar la soltería y capacidad de los contrayentes, tramitar solicitudes de dispensa de proclamas y de consanguineidad e incluso proceder a la legitimación de hijos habidos fuera del matrimonio. El problema principal con esta fuente es que contiene un volumen impresionante de expedientes mal clasificados que cubren un período de más de un siglo, y la búsqueda entre ellos de la documentación que nos interesa se convierte casi literalmente en la búsqueda de una aguja en un pajar. No obstante, en nuestra investigación hemos podido localizar en esta fuente un par de expedientes que ha sido clave para el apartado titulado El asunto Lázaro e incluso para completar la genealogía de los primeros Olivo.

En unos pocos casos, nuestros registros genealógicos para esta investigación han procedido de lápidas de sepulturas. En este sentido debo agradecer la colaboración de Luis Esteban Olivo Chacín, quien ha proporcionado estas y otras fuentes para el capítulo dedicado a los Olivo Vautrin de Valencia.

Para situar los datos extraídos de las fuentes anteriores en un contexto histórico que permitiera su mejor comprensión, se han empleado además las siguientes referencias, para la localización de algunas de las cuales he contado con la ayuda de Eduardo Olivo, de la Universidad de Michigan:

[1] Vergara, Ana Johana, “Los vínculos entre la provincia de Caracas y la isla caribeña de San Thomas durante las guerras de independencia (1808-1821)” en Anuario de Estudios Bolivarianos, año XVI, número 17, 2010, pp 169 y sgtes.

[2] Blanco, José Félix, "Continuación de la campaña del ejército libertador en 1814", inicialmente parte de una serie de artículos colectivamente titulados Bosquejo histórico de la revolución de Venezuela, publicados en el diario La Bandera Nacional (Caracas, 1838-1839) y luego en José Félix Blanco y Ramón Azpurua, Documentos para la vida pública del Libertador, vol.5 (originalmente publicado en Caracas: Imprenta de la "Opinión Nacional", 1875), Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1978, pp. 34 y siguientes.

[3] Michelena, Vicente, Vicente Michelena, alcalde ordinario del cantón de Puerto Cabello, a sus conciudadanos. Caracas. Imprenta de Valentín Espinal, 1824, pp.18 y siguientes

[4] Pacheco Troconis, José, El añil: historia de un cultivo olvidado en Venezuela, tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, año 2000.

[5] "Representación de la Municipalidad de Puerto Cabello, de 13 de marzo de 1828, ante la Gran Convención de Ocaña" en Mendoza, Cristóbal y Yánez, Francisco Javier Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar, tomo XIII, Imprenta de G.F. Devisme, Caracas, 1828, páginas 142-154.

[6] "Rectificación del pronunciamiento del pueblo de Puerto Cabello, de 17 de noviembre de 1829" en Mendoza, Cristóbal  y Yánez, Francisco Javier, Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar, tomo XXI, Imprenta de G.F. Devisme, Caracas, 1830, páginas 174-182.

[7] González Guinán, Francisco. Reminiscencias históricas de Venezuela, 2ª edición, Caracas, Litografía y Tipografía del Comercio, páginas 263-276.

[8] "Representación de los padres de familia y propietarios de Valencia, de 8 de marzo de 1828, ante la Gran Convención de Ocaña" en Mendoza, Cristóbal y Yánez, Francisco Javier, Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar, tomo XIII, Imprenta de G.F. Devisme, Caracas, 1828, páginas 56-58.

[9] Cárdenas Lares, Carlos, ¡Play Ball! Vida y anécdotas de Roberto "Tarzán" Olivo, Caracas, Fondo Editorial Cárdenas Lares, 1991.

[10] Blanco, Andrés Eloy, Obras Completas, tomo III (Discursos), Ediciones del Congreso de la República, 1973, páginas 37 a 41.

[11] Arévalo González Rafael, Una vida rotunda, Producciones A 4 MANOS.

[12] Blanco, Andrés Eloy, Obras Completas, tomo III (Discursos), Ediciones del Congreso de la República, 1973, página 42.

[13] AAVV, "General José Félix Mora", Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Polar, Caracas, 1988.

[14] Gallegos, Manuel M. Apuntes genealógicos sobre las familias de Maracay. Caracas, Imprenta Nacional, 1919, páginas 25 y 26.

[15] Landaeta Rosales, Manuel (Gral.), Gobiernos de Venezuela desde 1810 hasta 1905, Caracas, Tipografía Herrera Irigoyen, 1905, página 70.

[16] Uslar Pietri, Arturo, Cuéntame a Venezuela, Editorial Lisbona, 1981, página 253.

[17] Molina, Luis Enrique, "Arqueología de un suburbio de Caracas, Venezuela" en Anales del Museo de América 18 (2010), pp 124-147

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5 comments:

  1. Excelente investigación, muchas gracias por compartirla y ayudarnos a entender mejor nuestro origen.

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  2. Sencillamente, espectacular!! Gracias por todo el trabajo

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    1. Muchas gracias a ti por leerlo y por dejar un comentario! Tengo que arreglar los enlaces incluidos en el índice que al parecer no funcionan.

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