Monday, February 5, 2018

Una historia genealógica de los Olivo (3a edición)

Caracas, con la basílica de Sta.Teresa y el Teatro Municipal al fondo

Prefacio

A principios de julio de 1814, tras un rosario de derrotas de los rebeldes independentistas frente a las tropas leales al rey de España, lideradas por un caudillo asturiano llamado José Tomas Boves, la  Segunda República de Venezuela estaba a punto de caer.

Los habitantes de Caracas, aterrados ante la inminente entrada en la ciudad del feroz caudillo, emprendieron el día 7 de julio una desesperada huida a pie hacia la ciudad de Barcelona, situada en la zona oriental de la provincia. De los aproximadamente veinte mil caraqueños que se calcula que marcharon, solo sobrevivirían unos nueve mil [1]. Los demás fueron diezmados por las tropas de Boves y su segundo Francisco Tomás Morales o bien sucumbieron ante las penurias del camino.

Algunos, sin embargo, fueron relativamente más afortunados, pues pudieron huir por mar a diversas islas del Caribe, entre ellas Trinidad, Jamaica y la isla danesa de Saint Thomas, situada a cinco días de navegación desde el puerto de La Guaira y en ese momento bajo control británico. En efecto, el mismo día 7 de julio, al menos ochocientas personas, en su mayoría mujeres y niños, lograron embarcar hacia Saint Thomas prácticamente con lo puesto [1].

Vista del puerto de Charlotte Amalie por Carl Bille
Con esta isla, había existido durante décadas un importante tráfico comercial desde Puerto Cabello y La Guaira que las autoridades españolas a veces toleraron y otras persiguieron, pero nunca pudieron impedir. Hay constancia de que “Puerto Cabello y La Guaira, para el momento en que se instauró la Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII en 1810, estaba inundada de barcos ingleses provenientes de San Thomas” [1]. Su capital Charlotte Amalie, por su condición de puerto libre y centro de un intenso tráfico naviero, donde confluían y vivían en armonía ciudadanos holandeses, irlandeses, alemanes y franceses de todas las religiones, fue un refugio relativamente seguro para muchos venezolanos exiliados durante los años más duros de la guerra que se libraba en la provincia de Venezuela. La mayoría de estos exiliados salvaron la vida, pero poco más. Según las memorias de un anónimo legionario británico que se encontraba en la isla en 1816 [1]:

“…La isla de San Thomas brindó asilo a numerosas familias, refugiados de las costas españolas en el Caribe; una parte de la ciudad está exclusivamente ocupada por estos infortunados, muchos quienes han escapado con su mera existencia; su miseria fue de hecho extrema…”

Entre los exiliados venezolanos se encontraban los hermanos José Bernardo y Lázaro Olivo, naturales de Puerto Cabello. De ellos, de sus otros hermanos y de sus descendientes trata principalmente este relato.